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Selecciones Ferenczianas Pre-Analíticas

 

ESCRITO 14 - EL AMOR EN LA CIENCIA*

 

Sandor Ferenzi (1901a). (Traducción: Equipo Indepsi - Biopsique).

 

En los escritos científicos que tratan la vida psíquica y física del hombre, no está verdaderamente consagrado el amor. Las obras científicas hasta ahora, simplemente han escamoteado la más profunda pasión del hombre ya sea por falso pudor, o en razón del materialismo ciego.

En revancha, las artes, la historia, los artículos y planas judiciales de los diarios, las comedias y las tragedias de la vida cotidiana, prueban mejor que muchos discursos, que es vano explicar la atracción entre hombres y mujeres refiriéndose solo a la noción de voluptuosidad(1).

Fuera de toda idea de lascivia, el amor es una potencia psíquica cuya acción creadora o destructiva conduce al hombre y a la especie humana entera al culmen de sus capacidades de acción.

La influencia nefasta de los prejuicios existentes al respecto está ilustrada con claridad por el hecho de que Möbius, ese “francotirador”(2) de la neurología, constató esto: absolutamente nada, relevante de una psicología científica del amor(3) ha sido escrito hasta ahora.

Vemos, por el contrario, proliferar aquí y allá, cantidades de obras de “psicopatología sexual(4)” cuyo único deseo es excitar los nervios lascivos. Al término de su décimo o veintavo tiraje, estas obras continúan enseñando todas las perversiones(5) posibles, realizables o no.

Estas pretendidas obras de “psicología” o de “psicopatología” se refieren, en efecto, raramente a la psicología de amor “normal"(6).

Consagran al respecto ínfimos capítulos, al punto que el conjunto se resume en dos palabras: pubertad y años climatéricos(7).

Las únicas fuentes verdaderas de la psicología del amor son actualmente la poesía y la literatura. En el fondo, el poeta lírico es, por él mismo, un auténtico psicólogo(8): libera en el lector las corrientes que atraviesan su alma, despertando y suscitando en su espíritu miles de emociones parecidas a las suyas.

El trabajo personal del romancero constituye de esta forma una verdadera investigación científica en la medida en que no sólo sus sentimientos es lo que examina bajo su escalpelo sino también aquellos de sus semejantes. A menudo, evita la simple observación de los hechos y debe recurrir a verdaderos métodos experimentales(9). Procede de esta forma cuando imagina sus héroes; los coloca en situaciones complejas, observa atentamente sus reacciones, reflexiona sobre la manera en que él “debe” hacerlos reaccionar en tales condiciones, en función de su carácter, de sus singularidades, innatas o adquiridas bajo la influencia de las circunstancias exteriores dadas.

En el curso de los siglos pasados y hasta nuestros días, el único tema de los romances ha sido el amor.

Sólo recientemente los romanceros han propuesto al público temas políticos, científicos, económicos, sin demasiado éxito por cierto. Los grandes romanceros temen desde este punto de vista que las obras futuras sean ilegibles, tendenciosas, didácticas y que a causa de ello nadie quiera leerlos. Esto porque, con mayor o menor habilidad, ellos ponen en el corazón de los sujetos más austeros la indispensable historia de amor(10) que capta al lector y asegura, durante un tiempo al menos, su interés.

En efecto, gracias a su sensibilidad y clarividencia, el público(11) siente que puede aprender y sabe de quien puede aprender de este tema. Si el quiere “saber” cualquier cosa, se dirigirá al sabio. El no espera ni acepta del romancero sino solo páginas consagradas al eterno sujeto cuyo tema sin embargo se renueva sin cesar: el amor.

Si un autor se tentara de escribir un gran libro utilizando científicamente a la psicología del amor, sin lugar a duda se inspiraría en los textos de Maupassant o en las “estrofas” de Heine más que en los escritos teóricos voluminosos y desechados de la psicología.(12).

La poesía, hecha en efecto de una mezcla de estados del alma y observaciones precisas, espera desde hace siglos que el intelectual diferencie lo universal de lo particular, lo normal de lo patológico. Ya que el amor es una suerte de “zona fronteriza”(13) entre el estado malsano y el estado normal del alma humana. Ciertamente, no se trata de considerar el amor como un fenómeno puramente patológico ya que es una parte importante de la función más natural del hombre: la perpetuación de la especie(14).

Pero el amor suele modificar y en una gran medida, toda la organización psíquica del hombre. Su eclosión, sus desarrollos, evocan sin duda, ciertas manifestaciones de la psicosis maníaco-depresiva(15).

