CHAN Yiukee(1)
University of Essex
RESUMEN
En 1921, Ferenczi publica en Imago una reseña(2) de la nueva novela de Groddeck, “El buscador de Almas: Una Novela Psicoanalítica". Pero luego Ferenczi tuvo un encuentro personalmente con Groddeck en el 6to Congreso Psicoanalítico Internacional, el cual Ferenczi presidía, en la Halla desde el 8 al 11 de Septiembre de 1920, a pesar de que aun no empezaba la correspondencia ni el tratamiento con él. Esto empezó a ocurrir rn Abril y Septiembre respectivamente. El había también escrito la famosa carta de Navidad a Groddeck en el mismo año. Además, este fue el tiempo cuando Ferenczi comenzó su estrecha relación con Groddeck y se fue alejando de Freud.
A primera vista, fue simplemente una muy positiva valoración de la originalidad y valor del escritor para desafiar lo convencional y la hipocresía, tanto como la admiración de Ferenczi de una nueva forma de ser y de pensar. Aunque eso suponía hacer una declaración pública sobre su aceptación sin reserva de la poco convencional y mística novela, tanto como de su escritor; esto podría también ser leído como su propio mito privado del buscador de almas. El resumen de la novela de Ferenczi puede llegar a ser más importante que la novela misma, en términos de cómo ello puede revelar más del mismo en una “extremadamente condensado recuento de los contenidos de la novela” (Borossa, 1999, P. 209). Uno podría asombrarse de las similitudes compartidas entre Ferenczi y el protagonista, Weltlein. Weltlein, un soltero de mediana edad, que repentinamente se metamorfosea en alguien que se libera de todos las ataduras tradicionales después la repentina aparición de una hermana viuda y su hija, encontrando en si mismo el valor para atreverse a ser un niño desafiante, o un tonto, “soltando la verdad en las caras de las gentes” (Ibid, P. 207) ingresando a los círculos de varias capas sociales. Los místicos chinches como el símbolo de los residuos del héroe en las etapas tempranas del trauma también fueron sugeridos. Estos fácilmente recuerdan algo de las conflictivas relaciones de Ferenczi con Gizella y Elma en la década de 1910, así como los propios traumas tempranos de Ferenczi, su odio a la hipocresía y su deseo de verdad. Parece que Ferenczi estaba leyéndose a si mismo en la novela y se identificaba con el héroe Weltlein, como si éste fuera el eco de sus propias experiencias.
De forma trágica, el destino del héroe es catastrófico, y muere en un desastre de trenes. Su intento de desbaratar el establishment, irónicamente, termina con su propia desaparición en un descarrilamiento. Con dolor, Ferenczi se convirtió en un ‘mártir sonriente’ (Ibid, P. 209), insinuando su profética visión de su crecientemente inconfortable posición en el movimiento psicoanalítico, especialmente en su relación con Freud. Así como la novela nos cuenta, burlonamente, que la cabeza de Weltlein había desaparecido en el desastre, nosotros también vemos que la historia final de la vida y obra de Ferenczi estuvo desaparecida por décadas en la historia del psicoanálisis por sus “disidentes” opiniones. Uno podría también impactarse por la presumiblemente involuntaria profecía de las últimas formulaciones de Ferenczi, de que “en una época futura se verá como se le hará justicia a nuestro Weltlein’ (Ibid, P. 209), si esto se lee dentro del contexto del reciente resurgimiento de Ferenczi, el renacimiento de Ferenczi.
El propósito de este artículo es plantear la revisión de Ferenczi en tanto su inconsciente mito privado sobre su propia vida, y talvez incluso su creencia sobre su propio futuro en el establishment psicoanalítico. Tendremos una mirada más cercana a la revisión de Ferenczi, y analizar porqué Ferenczi fue absorbido e involucrado dentro de esta novela, en el contexto de su relación con Freud, Gizella y Elma.
En 1921, Ferenczi publica(3) en la Revista, Imago(4), una reseña del nuevo libro de Groddeck, “El buscador de almas: Una novela psicoanalítica". Como se aprecia en una carta a Freud del 28 de marzo de 1921 (Falzeder y Brabante, 2000, pp. 52-53), Ferenczi estaba comprobando con Freud si él había recibido su bosquejo de la reseña y si esa versión estaba lista para su publicación. Como Sachs (1945) recuerda, Freud leía y comentaba cada artículo que era presentado para ser publicado en las revistas: Jahrbuch, Zeitschrift, e Imago, y la Schriften augewandten Seelenkunde. Aparentemente, Ferenczi había presentado esta revisión a Freud para comentarla antes de su publicación.
