Alberto Díaz
“Confusión de lengua entre los adultos y el niño. El lenguaje de la ternura y el de la pasión” es un texto del maestro húngaro Sandor Ferenczi.
Originalmente escrito como conferencia para ser pronunciada en el XII Congreso Internacional de Psicoanálisis en Wiesbaden, en setiembre de 1932, llevó por titulo “Las pasiones de los adultos y su influencia sobre el desarrollo del carácter y de la sexualidad del niño”.
Incluido en las obras completas en castellano publicadas por Espasa Calpe en 1984 Tomo IV, extracto lo siguiente: “Entiendo por ello la importancia atribuida recientemente al factor traumático tan injustamente olvidado en los últimos tiempos al tratar la patogénesis de la neurosis. El hecho de no profundizar lo suficiente en su origen externo supone un peligro, el de recurrir a explicaciones apresuradas relativas a la predisposición y a la constitución”.
Ferenczi extrae de una dificultad técnica una conclusión teórica: los adultos en análisis no logran criticar al analista ni defenderse de lo que les sugiere como desagradable la persona del analista.
Ferenczi considera un deber clínico, poder colegir tanto “los hechos desagradables del pasado” como así también “las criticas rechazadas o reprimidas que nos dirigen”. Considera “hipocresía profesional” atenerse en un silencio disfrazado de cautela por parte del analista cuando en realidad debiera ponerse al frente de admitir los yerros en los que ha incurrido con su paciente.” Admitir un error para conseguir la confianza del paciente…” y “autorizar a la critica”. Establece una “confianza que es algo que establece el contraste entre el presente y un pasado insoportable y traumático. Ferenczi, sostiene que la actitud fría no permite a ciertos pacientes una llegada terapéutica porque solo podrán reaccionar a la benevolencia materna.
Así de una propuesta de modificación radical sobre la prescripción analítica de distancia y austeridad en las comunicaciones con el paciente, Ferenczi tuerce la regla técnica hallando efectos en los análisis que conduce y aportando en la más fina tradición freudiana, teoría frente a los resultados hallados. Ferenczi plantea su posición: “Incluso los niños de familias honorables de tradición puritana son victimas de violencias y violaciones mucho mas a menudo de lo que se cree”. Y llama a las cosas por su nombre: seducciones incestuosas.
El amor del adulto y del niño son de naturaleza diferente. El niño tiene fantasías lúdicas como vehículo de sus manifestaciones de amor, que en su base son de naturaleza tierna (aun cuando estén teñidas por el erotismo). Al contrario, el adulto confunde los juegos de los niños con deseos de una persona madura sexualmente pues en el habitan la ambivalencia propia del erotismo: amor y odio por el objeto.
Ferenczi realiza un aporte meta psicológico cuando afirma que la resistencia inicial del niño frente al agresor cede bajo el peso de la autoridad aplastante, dejándolos mudos. “Pero cuando este temor alcanza su punto culminante, les obliga a someterse automáticamente a la voluntad del agresor, a adivinar su menor deseo, a obedecer olvidándose totalmente de si e identificándose por completo con el agresor”. Imposible no leer aquí lo que luego será llamado como Síndrome de Estocolmo. Pero Ferenczi va más lejos: no es solo una identificación con el objeto. Es una introyección del objeto, no un rasgo, no una parte, sino todo el objeto mismo de tal suerte que este desaparece como realidad exterior haciéndose intrapsiquico.
Este modo de conceptuar los aspectos teóricos, le permite al húngaro, servirse de los principios presentados por Freud para proseguir su marcha: al ser un elemento intrapsiquico, podrá ser modelado y trasformado alucinatoriamente conforme al Principio del placer.
Hasta aquí destaquemos que el aporte de Ferenczi en la esfera clínica se asienta en:
a) una modificación de la técnica conforme a una lectura de escucha clinica que le permite:
b) advertir que los adultos no logran defenderse del analista ni criticarlo, conforme a la reproducción de una relación objetal surgida de una agresión efectivamente vivida, que obligó a la incorporación por introyección de un objeto amoroso. El aspecto traumático modifica también los patrones de lectura de la realidad, quedando el yo escindido y sometido a aspectos alucinatorios “mudos”, que sólo apelando a una modalidad de intervención analítica de corte materno (benévolo) logrará el despliegue trasferencial necesario para hacer conciente un núcleo sin representaciones posibles.
c) Como si esto fuera poco, el proceso de introyección arrastra tras de si el sentimiento de culpabilidad del adulto ahora incorporado al niño: “el juego hasta entonces anodino, aparece ahora como un acto que merece castigo”.
Quizás los postulados de Ferenczi en lo que hace a la conceptualización del niño, sean discutibles. En efecto, pareciera volverse a la idea de sexualidad infantil pre-freudiana. La perversión en Ferenczi retoma su carácter moralista, y es atribuida a la particular modalidad de la sexualidad adulta. Los niños solo son angelitos tiernos y los adultos, conforme a la sexualidad adulta, Ángeles caídos de los cuales siempre hay que sospechar y a lo cuales hay que limitar.
Para Ferenczi “revisar los capítulos de la teoría sexual y genital” implicaba sostener que “las perversiones no son infantiles más que si permanecen en el nivel de la ternura…” Y fundamentalmente, el trauma, adquiere connotaciones reales, desestimando la noción de realidad psíquica, o más bien relegándola a una pobre defensa sintomática. Sin embargo, el aporte no deja de ser maravilloso, toda vez que atestigua sobre una de las delicadas situaciones escasamente trabajadas por el maestro vienés: el incesto efectivamente ejecutado, y sus consecuencias psíquicas y psicopatológicas en los niños.