Para la personas con nervios sensibles, el amor constituye un peligro tal que es necesario que los médicos se ocupen seriamente de lo que es conveniente llamar “psicosis del amor”.

El amor, situado entre los límites de lo normal y de lo patológico, es parecido al proceso de alumbramiento que, a pesar de sus aspectos netamente fisiológicos, no está psíquicamente separado sino por un pelito del estado propiamente “enfermo”, razón por la cual el amor también puede ser objeto de estudio médico.

Si, gracias a la ciencias, un médico trabajara este terreno cultivado hasta ahora solamente por los romanceros, tendríamos más provecho que el de los ensayos realizados por los romanceros contemporáneos en el campo de la medicina. Los que, en efecto, se especializan en literatura pura, muy a menudo toman personajes “degenerados” y “paralíticos” de las piezas de Ibsen, por ejemplo, por fantasmogorías(16) totalmente desprovistas de realidad.

De esta forma, los poetas se dirigen solamente al inventario de los sentimientos, de las ideas, de los acontecimientos donde la inteligencia revela en efecto, el dominio de la psicología del amor.

Los que se pretenden “científicos” suelen ser presuntuosos y aburridos.

Los ensayos de Paul Bourget(17) y de su Escuela son un buen ejemplo. Este escritor se interesa en el amor desde un punto de vista esencialmente científico. Es posible que un espíritu providencial como el suyo llegue de alguna forma a clasificar todos los “síntomas” del amor de una forma enteramente nueva. Pero también es probable, en materia de estudio de las modificaciones patológicas del alma, que siga los trazos de sus predecesores.

No es sencillo imaginar el cuadro sintomatológico completo del saber acerca del amor: basta observar al amante tanto en el plano de los sentimientos que él aprueba, como a nivel de sus pensamientos, de su voluntad, de su comportamiento... Sin duda descubriremos en este sujeto cosas sorprendentes. En primer lugar, la transformación de las sensaciones es lo más sorprendente. El amor puede hasta suscitar alucinaciones e ilusiones de toda clase en una persona cuyo sistema nervioso habitualmente está perfectamente equilibrado.

“El mundo entero aparece al enamorado con otros colores”, decimos a veces. Cuando el amante está feliz, todo le parece vivo, sonriente, luminoso. Y ¿ Cuando está triste? El cielo se oscurece, la tierra parece desierta, los árboles inundan el sol con sus lágrimas.

Preso de su pasión, el enamorado no siente más que armonía y perfección; es ciego a todo defecto físico, a todo error intelectual o moral de la persona amada. Sus besos les parecen frutos, “azucares”, su pelo “perfumado”, su voz es una sinfonía, sus manos tienen la suavidad de la seda...

Entre los procesos psíquicos complejos que se juegan, las emociones(18) tienen un rol capital. Tomemos el caso de la involucración con la persona amada. Este nexo engendra el bienestar, la felicidad, ven el éxtasis en la cercanía del amado(a) y la tortura cuando él (ella) se aleja. Cuando surgen los celos, absolutamente contemporáneos de este vínculo, manifiesta sus exigencias de forma imperiosa y violenta. Si los celos explotan de una manera brusca y reticente, disminuye todo sentimiento de ternura. Los celos pueden preceder el vínculo amoroso: pueden también sobrevivirlo.

En el amor, las alteraciones propiamente patológicas del humor caracterizan el estado del alma: se produce muy a menudo un ir y venir(19) entre la exaltación irracional y el abatimiento mórbido. “El humor de los amantes” se difunde, entre otro, de uno a otro y se propaga como una verdadera epidemia.

De esta forma, los casos de suicidios de a dos: se realizan muy a menudo sin ningún motivo preciso.

Sin hablar verdaderamente de “locura de a dos”, se puede pensar que una alteración patológica del carácter se halla producido violentamente induciendo tal disposición de espíritu.

En lo que concierne a las funciones psíquicas mayores, se puede decir que el amor favorece las facultades imaginativas muchas veces a expensas de la razón. Los fantasmas(20) se experimentan aquí y allá sin gran obstáculo, las asociaciones(21) no se ven limitadas por una conciencia esquiva y pesada, razón por la que personas muy simples se ponen ellos mismos a transformarse en poetas.