La publicación de la novela fue muy difícil y ambivalente, y duró casi dos años, oscilando entre la esperanza y la decepción, y ejemplificó la manera en que Groddeck profundizaba su relación con Freud. Groddeck acabó el escrito hacia 1919. Después de repetidos rechazos de los editores, estaba algo desesperado en cuanto a su publicación. Él terminó enviando el manuscrito a Freud el 19 Octubre de 1919(5) de modo que Freud pudiera ‘echarle un vistazo antes de que desapareciera por su bien’ (Schacht, 1970, p.45). El nombre inicial de la novela era algo inusual, ‘El chinche asesino o el alma revelada de Thomas Weltlein’ (Ibid., P. 104, n.23). Él sugirió que Ferenczi podría interesarse en ella(6). Él humorísticamente recomendó que la novela era una recompensa por la positiva reseña de Ferenczi de su artículo de 1917(7). Groddeck, en la Alemania de posguerra, estaba aparentemente en un estado de aislamiento y de desánimo, y estaba impaciente por conectarse con el mundo exterior. Sin embargo, Freud no le respondió por meses El 31 de Enero de 1920, Groddeck, talvez empezando a ponerse impaciente, solicitó a Freud que le devolviera el manuscrito para buscar otro editor, aunque no tan esperanzado, pero deseaba hacer otro intento. Él interpretó el silencio de Freud como un signo de disgusto por su novela (Ibid., p. 46). Sin embargo, Freud contestó brevemente una semana más tarde, sólo sugiriéndole a Groddeck que cambiara el título de la novela por uno menos extraño para facilitar de esa manera su publicación. Curiosamente, Freud inmediatamente envío otra carta un día después, planteando que su casa editorial, Verlag, le regresaría el manuscrito a Groddeck algunos días después. Él sorprendió a Groddeck diciéndole que a le había gustado la novela y admiraba los inusuales talentos de Groddeck de sus gráficas descripciones, especialmente las escenas del desastre ferroviario(8). Freud incluso lo comparó con el Don Quijote. Él compartía la frustración de Groddeck por que su libro no satisfaría el gusto de la mayoría, pues las ideas no eran fáciles de digerir. Sin embargo, el alentó a Groddeck a publicarlo (Ibid., p. 46-47), a pesar de que la casa editorial de Freud le había devuelto el libro. Así, Groddeck se sentía muy estimulado por la carta de Freud, y estaba optimista de que talvez el próximo editor que buscara aceptaría su novela. Sin embargo, Groddeck habría de ser decepcionado una vez más. Groddeck escribió a Freud el 7 de Abril de 1920 desde Baden-Baden, citando los comentarios del editor, ‘la parte analítica afecta a la parte artística, y en consecuencia destruye la obra entera’ (Ibid., p.47). Aunque él no estaba convencido de estos comentarios, daba la impresión de que la novela de Groddeck por si misma, sacándole las partes psicoanalíticas parecía ser más aceptada por los editores o el público en general. Groddeck resumió su descontento por la interpretación freudiana estándar, ‘Cada quien que la lee se encuentra de alguna manera con sus propias represiones, y luego la resistencia comienza.’ (Ibid., p. 48).
