Judith Dupont
"Mientras tanto es bueno estudiar los descubrimientos de otro, de una forma tal que nos devele las fuentes de su invención, y de que las podamos hacer propias de alguna manera.”
Leibniz, Die Philosophischen Schriften, ed. Gerhardt, t. III, p. 568
Publicar los trabajos relacionados con la correspondencia privada de tal o cual personaje importante de la historia, de la filosofía, de las artes, las letras o de las ciencias, reporta siempre –a menos que entre los personajes estudiados hayan siglos de separación– un gran número de dificultades y algunos prejuicios, unos previsibles y otros imprevisibles.
Así y todo parece que ni siquiera los siglos son capaces de minimizar todos los obstáculos, ahí donde por ejemplo, el millón de conservadas cartas escritas para el rey Louis XI, jamás se han explorado, ni menos han sido leídas a excepción de dos contemporáneos Paul Murray Kendall y, hasta donde yo sé, ni siquiera están publicadas todas. Pienso que leer la correspondencia privada de cualquiera exige del lector un esfuerzo bastante grande, un giro interior hacia el autor, y lograr cierto interés, simpatía, empatía, e incluso identificación, además de respeto humano. Pero no es fácil movilizarse en medio de tales sentimientos; es más fácil expresar los juicios. El hecho de que a la publicación de todas las correspondencias privadas siempre precedan negociaciones largas y laboriosas con las familias de los autores y de los destinatarios, de que estos a veces solo autorizan una publicación incompleta, y de que algunas de ellas también sigan incompletas, aumentan las complicaciones. Por ello, es bueno admitir cuales son estas.
La razón más inmediata es la discreción: el que no se pueda divulgar información ni comunicar confidencialmente a una persona x, en un momento dado, algo que pudiera generar, o acarrear algún problema, sin autorización expresa de las personas involucradas, ni de sus descendientes. Esto parece una razón conveniente y razonable. Aquí la pregunta es la siguiente: ¿debe abstenerse de toda revelación que pudiera causarle daño a la imagen de la familia, amigos o discípulos de alguien, confundiendo o desviando a quienes se esfuerzan por comprender y trabajar con tales descubrimientos? ¿Al permitir dicha interferencia en esta vía que conduce a "las fuentes de la invención", no hay una suerte de falsificación de la obra vital en vías a proteger las memorias? En el Nº 1 de "Apuntes del Psicoanálisis", Charles Baudouin cita estas palabras de Freud: "... el destino de una obra no está en ella misma, está en las manos de quienes la portan y la promueven. ¿Adónde la llevará?" Al alterar –aunque sea por las mejores razones del mundo– un dato existente entre un hombre y su obra, ¿no se comete una especie de desvío sobre una herencia adjudicada que le pertenece a toda la humanidad? Este simple argumento hace evidente ciertas implicancias sobre la discreción, como forma de resolver este problema. Invoco este argumento en referencia a la correspondencia –siempre inédita– entre Freud y Ferenczi, aunque tales juicios se apliquen a muchos otros legítimos casos. Así es como Mathe Robert alude al tema en su prefacio al volumen de la Correspondencia entre Freud y Arnold Zweig, duramente expurgado por sus dos hijos Adam Zweig y Ernest Freud: "Aquí, como siempre, el objeto de escándalo es evidentemente el análisis –el análisis no tan cierto en tanto que fue incorporado después a la cultura, como experiencia personal, y con todo lo que ella pone en peligro en términos de su conveniencia y sus prejuicios."
Pero una correspondencia no aporta solo revelaciones y esclarecimientos. También pone en evidencia problemas nuevos, o nuevas fuentes de error. Una carta implica una relación entre dos personas, en un momento específico y con circunstancias precisas. No tiene más sentido que en su contexto. Mas parte de ese sentido alcanzará a un lector distinto del destinatario y acarreará consigo inevitablemente errores e interpretaciones, una cierta desviación del sentido, ya sea de parte del lector o de quien lo comente.
De igual modo, toda suerte de selección realizada sobre las cartas, o los pasajes a publicar, introduce igualmente una falsificación: pues ella será efectuada necesariamente en función de los deseos, reticencias, o inhibiciones de la ética personal de quien selecciona. Por ello es mejor para que la selección resulte sin dañar el espíritu del mensaje del autor, tener la sincera disposición de intentar evitar que comentarios maliciosos, superficiales u odiosos que salgan de tal o cual frase o fragmento, y no utilizarlos para poner en sospecha al autor o la obra entera.
Naturalmente, mientras más cercana sean las personas, la obra es más actual y emocionante, pero las reticencias serán más fuertes e incomprensibles. Pero en el presente caso, la situación es bastante más simple de lo que parece: podemos sostener que las opiniones de distintas personas no le proporcionan a la obra una fuerza dinámica, ni que ella se puede dejar totalmente a merced de sus herederos discípulos, sucesores, comentaristas y quienes la usen, sino más bien que debemos servir a la obra, y así mismo darle finalmente la reputación que se merece y a la que esta destinada. Tal argumento podría oponerse a los que estiman que es mejor dejar que las pasiones se apacigüen y que la distancia histórica llegue: pero ello ¿no será equivalente a quitarle toda la carga dinámica a una obra? Podemos pensar en el destino de Daunier, un hombre agonizante que escribió el comentario que le hizo su carcelero al salir de prisión: "¡He aquí, ahora que ya estas libre, ya no eres peligroso!".