El amor tiene el poder de elevar el espíritu del artista, de llevarlo a su punto culminante: lo que los franceses llaman el “gran amor”, “la gran pasión”(22). Las facultades de juicio, por el contrario, pierden más o menos en lucidez. En el encadenamiento causal de los pensamientos, no es raro que falte un eslabón.

En tales circunstancias, las conclusiones y los juicios no son evidentemente muy dignos de confianza.

Todo el pensamiento es menudo absorbido por la imagen de la persona amada, imagen que, claro está, se impone con un increíble énfasis y ocupa rápidamente el primer plano en la vía del espíritu. De allí, a menudo, un cierto “mono-ideismo”(23) del quien nadie se puede librar.

Sobre el plano psicológico, la pasión amorosa es una valla, un impedimento a las investiduras de las cosas abstractas. Un poeta o un artista obtiene gran partido de un amor rico en emociones y en pasiones; otro es el caso del matemático que, en estado de amor, se sentirá seriamente bloqueado en su actividad de investigador.

Grandes cambios pueden ser observados a nivel de los gestos, del comportamiento, yendo de la apatía a la destrucción furiosa, hasta el asesinato. Muchos grados intermediarios existen entre estos dos extremos al punto que se debería poder elaborar una psicopatología de la vida amorosa.

Los médicos legistas, ellos mismos, podrían entonces beneficiarse de los descubrimientos en la psicología del amor. Si ellos reconociesen la existencia de ciertas alteraciones como tales, tendrían derecho de pronunciarse, en la ocasión, en sentido de una “responsabilidad limitada” como se hace para el caso de los alcohólicos por ejemplo. En efecto, desde el punto de vista de las responsabilidades, el amante está tan perturbado como el ebrio lo está por el alcohol. El veneno responsable de la alteración de las diferentes facultades y más potente que el alcohol se llama amor.

Si deseáramos abordar el problema desde el punto de vista clínico, nos faltaría día para hablar de cada estado en particular. De la observación, podremos sin lugar a dudas en el futuro, extraer y luego clasificar algunos “tipos psicológicos” que, más allá de las diferencias aparentes, presentan rasgos comunes. De hecho conocemos algunos.

El amor en los hombres es a menudo sinónimo de potencia, y para las mujeres de sumisión. Existen amores plenos, amores desdichados, amores “comprendidos”, incomprendidos. Todas estas variaciones se expresan en un mismo proceso de gran pasión.

Sería, además, muy interesante saber si la inteligencia y las fuerzas morales tienen una influencia inhibitoria o no sobre las manifestaciones del amor, y de tenerlas, de qué manera.

El nacimiento y las circunstancias de evolución del proceso amoroso sería objeto de un capítulo particular. Sería una ocasión de aprender muchas cosas acerca de la naturaleza de esta fuerza misteriosa(24) que atraviesa dos almas tal como “el rayo” o la “avalancha ciega que se lleva todo(25) ”.

El capítulo consagrado al término de los amores no sería menos interesante. Podríamos encarar métodos de tratamiento. El amor, cuando se transforma en pasión extinguida, sería objeto de una autopsia, descompuesto en sus elementos constitutivos.

Así podríamos estudiar con precisión lo que los poetas llaman lasitud, decepción, olvido.

En el hombre normal(26), las antiguas tempestades se concluyen muchas veces sin gran escándalo. Pero también sucede que sea víctima de los trastornos de su alma.

Por poco que un amante sea afectado por un problema cualquiera, sería, más que ningún otro, amenazado, obsesionado por el espectro a la locura, de la decadencia, del alcoholismo.

Ya que el amor tiene una influencia sideral en todos los procesos del organismo. La aceleración de los procesos psíquicos produce una cantidad considerable de energía que el organismo utiliza para sí mismo.

El impacto puede manifestarse como una extraña palidez, por un adelgazamiento rápido.

El amor baja las defensas del organismo, deja ejercer la influencia mórbida de emociones parásitas y puede así mismo agravar una afección existente ya.

No es simplemente una manera de hablar cuando el romancero dice de su héroe que declina y parece al punto que va a morir rápidamente ...que el amor lo ha conducido a la tumba... Si el amor algún día deviene objeto de diagnóstico, habría que reflexionar sobre los modos de tratamiento también. En los romances, no encontré, además del matrimonio, más que dos recetas: la primera es la huida, un viaje por ejemplo, la segunda, el silencio del claustro.