Texto riquísimo y cargado de sugerencias clínicas y meta-psicológicas, “Confusión de lenguas…” abre posibilidades para pensar la relación del niño con su madre donde “la confianza no suficientemente intima” permite que la madre responda frente a las tentativas de auxilio del niño “rechazándolas calificándolas de tonterías”; la descripción metapsicológica donde la agresión real produce un mutismo en el niño, la incorporación del agresor al psiquismo donde no se trataría de una verdadera defensa sino de “un desagrado brusco… con una identificación ansiosa”, el núcleo alucinatorio del trauma perviviendo en los márgenes de una escisión del yo, finalmente la maduración del niño abusado sexualmente, maduración súbita al modo de “un fruto agusanado” (progresión traumática o premaduración).
Algunas puntuaciones sobre el concepto de introyección. Sandor ferenczi. El concepto de Introyección.
“He descrito la introyección como la extensión del interés de origen autoerótico al mundo exterior, mediante la introducción de los objetos exteriores en la esfera del yo. He insistido sobre esta “introyección”, para subrayar que considero todo amor objetal (o toda transferencia) como una extensión del yo, o introyección, tanto en el individuo normal como en el neurótico (y también en el paranoico, en la medida que conserva esta facultad, naturalmente).
“En último término, el hombre sólo se ama a si mismo; amar a otro equivale a integrar al otro en su propio yo”.
“En cuanto a la transferencia excesiva de los neuróticos, lo he descrito como una exageración inconsciente de este mecanismo dinámico, una especie de enfermedad introyectiva, opuesta a la tendencia del paranoico que aparta su interés de los objetos y que, cuando aparece el afecto, lo proyecta sobre el mundo exterior (enfermedad proyectiva). El paranoico que proyecta, llegará a considerar, a lo sumo, una parte de su propia nariz como una salchicha, la cortará y la arrojará, pero nunca introducirá elementos extraños en su personalidad”.
“El materialismo que disuelve totalmente el yo en el mundo exterior representa un caso extremo de proyección; el solipsismo, que incorpora el mundo entero al yo, sería la introyección más avanzada.”.
“…por eso conviene destacar con Maria Torok, que la introyección tal como la entiende Ferenczi, no apunta a la compensación sino al crecimiento, y que ella reserva al objeto un papel de mediador hacia lo inconsciente, lo cual supone que no se trata de introyectar el objeto, sino el conjunto de las pulsiones y sus vicisitudes con el objeto, precisamente en el papel de mediador. Conviene destacar que el concepto de introyección acuñado por Ferenczi se servia de los instrumentos rudimentarios que a la fecha había logrado desarrollar Freud. En 1909 Ferenczi escribe “Transferencia e introyección” y en 1912 “El Concepto de introyección”. Faltarían al menos tres años para que el corpus de la primera metapsicología fuera publicada. Si bien Freud toma y desarrolla el concepto, lo incorpora dentro del andamiaje estructural de las identificaciones edípicas: la introyección de imagos parentales, donde la utilización del concepto da a entender que no son solo rasgos los que se incorporan sino toda una estructura o complejo.
El concepto de introyección es solidario con los de transferencia y proyección. Desde la metapsicología ferencziana, el reconocimiento de la realidad se va produciendo gradualmente conforme a un inicio de indiferenciación entre el yo y el mundo exterior. La satisfacción alucinatoria del deseo es utilizada en una condición autoerótica. La no distinción entre el mundo interno y el externo deviene en insuficiente por causa del dolor que provocan las decepciones promoviendo el mecanismo de proyección primordial según la cual el Yo comienza a diferenciarse expulsando afuera lo incomodante, o mejor, atribuyendo al afuera la causa del malestar. La percepción objetiva y las vivencias subjetivas se van diferenciando cada vez mas, desapareciendo la indiferenciación inicial. Ahora el Yo puede valerse de otros mecanismos para enfrentar lo displacentero: la represión. Sin embargo no toda la excitación es susceptible de ser reprimida dejando un resto de la misma libremente flotante que provoca el movimiento de trasferencia a un objeto externo para luego incorporarlo a la esfera de los intereses del o vía la introyección.
Es decir, los intereses auto eróticos del yo, van dando paso a los objetos externos, que deviene en la inclusión de los mismos dentro del yo. A la transferencia del amor objetal, le sigue la introyección de ese objeto, cargado de yo: de allí que Ferenczi sostenga que en ultima instancia el amor, es siempre amor a si mismo. Este breve recorrido por el concepto de introyección deja de lado los recursos que fue adoptando en diferentes autores (Abraham, Klein, Lacan, Freud) pero se advierte que en lo que hace al incesto si la introyección del agresor se realiza, es porque ha entrado en el campo de intereses del Yo habida cuenta de un quantum de excitación que no puede ser tramitada, pero si trasferida al objeto externo, para luego ser incorporada por introyección. La introyección se nos ocurre aquí como un mecanismo que incorpora un objeto extraño, pero revestido con todo un material propio del psiquismo.
“He llamado introyección a esta unión entre los objetos amados y nosotros, a esta fusión de tales objetos con nuestro Yo, y estimo -lo repito- que el mecanismo dinámico de todo amor objetal y de toda transferencia sobre un objeto es una extensión del yo, una introyección.”
NOTAS
[*] Jorge Belinsky. Ferenczi, precursor y agonista Revista Tres al cuarto, 1 abril 1993.
http://www.scribd.com/doc/7161723/Diaz-a-La-Confusion-de-Lengua-Entre-Freud-y-Ferenczi-Art
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