Pareciera que siempre habrá un momento de complicación en el "paso a la posteridad", que sugiere que un ser humano pasa a ser un personaje histórico. Es lo que en literatura se llama "purgatorio". En el curso de esta transmutación, el autor, en su calidad de humano, es invitado al silencio, a la discreción, por quien asume el trabajo de elaboración de aquello que llegará a la nueva generación, la que consumirá sagas y héroes, tanto como esos nietos que tendrán sus propios dolores y estados de ánimos. No sería extraño que a la muerte de estos amigos y personajes venerables, quienes les reservan un lugar en su Panteón personal, sientan una especie de liberación: los conflictos y los problemas ya pasaron, se reducen los impactos, y todas las cargas irritantes ya no perturban su amor.
A media que pasan los siglos, las cosas van cambiando. Aunque las obras de los grandes hombres de antes, los filósofos, poetas, sabios, etc...., nos puedan mover y marcar profundamente como personas, ellos ya no son una situación de nuestro tiempo. A muchos los ignoraron, otros pusieron su sello en tal o cual cultura, pero eso no es más que fermento. Existen algunas excepciones: imaginemos que pudiéramos retroceder en el tiempo y ver publicadas las cartas íntimas de Jesús, es muy probable que eso originara nuevos problemas en un número de individuos y organizaciones. A Jesús se le envistió en el bien público, en un monumento protegido, de propiedad de todos, sería difícil admitir que viniera a imponerse con una personalidad propia y dejar en paz la tranquila alegría de esta propiedad pública.
Otros sentimientos, los más profundos, y las manifestaciones más íntimas hacia los muertos, pueden igualmente intervenir en determinar las actitudes de las personas. De hecho, los sentimientos que uno pone en venerar a los muertos se aminoran. Por una parte, uno los trata con afecto, con respeto y consideración. El cuerpo del objeto se vuelve rito y ceremonia, de elogios fúnebres, de respeto –por lo menos un cierto tiempo- a su última voluntad. Que descansen en paz, decimos.... y que nos dejen en paz. En todo caso, liberados de contingencias y pasiones de la vida, se les otorga también sagacidad y poder. Es decir, se les invoca voluntariamente o en ensayos se les hace hablar. Pero, mientras tanto que no se les ocurra manifestarse por iniciativa propia: ahí viene el pánico, el conjurar, exorcizar, y el reenviar rápidamente al espíritu recalcitrante a una muerte más discreta, más definitiva. No nos olvidemos que la muerte es un mal contagioso. Una manifestación muy humana de una muerte próxima, nos agita y nos pone en contacto con todas nuestras angustias mal manejadas.
Entendido estos factores respecto al legado de sus fundadores presentes en las actitudes de los grupos, no del todo científicos, el grupo psicoanalítico no constituye una excepción a esta regla. El que el psicoanálisis pase por, y con las pasiones, no genera ciertamente una atenuación de estos procesos.
Es más, en el caso del psicoanálisis, es otro elemento el que entra en juego para incitar a los grupos analíticos actuales a controlar, en la medida de lo posible, los fermentos que proviene de sus antecesores. En efecto, el psicoanálisis fue una revolución de verdad; aportó y pasó por todos los dominios de las ciencias, las artes, la educación etc., marcando profundamente su época y la nuestra. Los fundadores del psicoanálisis eran conscientes de eso. Hablaban de buenas a primeras del "movimiento psicoanalítico". Para sostener y defender el movimiento, uno de ellos, Sandor Ferenczi, preconizó la creación de la organización: La Asociación Psicoanalítica Internacional. Esa no era una proposición anodina; ya que contenía riesgos. Una organización es un instrumento de lucha valioso, pero no favorecen jamás al movimiento, es imposible que permanezca o se conserve.
Pero toda revolución escapa a la tentación, y a la necesidad de organizar, de institucionalizar sus consignas, sus conquistas, para asegurar, y para mantener todo en regla; y en cualquier caso de inmovilidad al compromiso, ella lo verá más adelante en el camino. Así se defiende, del riesgo de convertirse en organizaciones que, poco a poco, por la fuerza de las cosas, mute los temperamentos revolucionarios en temperamentos organizadores.
Ferenczi tenía seguramente un temperamento revolucionario. Se le ve perfectamente adoptando las actitudes combativas, conquistadoras de los primeros psicoanalistas, y usando un vocabulario que revela ese hecho. El habla de "luchar" por la "causa", de dotarse de un "arsenal" de "armas" eficaces para confrontar al adversario. Y es así, como Ferenczi, es uno de los más revolucionarios, de los más organizadores de entre los miembros de la comunidad analítica, propone fundar una Asociación Psicoanalítica Internacional, llevando con ello a cabo una acción logística para el "movimiento" psicoanalítico.
Si leemos el artículo escrito en 1911(2), donde presenta esta proposición, se entiende que esta decisión no era para nada ingenua. En un primer momento entrega las razones que lo llevan a enunciar su proposición, y pone en el tapete un nombre que de otra manera sonaría bastante ambivalente, examinando las consecuencias, lo que se espera y lo que se quiere evitar.
El escribe(3): "... igual que los primeros inmigrantes del nuevo continente, hemos tenido que mantener hasta ahora una guerra de guerrillas. Sin dirección espiritual, sin unidad táctica..."