De vuelta, Freud continuó cortejando a Groddeck, comentándole que si la Verlag tuviera el dinero y papel, podrían publicar la novela de Groddeck. Groddeck estaba encantado y le cuenta a Freud que su idea para el protagonista de la novela, Weltlein, fue derivada de su hijastro, que estaba en tratamiento con él hacía dos años. También expresó su deseo de unirse a la Sociedad Psicoanalítica. Groddeck estaba muy seguro del valor de su novela y se ofreció a pagar la publicación, a lo cual Freud accedió sin demora y envió el manuscrito a la Verlag inmediatamente para su publicación, sugiriendo el ‘uso del nombre del héroe y por debajo puso: una novela psicoanalítica’ (Ibid., p. 51). Aparentemente, esta impronta del psicoanálisis en el nombre de la novela hizo la aprobación de Freud más explícita, y la parte sobre psicoanálisis más legítima. Freud también invitó a Groddeck al Congreso de La Haya en septiembre. En el congreso, Groddeck se encontró con Rank quien sugirió un nuevo nombre para la novela, ‘El buscador de almas: Una novela psicoanalítica’ (Ibid., P. 53), un nombre que a Groddeck le gusto mucho y él buscó la aprobación de Freud para usar esto como nombre final. El 9 de Enero de 1921, Freud escribió a Groddeck, diciéndole que él había recibido una copia de la novela publicada de Groddeck, la perspectiva de las cuales eran muy impresionante, y que esta novela daría gran placer a muchas personas y rabia a muchas otras’ (Ibid., P. 57). Fue en este contexto que Freud también dijo a Groddeck que Ferenczi había escrito una reseña de la novela. Esta vez, Ferenczi lo había hecho por su propia iniciativa. Por lo tanto, es probable que Ferenczi haya escrito la reseña entre el 9 de Enero y el 28 de Marzo de 1921.
Para entonces, Ferenczi se había encontrado personalmente con Groddeck por primera vez en el Sexto Congreso Psicoanalítico Internacional, que Ferenczi presidía, en la Halla del 8 al 11 de septiembre de 1920, pero aun no había comenzado ni la correspondencia ni el tratamiento con él, cosa que hizo en abril y septiembre respectivamente. Fue también el mismo año en que había escrito la famosa carta del día de Navidad a Groddeck. Fue también el tiempo en que Ferenczi estaba ‘entusiasmado’ con Groddeck y comenzó a alejarse de Freud.
Antes de la revisión de la novela misma, Ferenczi hizo grandes esfuerzos por reflejar su comprensión de la persona de Groddeck y su obra. Comparado a su reseña anterior del artículo de Groddeck de 1917, Ferenczi estaba más convencido y seguro de la creatividad y potencial de Groddeck para entender y tratar la enfermedad psicosomática. Con un poco de culto a Freud, Ferenczi volvió a contar la oposición inicial de Groddeck a la escuela Freudiana como una especie de desvío de la verdad, por pura envidia. Y aun, incluso después de unirse al campo Freudiano, él no siguió a Freud en aquello qué regularmente lo hacían sus discípulos. Su creencia en el monismo implicaba una conceptualización de la enfermedad de un modo holístico. Él utilizó la herramienta psicoanalítica para analizar las enfermedades orgánicas, en vez de las neurosis o la histeria, y encontrar que bajo tales enfermedades subyacían intenciones inconscientes. Mientras Ferenczi señaló que no era seguro si los resultados terapéuticos de Groddeck eran atribuibles a una nueva terapia o a la energía persuasiva de Groddeck, ahora llegaba a convencerse de la consistencia y sinceridad de los argumentos de Groddeck.
Ferenczi introdujo el nuevo libro de Groddeck como una admirable sorpresa, en tanto Groddeck usaba el medio de la novela para presentar sus ideas sobre enfermedad, vida, hombres e instituciones. Ferenczi creía que sus contemporáneos probablemente no podrían aceptar nuevas e inusuales ideas tales como las de Groddeck, y en consecuencia que el uso de un argumento con comicidad y un toque de emoción ayudarían a los lectores a entender las extrañas ideas subyacentes a la novela. Ferenczi estaba probablemente absorbido en su lectura de la novela, y llego a sostener ‘que el lector desde el inicio hasta el final es puesto frente a difíciles problemas biológicos y fisiológicos de un modo humorístico e incluso de una forma cómica, y lo presentaba con escenas de un suave humor crudo, grotesco o profundamente trágico, las cuales, tomadas por sí solas, habrían sido repugnantes.’ (Borossa, 1999, p. 206). Siendo el héroe de la novela, Weltlein, quien era una mezcla de genio y tonto, a quien Groddeck le asignaba la tarea de derribar la máscara de la hipocresía, exponiendo la crueldad y la lujuria.