En medicina, y de un modo más prosaico, se podría hablar de climatoterapia en un instituto de tratamiento psicológico. Este panorama siendo visualizado, podemos constatar cuantos son de numerosos los objetos pasionales y fecundos, susceptibles de ser sometidos a un estudio psicológico profundo así como a un minucioso trabajo de síntesis.

Pero quizás sería inútil que las generaciones futuras tengan conocimiento de los factores en juego en el proceso psíquico del amor: no es seguro que llegue, en definitiva, a comprender de lo que se trata realmente.

Los materialistas sostendrán siempre la idea según la cual el amor no es sino una función(27) particular de las células cerebrales, que la felicidad que se deriva de él no es sino un señuelo y que detrás de esta apariencia, el único objetivo de la naturaleza es la perpetuación de la especie humana.

Los idealistas continuarán disertando acerca de amores puramente espirituales(28). En fin, los escépticos confesarán con vergüenza que no han avanzado sino muy poco en la elucidación y el conocimiento de este problema fundamental de la existencia.

Y la humanidad entera, dejando las sabias discusiones filosóficas y teóricas, continuará en vivir y, tanto como ella viva... en amar.

 

Notas:

* “A szerelem a tudomànyban”, en Gyógyászat, 1901, Nº 12.

1 . En el sentido de concupiscencia, lubricidad, lascivia: A. Kéjérzet. NDT.

2 . Francotirador, en francés en el texto húngaro. NDT.

3 . A szerelem tudományos Psychológiája. NDT.

4 . Szexuális psychopathológia. NDT.

5 . Perverzitás. NDT.

6 . A normàlis szerelem, en italiano en el texto original. NDT.

7 . 7 . Pubertás és Klimakterium. Ferenczi utiliza una designación antigua de climaterio que recuerda el mito cabalístico de cifras 7 y 9. Los años climatéricos, significan las épocas difíciles de atravesar, son los años de la vida donde la cifra es múltiplo de 7 según algunos, de 9 según otros. Los principales años climatéricos serían 49 (7x7), 81 (9x9) y sobre todo el año 63, producto de los 2 números cabalísticos 7 y 9. NDT.

8 . Psychológus. NDT.

9 . Methodus. NDT.

10 .Szerelmi históriát: NDT.

11 . A publikum. NDT.

12 . Entre 1880 y 1890, Guy de Maupassant había publicado numerosos cuentos y novelas (Mademoiselle Fifi, Les soeurs Rondoli, Le Horla, la petite Roque...) de los que Ferenczi tenía conocimiento. Es decir que Maupassant evolucionó sus influencia de Paul Bourget y de Marie Baskirstseff, y se tornó más y más versado en sujetos de psicología refinada. Claude Lorin.

13 . Hatàrterület: zona, región fronteriza. NDT.

14 . Confusión clásica de la época entre la función gestadora y la función erótica del amor: A fajfenntartàs es análoga al instinto de auto-preservación darwiniano. NDT.

15 . Depressiv és exaltativ Psychosis: Ferenczi adopta la terminología propuesta por Emil Kraepelin, dos años antes (1899). Este reagrupa todas las psicosis descritas anteriormente bajo el nombre de intermitentes, circulares, periódicas, con doble forma, y propone los rangos en el cuadro de la locura maniaco-depresiva que él considera como una psicosis endógena. NDT.

16 . Phantasmagória. NDT.

17 . Ferenczi tenía conocimiento de Ensayos de psicología contemporánea del escritor francés. Paul Bourget tiene, en efecto, sobre todo estudios de escritores de su tiempo que encarnan las diversas formas de pesimismo moderno. Sus romances son análisis psicológicos. Recordemos simplemente Aquel enigma (1885), Un crimen de amor (1886), André Cornélis (1887), Un corazón de mujer (1890), Un idilio trágico (1896), Complicaciones sentimentales (1898). NDT.

18 . Az Indulat: emoción, pasión, afecto. NDT.

19 . Vonzódás tiene también el sentido dinámico de atractivo, atracción. NDT.

20 . A Phantasia. NDT.

21 . Az asszociáció. NDT.

22 . Las dos expresiones están en francés en el texto húngaro. NDT.

23 . Mono-idéizmus. Hoy se diría, idea fija u obsesión ideativa. NDT.

24 . Szinte mystikus eröröl: el término exacto sería “fuerza mística”. NDT.

25 . Juego de palabras en húngaro por asonancia entre mint a villám y mint a lavina, la “foudre” y “l’avalanche”. NDT.

26 . Normàlis ember. NDT.

27 . Funkctió. NDT.

28 . Sympátia. NDT.

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