Se entiende bien que: "... en algunas capas de la sociedad, ha sido precisamente ese combate desorganizado, casi revolucionario, el que nos ganado las simpatías; de este modo los temperamentos artistas, cuya comprensión intuitiva de los problemas que nos ocupan y de su aversión a todo lo escolástico, les ha hecho ponerse de nuestra parte han hecho...”
Pero: "... Sin embargo, al mismo tiempo que ventajas, la guerra de guerrillas, ha supuesto inconvenientes considerables. La ausencia de dirección ha favorecido la proliferación excesiva de la tendencias individuales, y de las posiciones científicas personales aislada sen algunos "combatientes", a expensas del interés común, del o que podríamos llamar las "tesis centrales"."
Por ello, constata: "… aunque una parte muy valiosa de la sociedad simpatiza con nosotros a causa de nuestra falta de organización, la mayoría, habituada al orden y la disciplina, halla en ello un nuevo elemento de su resistencia. Por último, no hay que olvidar a esas personas timoratas que nos aprueban totalmente pero dudan de unirse a uno de nosotros, aunque estarían dispuesto a entrar a una organización;….."
Aparentemente Ferenczi no se hacía ninguna ilusión sobre el tipo de adeptos que el psicoanálisis podría estar atrayendo, y de hecho, a ratos da la impresión de que Ferenczi hablaba contra una parte de ellos mismos, intentando refrenar esos afanes revolucionarios por el "bien de la causa" proponiendo a los analistas la entrega de ciertas estructuras al respeto.
En otro sí: "Conozco bien la patología de las asociaciones y se perfectamente que a menudo en los grandes grupos políticos, sociales y científicos reinan la megalomanía pueril, la vanidad, el respeto a fórmulas vacías, la obediencia ciega y el interés personal, en lugar de un trabajo concienzudo consagrado al bien común."
Comparando la estructura de estas asociaciones a las de las familias, resume una verdad: "Tal asociación debe ser una formula en la que el padre no detente una autoridad dogmática, sino solo las que le confiere su capacidad y sus actos; donde sus declaraciones no sean ciegamente respetadas, como si se trataran de decretos divinos, sino que se sometan con todo lo demás, a una crítica minuciosa; donde el mismo acepte la crítica sin susceptibilidad ridícula ni vanidad, como un pater familias, un presidente de asociación de nuestros días. Los hermanos mayores y los pequeños tendrán que aceptar sin suspicacias ni resentimientos pueriles el escuchar la verdad cara a cara por muy amarga y decepcionante que sea...."
Aparentemente, la enormidad de tales exigencias no escapa a Ferenczi, quien agrega prudentemente: "Ciertamente debe comunicarse la verdad sin provocar sufrimientos inútiles: así se sobreentiende el estado actual de la civilización y el segundo ciclo de la anestesia."
Por ello, piensa que se puede esperar la instalación de una: "...... atmósfera de franqueza mutua en que se reconoce la capacidad de cada uno y se elimina o se domina la envidia..... "
Veremos que al fin del artículo, precisa aún más en algunas frases los riesgos asociados al llegar a constituir una organización: ".... una asociación que permita garantizar hasta cierta medida que sus miembros apliquen efectivamente el método psicoanalítico según Freud…", "…igualmente continuará con la tarea de investigar la piratería científica…", en fin "…una elección rigurosa y prudente de la admisión de nuevos miembros permitirá separar el trigo bueno de la maleza y eliminar a todos aquellos que no reconozcan abiertamente las tesis fundamentales del psicoanálisis"
En fin, cada cual apreciará según sus convicciones en que medida y a que precio el agrupamiento en una asociación reflejará las tareas que Ferenczi le asignó. Ciertamente el psicoanálisis ha ganado la batalla de la respetabilidad. Pero todo beneficio implica un precio a pagar; ¿y cuál ha sido en este caso el precio de la respetabilidad? En un esfuerzo por evaluar, más de un lector de Ferenczi se preguntará si a él le correspondería o no ser admitido en una asociación psicoanalítica actual...
El hecho es que Ferenczi –que notoriamente nunca fue presidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional cuya creación preconizó- durante mucho tiempo fue marginado y segregado de la formación de la gran mayoría de las escuelas psicoanalíticas. En Francia es poco leído y raramente estudiado. Han debido pasar 35 años de su muerte para que apareciese el primer tomo de sus obras completas en lengua francesa, y casi medio siglo para que esta publicación haya concluido la publicación del cuarto y último tomo(4). En cuanto a sus escritos más íntimos, hay todavía problemas que resolver.