La solitaria vida de Weltlein como un soltero de mediana edad, según la reseña de Ferenczi de la novela, fue repentinamente perturbada por la aparición de una hermana viuda y a su joven hija. Ferenczi enfatizó que uno no podría nunca adivinar, y mucho menos saber que sucede realmente entre Weltlein y la hija, aun cuando son algunas pistas indirectas son dadas en la novela. De una forma un tanto mística, Weltlein intentó exterminar los chinches en la casa. Él llega a ‘enloquecer’ en la medida en que se libera de todas las tradiciones, de la herencia y de la cultura. Después de esta emancipación, se convierte en un trotamundo, cambiando su nombre, y entrando a los estratos sociales más altos, en donde, haciendo uso de su privilegio de ser tonto, ‘lanzando la verdad en las caras de la gente’ (Ibid., P. 207). En todas las otras ocasiones, como en la estación de policías, hospital y congreso feminista, Weltlein continuó comportándose como verdadero niño terrible, expresando la cualidad infantil básica de un adulto. Ferenczi recuerda al lector que el principal motivo de tal extraño comportamiento era el incidente residual de los chinches, un trauma. Weltlein descubre la verdad detrás de las ecuaciones simbólicas. El falo es el prototipo de toda la creación, mientras que el acto sexual es aquello por lo que todos anhelan y trabajan. Sus enemigos eran el establishment científicos y médicos, contra los cuales él lucha con la parodia de sus estúpidas limitaciones. Incluso el psicoanálisis no se libra, aunque, comparado con la psiquiatría, recibió más afecto.
Sin embargo, este ‘mártir risueño’ (Ibid., p. 209), como Ferenczi lo dice, muere eventualmente en un desastre ferroviario, pero lo que era más curioso era que su cabeza había desaparecido. Su identidad solo podría ser determinar por su sobrina, a partir de los detalles íntimos de su cuerpo. Esto podría dar algunas pistas sobre la mística relación entre Weltlein y la sobrina, que Ferenczi representó, ¨ Lo qué realmente sucede entre el héroe y la hija nunca será dicho explícitamente; nosotros solo apenas podemos conjeturar algo a partir de vagas señas ofrecidas.’ (Ibid., p. 209). Ferenczi termina su reseña comentando, “es cierto que Groddeck-Weltlein será interpretado, comentado, destrozado, difamado e incomprendido hasta la muerte..., talvez una época futura verá que se le haga justicia a nuestro Weltlein.’ (Ibid., p. 209).
A primera vista, la reseña era simplemente una valoración muy positiva de la originalidad de Groddeck y del valor de Weltlein para desafiar la convención y la hipocresía; tanto como de la admiración de Ferenczi por una nueva forma de ser y de pensar. Y aunque esto pueda entenderse como una declaración pública de su propia opinión sobre la novela, una mirada más cercana, podría también leerlo como su propio mito privado de buscador de alma, donde Ferenczi encontraba una voz que hacia eco con la suya propia. Uno puede sorprenderse con las semejanzas compartidas entre Ferenczi y el buscador de almas, Weltlein.
Ferenczi, nacido en 1873, había sido un soltero por un considerablemente largo periodo de tiempo antes de casarse con Gizella en 1919, después de 18 años de ‘citas’, y de su análisis y el subsecuente enamoramiento con Elma, hija de Gizella. La intervención, si no interferencia, de Freud fue crucial a la hora de decidir al curso de las complicadas relaciones triangulares. Ferenczi primero mencionó su relación con Gizella a Freud en Octubre de 1909, poco más de un año después que Ferenczi conociera a Freud. Ferenczi, en un intento por proteger aparentemente la identidad de Gizella, la llamaba su “Frau Isolda en su carta”(9). (Brabant, Falzeder y Gizmpieri-Deutsch, 1993, P. 87), pero le reveló mucho a Freud sobre cuánto él necesitaba a Gizella y cómo él valoraba la completa honestidad y la exploración psicoanalítica de esa relación. Para entonces, Gizella estaba todavía casada, aunque de hecho separada de Palos Geza quien rehusaba divorciarse de Gizella (Rachman, 1997). Gizella era casi 10 años mayor que Ferenczi pero en ella, éste encontraba una “amante, amiga, madre, y, en materias científicas, una discípula, es decir, una niña -en suma, una alumna extremadamente inteligente, entusiástica, que captaba completamente los nuevos conocimientos” (Brabant, Falzeder y Gizmpieri-Deutsch, 1993, P. 88). Intermitentemente, Ferenczi pondría al día a Freud de esta relación, lo que estaba en consonancia con el afán de Ferenczi de ser analizado por Freud.