Tras decenas de vacilaciones y discusiones que han precedido la decisión de publicar el Diario Clínico del año 1932 –que está por aparecer- y su correspondencia con Groddeck, que publicamos aquí, ella permaneció largo tiempo en un cajón. En cuanto a la abundante correspondencia entre Freud y Ferenczi, que ambos sostuvieron interrumpidamente entre 1908 a 1933, y a pesar de todas las divergencias que pudieron surgir entre ellos, los diversos obstáculos de su publicación no han sido todavía resueltos ni han podido llegar todavía a acordarse formulas claras. Y para empezar, existe un retraso legal de 50 años -argumentado por los años de la guerra- que protege los escritos de cualquier publicación intempestiva, o a menos que los herederos del autor no entreguen la autorización. Parece que los herederos de Freud se mostraron reservados en lo que respecta a la publicación de las cartas de Freud con Ferenczi, y muchos mas reservados aún a una publicación integral de estas cartas. Hasta hoy día ninguno de las correspondencia de Freud han sido publicada integralmente(5). En cuanto a las cartas escritas a Ferenczi, se han publicado algunas, en el marco de la biografía de Freud hecha por Jones, y en algunos artículos al azar. Hecho notable, que no nos muestra la misma reticencia de parte de los herederos de Ferenczi. Sin duda la personalidad de éste no era cualquier cosa: toda su vida, está novelada: está escrita en sus artículos, sus conferencias, sus contactos personales; pues él había renunciado a construirse una fachada. Es por ello que quedó menos vulnerable después de su muerte. Uno tiene la impresión que él deseaba sobre todo ser amado y que el mejor medio para y por venir estaba por descubrirse. Los herederos de Ferenczi han adoptado la misma actitud. En 1946, la viuda de Sandor, Gizella Ferenczi, le encargó al albacea literario de su marido, Michael Balint, que negociara la publicación de la correspondencia con la familia Freud. Este hizo los esfuerzos hasta su muerte en 1970, sin ningún resultado. Después de aquello, las cosas no han avanzado mucho. Las actitudes de diversos responsables dejan entrever todo un conjunto de motivaciones sordas, dolorosas, angustiosas, sin duda largamente inconscientes y bastante potentes y poderosas. El tenor de darle la palabra a estos personajes no hace más que despertar resonancias nuevas, no atendidas, pero perfectamente incontrolables, y de hecho ciertamente parciales.
La institución se defiende contra los perturbadores. Ferenczi es uno de ellos: la confronta con sus teorías, sus investigaciones y sus experiencias, por la libertad que se permiten tanto en el pensamiento como en su práctica, por todo su ser. El impacto profundo que ejerció sobre el psicoanálisis se traduce en la amplitud de los medios puestos en prácticas por la comunidad psicoanalítica para protegerse, e intentar eventualmente, hacer presa al receptor: olvidarlo, desvalorizarlo, desconocerlo, simplificarlo abusivamente. Incluso utilizando un recurso sorprendente por parte de exploradores profesionales del psiquismo humano: en el tomo III de la monumental biografía de Freud, Ernest Jones descarta todo el trabajo de los últimos años de Ferenczi, atribuyéndolo a la obra de un tipo enfermo, y por tanto irrelevante. Este juicio, aunque desmentido por quienes conocieron a Ferenczi (Balint, Hermann, el Dr. Lévy que era su médico de cabecera, etc.) y no fue jamás corroborado por ningún testigo, encontró no obstante una aceptación notable en la comunidad psicoanalítica, y uno puede encontrarse hasta el día de hoy con analistas que siguen sosteniendo este punto de vista.
La correspondencia que publicamos aquí presenta los mismos problemas que todas las otras: los corresponsales abordan las cuestiones más íntimas, mencionando puntos de su historia que jamás se recuerdan, revelando debilidades y faltas. No obstante la publicación integral de esta correspondencia ha podido ser realizada entre otras cosas, como indicamos antes, a causa de la personalidad de los dos hombres en cuestión: son esencialmente las cartas de "el niño terrible del psicoanálisis" y la del "analista salvaje". Por su parte todavía habrá que esperar. Solo tres cartas de Groddeck se han conservado, dos dirigidas a Sandor y una a Gizella Ferenczi, tras la muerte de su marido.
Ha sido la Sra. Margaretha Honegger, albacea de Georg Groddeck, quien ha querido poner a nuestra disposición esta correspondencia de la que ella poseía los originales. Debemos a su diligencia la autorización de publicar las tres cartas de Groddeck. Y estamos muy agradecidos. Igualmente queremos expresar nuestra gratitud a Maria Torok quien, a lo largo de este trabajo nos ha aportado su conocimiento y sus ideas, así como a Alice Székely-Kovàcs quien nos entregó las cartas de Frédéric Kovàcs, publicadas en el anexo.
La correspondencia entre Ferenczi y Groddeck cubre un periodo de 12 años, desde agosto de 1921 a marzo de 1933. Aquí se hace inmediatamente evidente la rapidez con la que Ferenczi pasa a hablar de "Mi honrado Colega" (Sehr geehrter Herr Kollege) el 17 de agosto de 1921, a "Querido Amigo" (Lieber Freund) la Navidad del mismo año, así como el "Querido Groddeck" del 27 de febrero de 1922. Este comienza su carta el 12 de noviembre de 1922 con un "Querido Sandor", a lo cual Ferenczi responde con un "Querido Georg" el 11 de diciembre. Y parece que ambos hombres, tan diferentes en sus orígenes, evoluciones y modos de pensar, lograron entenderse verdaderamente.
Cada uno a su manera, tenía personalidades fuera de lo común. Groddeck por su parte, reivindica altamente la posición de un marginal en el movimiento psicoanalítico, y proclama ferozmente en el congreso de Berlín: "Soy un psicoanalista salvaje." Ferenczi, por su parte sufrió de sentirse marginado a causa de la originalidad de su pensamiento y su enfoque técnico. De ahí se ganó el sobrenombre de "niño terrible del psicoanálisis" cosa que nunca le gustó, y nunca cesó de repetir con gran insistencia, que sus ideas teóricas y sus prácticas técnicas se integraban perfectamente al psicoanálisis clásico. En su deseo de ser aceptado principalmente por Freud, no perdió jamás una oportunidad de subrayar los aportes científicos de sus colegas. Es así que descubrió los gérmenes de la técnica activa en ciertos pasajes de Freud, y le atribuye a éste el mérito. Sabemos, de hecho, que una actitud de este tipo es rara entre los científicos, incluido los psicoanalistas.
En esta marginalidad que cada uno vivió a su manera, otras circunstancias pueden también reprochársele a ambos hombres: ambos se sentían fundamentalmente médicos, y deseaban cuidar y curar. Groddeck no aspiraba a comprender esencialmente lo que estaba haciendo (6), de momento en que la enfermedad se manifestaba por si misma. Ferenczi buscaba comprender siempre cada vez más y mejor: él no cesaba de insistir que no eran las enfermedades las que debían seleccionarse en función de la técnica existente, sino que cada técnica debía ser modificada, o desarrollada en función de las necesidades propias de estas enfermedades.
Por lo demás, ambos estaban perfectamente conscientes de que a través de los análisis que conducían, no cesaban también de hacerse autoanálisis, y no solamente por conciencia profesional, sino también para sanarse. Es, en la carta del 11-10-1922, escrita por Ferenczi a Groddeck, que por primera vez hace alusión a la idea del análisis mutuo –originalmente idea de Groddeck- la que se va a desarrollar en el diario clínico del año 1932 (al parecer). Groddeck por su parte ya estaba embarcado en una empresa análoga en sus "Conferencias sobre las enfermedades", que formaron parte integrante del tratamiento que dispensaba, y en el que hablaba constantemente de sí mismo.
Por otro lado, en esta época de los inicios del psicoanálisis, muchos analistas estaban dispuesto a involucrares en este tipo de análisis mutuos, lo que daba pie, también, a un análisis de formación. Eran conversaciones íntimas y analíticas alternadas con el intercambio de correspondencia, como por ejemplo la carta de Ferenczi a Groddeck del 25 de diciembre de 1921 o la de Groddeck del 12 de noviembre de 1922. Pero al parecer es justamente Ferenczi, quien comienza a intentar sistematizar y a definir el procedimiento. En principio esta práctica es rigurosamente rechazada, pues se trataba del análisis de un paciente, y esto es algo también severamente castigado, incluso hasta hoy en día. Pero si uno considera con ojo clínico cierta actitudes e intervenciones que no pueden observarse en el curso de los análisis, ciertas indiscreciones, explicaciones o impertinencias, que se producían ocasionalmente, eran las interpretaciones de contra-transferencia deliberadas, para no hablar de la psicoterapia institucional, donde se pide que si el análisis mutuo no deja de ser algo que sea algo estudiado con causa, y con el objetivo de hacerse como un análisis a fondo, es más bien rechazado como si se estuviera hablando de una herejía. Ferenczi, entonces, con la costumbre de llamar las cosas por su nombre, consideraba que era un término que hay que re-localizar.
Existen muchas cosas que pueden ser atribuidas tanto a Ferenczi como Groddeck –por ejemplo ambos se sentían poco queridos en sus infancias-, y hay también entre ellos diferencias importantes y divergencias incluso muy dolorosamente vividas. Venían de horizontes totalmente opuestos: la familia de Groddeck convencional, tradicionalista, racista, cristiana, y ya en plena decadencia; Georg, el menor, se salvó, casi por un pelo. Los Ferenczi, intelectuales judíos, liberales, de origen humilde, estaban en plena ascensión social.
Sabemos a partir de documentos y testimonios recopilados por Michael Balint, en vías de una biografía de Ferenczi -que él no tuvo tiempo de escribir- que Bernàt Ferenczi y Rosa Eibenschütz tuvieron 12 hijos, todos nacidos en Miskolc, en Hungría, donde Bernàt ejercía la profesión de librero y encargado de imprenta. Los siguientes son los extractos de las actas de nacimiento registrados en el Registro civil del Consistorio Israelita de Miskolc:
1) Henrik, nacido el 27 de marzo de 1860. Bernàt había inscrito a sus hijos tardíamente. Nacido en 1830, tenía 30 años al nacimiento de su primer hijo. A esta fecha, el pequeño Sigmund Freud ya tenía 4 años.
2) Max (Miksa), del 19 de marzo de 1861
3) Zsigmond (Sigmund!) del 17 de marzo de 1862. Este era el hermano preferido de Sandor.
4) Ilona (Hélène), del 30 de septiembre de 1865.
5) Rebus (probablemente diminutivo de Rebecca), del 24 de abril de 1868. Su nombre sea mas tarde cambiado por el de ‘María’. Este no fue el único cambio de nombre que hay en la familia Ferenczi. El pequeño Georg Groddeck, que nació entre Ilona y Rebus, ya tiene un año y medio de edad.
6) Jakab (Jacques), llamado Joseph, del 14 de julio de 1869.
7) Gizella, el 8 de junio de 1872; la futura mujer de Sandor, mayor en 8 años, también se llamará Gizella,
8) Sandor (Alexandre), el 7 de julio de 1873. A esta fecha, el joven Sigmund Freud ya tiene 17 años, mientras que Georg Groddeck tiene 7 años.
9) Moritz Kàroly (Maurice Charles), el 17 de febrero de 1877.
10) Vilma, el 3 de junio de 1878, quien falleció prematuramente, el mismo año de su nacimiento; según ciertos testimonios se cree que a causa de la difteria, más las pruebas no parecen ser muy contundentes. Se ha dicho que Sandor tenía en esa época cuatro, y que él se habría olvidado de la existencia de esta hermana, hecho que parece muy poco probable.
11) Lajos (Louis), el 6 de septiembre de 1879.
12) Zsófia (Sophie), del 18 de julio de 1883.
Las actas de nacimiento de los 12 hijos de Ferenczi sufrieron una sucesión de cambios de nombres, introducidos tanto por decreto oficial, por uso, como por lapsus calamis de los funcionarios del registro civil. Al nacimiento de Henrik, el mayor, el padre se llamaba Baruch Fránkel, la madre Rosi Eibensatz. Un año mas tarde al nacer Máx, el padre figura con el nombre de Bernát (Bernard) Frenkel, y la madre como Rosa Eibenschütz (su nombre real fue alterado en la primera versión por el funcionario del registro civil). El padre se cambió el nombre por uno húngaro más común. El quinto hijo, una niña llamada Rebus, nombre bastante extraño que podría ser el diminutivo en clave húngara de Rebecca, sería cambiado un año más tarde en fecha no precisada por el de "María" por medio de un acto oficial. En 1879, el nombre del padre que había pasado de ser Fränkel a Frenkel o Fraenkel, devino Ferenci; igualmente por decreto oficial, y los nombres de todos los niños fueron modificados en consecuencia con excepción de Vilma, ya fallecida en esa fecha. Solo Ssófia, nacida en 1883, llevaba su nombre original. Poco a poco, el uso va a agregar una "z", y el nombre llegará a ser definitivamente "Ferenczi".
Se debe tener en cuenta, además, los detalles relatados por Magda Ferenczi, hija menor de Gizella (mujer de Sandor), y también esposa de Lajos Ferenczi, el hermano menor de Sandor: quien refiere que al haberse propuesto a Baruch-Bernat Fränkell-Frenkel-Fraenkel, combatiente voluntario de la insurrección de 1848, el nombre de "Ferenczy", escrito con "y" -que es un símbolo de nobleza en Hungría-, él como demócrata convencido lo rechazó, y en su lugar retocó el Ferenci en Ferenczi.
Quizás un estudio minucioso de los escritos y las cartas de Ferenczi permita descubrir la influencia que todos estos cambios de nombre –los que van en el sentido de una ruptura con los orígenes- han ejercido en sus sentimientos de identidad.
¿Qué sabemos de los padres de Sandor? Según el testimonio de Zófia, hermana menor de Sandor, Bernàt Ferenczi (en la época, de Baruch Fränkel), nació en Polonia, en Cracovia, en 1830, emigró a Hungría, en una fecha que por razones que ignoramos (pero que considerando las condiciones que reinaban en Polonia, deben haber sido raciales) y, en 1848, a los 18 años participó en la insurrección húngara contra la dominación austríaca, insurrección en la que el poeta Petöfi fue héroe y mártir, muerto en combate a la edad de 25 años. Esta insurrección que prometía ser triunfal, fue finalmente vencida y reprimida duramente. Todo esto, condujo a la constitución de un reino independiente de Hungría, en lo que fue el marco del imperio austro-húngaro, en donde luego 20 años más tarde en 1868, Hungría alcanzara su autonomía. A pesar de tales fracasos de la insurrección Bernàt se instaló primero en Eger, y luego en Mislkolc, en donde llegó a ser gerente en la librería de Michael Heilprin -ciudadano americano- que estaba situada en el número 73 de la Fo Utca (Calle principal). El mismo Heilprin había sido -según la leyenda familiar de los Ferenczi- el secretario de Lajos Kossuth, uno de los principales jefes de la insurrección entre 1848-49. En 1856, cuando Michael Heilprin decide volver a Estados Unidos, Bernát Fränkel compro la librería. Para poder llevar esto a cabo, debió presentar certificados de moralidad (quizás a causa de su origen extranjero, o bien a causa de su participación en la insurrección, lo que en aquella época todavía no era un título de gloria oficialmente reconocida). Uno de los certificados, que data del 5 de marzo de 1856, está firmado pro el Sr., Chérubin Chavola, director del colegio católico de la villa; y el otro está firmado por Gustav Heckenast, editor y también librero-editor, célebre por haber impreso, el 15 de marzo de 1848 -lo que llegó a ser después la fecha nacional húngara-, el famoso poema de Sandor Petöfi: "Debout Magyar!". Por un curioso azar el certificado lleva por fecha el 6 de mayo de 1856, el mismo día que nació Sigmund Freud. La librería queda en propiedad de la familia Ferenczi por casi 100 años, hasta la nacionalización de las empresas después de la guerra de 1939-45.
Rosa Eibenchütz, madre de Sandor, nació el 11 de diciembre de 1840. Según el testimonio de su nieto, Ladislas Vajda, hijo de Rebus-Marie, ella nació en Cracovia o en Tarnov, pero la familia se cambió de residencia a Viena. La casa de Eibenschütz en Viena perteneció a esta familia hasta 1969, fecha en la cual M. Vajda entregó este testimonio a Michael Balint.
Bernàt y Rosa se casaron en 1858, probablemente en Viena. Su primer hijo Henrik, nació en 1860, cuando Rosa tenía apenas 20 años. A los 22 años, ya era madre de otros tres hijos -esperando a los otros nueve-, pero parece que Rosa era una mujer perfectamente capaz de hacer frente a esta situación.
La librería familiar prosperó y Bernàt pronto anexó una imprenta y una agencia de conciertos. Posteriormente, el mismo organizaba los conciertos. Su casa se transformó en un lugar de encuentro de artistas, intelectuales húngaros y extranjeros. Se discutía mucho y se hacia música de cámara en familia. Bernàt era una personalidad respetada en la ciudad. El 24 de septiembre de 1876, llegó a ser vice-presidente de la asociación de Veteranos Combatientes de 1848. En 1880, fue elegido por unanimidad presidente de la cámara de Comercio de Miskolc.
Magda Ferenczi entrega una descripción idílica de la vida familiar que llevaban los Ferenczi en su apartamento situado en un primer piso hacia el lado de la librería: era una casa abierta y hospitalaria en una atmósfera intelectualmente estimulante, donde reinaba la alegría y la mayor libertad. Los niños podían invitar a sus amigos y pasarlo agradablemente. Sin embargo, parece extraño que Sandor no se refiera de este modo a la atmósfera familiar, como se aprecia en su carta del 25 de diciembre de 1921, en donde le cuenta a Groddeck de la frialdad y falta de ternura que reinaban en la familia, así como del exceso de pudor y de autocontrol que se le exigía a los niños.
Según el testimonio de Zsófia, la hermana menor, Sandor era el preferido de su padre, quien lo llevaba gustosamente en los recorridos habituales que éste hacia a la viña que ellos tenían en las afueras. Bernàt Ferenczi muere en 1888, cuando Sandor tiene 15 años, Rosa, convertida en toda una empresaria toma a su cargo la dirección de la librería y la imprenta, y las maneja con éxito. Luego abre también una sucursal en Nyiregyhàza. Ella también alcanza cierta posición en la ciudad: siendo la presidenta de la Unión de Mujeres Judías. La Sra. Ferenczi dirigió la empresa familiar hasta la fecha en que su hijo Kàroly pudo ser capaz de reemplazarla. Este último continuó con esta tarea hasta 1944, fecha en que fue deportado.
La mayor parte de los once hijos vivos de Bernàt y Rosa se casaron y tuvieron hijos; sin embargo muy pocos sobrevivieron las deportaciones de la segunda guerra mundial. Curiosamente, la única familia que mantiene el nombre Ferenczi viene de la hija adoptiva de Zsiga (Sigmund del hermano preferido de Sandor), que se casó con un oficial alemán llamado Ricter. Uno de sus hijos, un médico, mantiene hasta ahora legalmente el nombre Ferenczi.
El joven Sandor hizo un estudio brillante en el Colegio protestante de su ciudad, como todos sus hermanos. Después partió a Viena a estudiar medicina. Todos los detalles de sus cursos universitarios son perfectamente conocidos gracias a investigaciones que ha llevado a cabo con diligencia la Sra. Elfriede Pillinger a la petición de Michael Bàlint.
Durante sus estudios en Viena, Sandor se aloja en la casa de un hermano mayor de su padre, el tío Sigmund Fränkel (nombre que decididamente marcará la vida de Sandor). Su familia materna habitaba también ahí. Durante el mismo periodo su hermano preferido Sigmund, trabajaba como ingeniero químico en una papelería de Bruck-an-der-Mur, una pequeña ciudad cercana a Viena (7). Los dos hermanos adoraban el alpinismo y disfrutaban saliendo a escalar juntos.
Sandor obtiene su diploma de medicina en 1894. Luego, parte a hacer el servicio militar en el ejército austro-húngaro. Prestó sus servicios, y se estableció en Budapest. En 1897-98, el trabajó en el Hospital Rókus. El 24 de julio de 1898, entra como medicina asistente en el Hospicio de pobre y prostitutas. Finalmente, en 1900, se instala como neurólogo. Después de una primera lectura de la Traumdeutung -que no implicó su adhesión inmediata- él toma finalmente contacto con Freud en 1908, y muy rápidamente la relación evolucionará hacia una larga y durable amistad; finalmente, ella se tensionará dolorosamente hacia el final debido a divergencias en relación a las experiencias técnicas de Ferenczi, a pesar de que las raíces de estas divergencias se remontaban más allá de este asunto y eran más profundas. Solo la publicación de su correspondencia permitirá comprender lo que realmente pasó entre ellos. A pesar de las divergencias, y lo doloroso que fue, nunca condujo a una ruptura, como lo testimonia la última carta de Ferenczi a Groddeck (8)
Ferenczi comenzó a practicar el psicoanálisis a partir de 1908, cuando tenía 35 años. En 1910, se convierte en experto ante los tribunales, cargo que dejará después de la guerra de 1914-18.
Después de cierto tiempo, conoció a la familia de quien se convertiría en su mujer, Gizella Altschul que se había instalado en Miskolc después de su matrimonio con Géza Pàlos. La relación de Sandor y Gizella data de 1904 a 1905, Gizella Pàlos tenía dos hijas: Elma y Magda. Al parecer (según testimonio posterior de Elma) el marido de Gizella, Géza Pàlos toleró la relación entre Sandor y su mujer, pero no le daba el divorcio; finalmente terminó por aceptar el divorcio y ambos se casaron el 1º de marzo de 1919. Pàlos murió de una crisis cardiaca el mismo día de su matrimonio, y ellos se enteraron de la noticia tras volver de la ceremonia.
Sandor tenía 46 años, y Gizella tenía 54. Antes del matrimonio había ocurrido un doloroso episodio que se toca en esta correspondencia: en 1911, Sandor se enamora perdidamente de Elma, la hija menor de Gizella, de 24 años, y ansia casarse con ella (9). Gizella es anuente a aceptar que Sandor se comprometa con Elma. Después de varias peripecias entre el amor, el psicoanálisis, la amistad y la ternura de su lado, se produce la ruptura y se concreta el matrimonio con Gizella, bajo los oscuros designios que hemos visto. Al final, los tres protagonistas quedarán profundamente marcados por este episodio.
Entre la guerra de 1914-18, Sandor se moviliza como médico militar en Pàpa, en Hungría. Sabemos que recibió la visita de Freud. Un día, sufrió una hemoptisia y fue llevado inmediatamente a un sanatorio en Semmering. El incidente que pasó sin gran consecuencia, daría origen a una de las primeras crisis hipocondríacas que Ferenczi llegará a sufrir a lo largo de su vida. Según el testimonio entregado a Michael Balint, Zsófia Ferenczi explica el incidente como una simple herida que Sandor se hizo en la garganta al tragar algo. Como halla sido que sucedió, esto es sin duda el punto de partida de la errónea información según la cual Ferenczi habría desarrollado un episodio tuberculoso.
Después de la dimisión de Charles IV, Emperador de Austria y Rey de Hungría, en octubre de 1918, esta pasa a tener un régimen liberal republicano, presidido por el Conde Michel Kàrolyi. En este entonces, el escritor-periodista Hugo Ignotus, un liberal, amigo de larga data de Ferenczi, se comprometió para obtener para éste una vacante de Psicoanálisis en la universidad, la primera en su género. Llevó algún tiempo poner las cosas en su lugar, y en el intertanto en marzo de 1919, la república liberal cede el paso a la República de los Soviets presidida por Béla Kun. Este cargo de psicoanálisis ocupado durante la pequeña “primavera” húngara –así como sus orígenes judíos- fue también fuente de inmemorables conflictos, debido al reaccionario régimen de Horthy. Finalmente, fue excluido también de la Asociación de Médicos Húngaros.
Rosa, la madre de Sandor, muere en 1921; ese mismo año él conoce a Groddeck, a quien en una larga carta escrita para el día de Navidad, él cuenta amargamente sobre su familia. Cuando comenzaron sus correspondencias Ferenczi tenía 48 años, y ya llevaba dos años de casado. Había comenzado a experimentar con su técnica activa, la que luego criticará hacia 1925, y la abandonará en provecho de la técnica de la indulgencia y la relajación (10).
Ferenczi pasó numerosos periodos de cura en Baden-Baden, en el "satanarium" de Groddeck; cuando sus enfermedades comenzaban a aparecer, éste hacía un viaje prácticamente cada año en compañía de su mujer, y llevaba también a todos sus amigos y conocidos, entre ellos a Elma, su efímera novia.
Sin embargo, su salud no cesó de declinar, en el momento final se le declaró una anemia perniciosa. Ferenczi muere el 24 de mayo de 1933, después del 77 aniversario de Freud, a quien alcanza a felicitar en la última carta que escribió.
Notas:
1.- Este texto es una traducción del Prefacio del libro “Ferenczi-Groddeck: Correrspondance 1921-1933”, titulado: Les sources des inventions de Judith Dupont (pp 11- 38) Payot, 1982.
2.- “De histoire de mouvement psychanalytique” Psychanalyse 1, Payot, Paris, 1968,pp-162-171.
3.- En esta cita y las siguientes se traducirá sobre la base del artículo “Sobre la historia del movimiento psicoanalítico”. Capítulo XII. Tomo I. Sandor Ferenczi Completas. Espasa Calpe.
4.- Psychanalyse 4, Payot, París, 1982.
5.- Se ha anunciado, sin embargo, para los tiempos próximos, la aparición de la Correspondencia Freud-Fliess, en una versión completa. (S. Fisher Verlag).
6.- Carta del 12-11-1922 de Groddeck a Ferenczi, en la cual él declara abiertamente su voluntad de no comprender.
7.- ¿Sería el mismo Sigmund Ferenczi, quien más tarde le presentaría a su hermano a la esposa de su colega, Arthur Klein (ingeniero químico en una papelería como Sigmund): Melanie Klein?
8.- Ver Epistolario Ferenczi: www:indepsi…..
9.- Un cierto numero de personas estaban al tanto de estos eventos que se prolongaron por varios años. Nosotros encontramos una constancia de ello en las cartas de Frederic y Vilma Kovacs, que se publican en los anexos de este volumen. La historia esta también referida en la novela, El Hotel Blanco de D.M. Thomas, publicada en 1981, en primer lugar por Victor Gollancz, y luego por Penguin Books. La traducción francesa fue realizada por Alvin Michel. La novela trata del análisis y la historia de una paciente de Freud: un caso imaginario o inédito.
10.- Ver Psicoanálisis 3, Psicoanálisis 4, Payot, París.
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