Las cosas iban más o menos bien hasta que Ferenczi comenzó a analizar a la hija de Gizella, Elma, el 14 de julio de 1911, buscando constantemente consultar a Freud. Antes de eso, Elma había estado en tratamiento por su depresión y demencia precoz, sin mejoría, por meses. Inicialmente, Freud estaba alerta, recordándole a Ferenczi que el análisis no podía proceder más allá de cierto punto y que Ferenczi no debería revelar demasiado de si mismo en el análisis (Ibid., p. 296). Esto debido a que el carácter de Ferenczi era un poco como el de un niño infantil y espontáneo. El análisis avanzó normalmente hasta el 18 de octubre, cuando Ferenczi le comentó a Freud que el novio de Elma se había suicidado. Ferenczi le comentó que no estaba seguro del impacto que ello había tenido en Elma. Por esa época, Freud estaba más preocupado y presionado por su inminente ruptura con Jung, y no hizo ninguna observación sobre este episodio. (Ibid., pp. 304-311). Fue el 14 de noviembre de 1911 cuando Ferenczi repentinamente le dijo a Freud que su amor por Gizella, se había apagado, a la vez que tenía fantasías sobre casarse con Elma (Ibid., p. 312). Freud era todavía inconsciente de la inminente crisis que se gestaba en Ferenczi. Su reacción fue algo liviana y humorística. Él se dirigió a Ferenczi como “Querido hijo” en su siguiente carta del 17 de noviembre de 1911, sermoneándolo sobre que es lo que había hecho con su “independencia” y diciéndole que se calmara (Ibid., p. 314). Esta paternal carta hizo ‘reír de corazón’ a Ferenczi (Ibid., p. 315) y ellos intercambiaron un par de cartas más, sin mencionar el progreso del análisis de Elma.
Entonces estalló la crisis. Ferenczi le comentó a Freud el 3 de diciembre de 1911 que el análisis de Elma se salía de control. Él ya no podía mantenerse ajeno a Elma, de quien él se había enamorado. Gizella lo presionaba a que se decidiera. Ferenczi estaba dolorosamente indeciso (Ibid., p. 318). Freud estaba atónito. Él conminó a Ferenczi para que detuviera el análisis y para que lo fuera a ver a Viena, inmediatamente. El problema inicial era a quien elegiría Ferenczi: la madre o la hija. Freud accedió a ayudar, si no a instruir, a Ferenczi a que dentro de una semana decidiera, hablándole a Ferenczi directamente y escribiéndole inmediatamente a Gizella, después. Fue una semana difícil para Freud, en la que no pudo trabajar del todo (Ibid., P. 319). Freud estaba inmerso en el embrollo que Ferenczi había creado, asumiendo mucha de la tensión de Ferenczi. Sin embargo, resultó que Ferenczi pospuso su decisión por años. Este episodio fue ‘terminándose’ más adelante cuando Elma se casó con el americano, Herve Laurvik (Ibid., p. 319) a pesar de que ellos rompieron muy rápidamente. Aun cuando Ferenczi se casó con Gizella algunos años después en 1919, él muchas veces lamentó su decisión, especialmente debido a que no pudo tener un hijo con Gizella, debido a su mayoría de edad, algo que aunque existía desde el inicio de su relación, Ferenczi le reprochaba a ella, tal como le contó a Freud en la carta de Octubre de 1909 (Ibid., p.88). Como en el caso de Weltlein, la vida de Ferenczi nunca fue la misma después del encuentro de la aparición de la madre y la hija.
El trauma de Weltlein, en tanto asociado a los chinches, aunque algo dramáticamente, también tenía su paralelo en la propia historia de vida de Ferenczi. En la famosa carta del día Navidad escrita a Groddeck en 1921, Ferenczi confiesa su experiencia de haber sido víctima de abuso sexual por una sirvienta durante su niñez. Ferenczi, se describía a si mismo como el viejo judío citado en una canción folclórica Húngara, el cual se agarraba de las campesinas que trabajaban en sus viñedos en su niñez temprana. Él dijo a Groddeck que se moría por los “encantos populares”. (Fortune, 2002, P. 13). Tales encantos no solo sugerían la cualidad de lo primitivo y crudo, sino también lo sexual, y el de ‘de hecho,… recurría frecuentemente a muchos “amores auxiliares”. ‘Tenía que ir a los viñedos con mi pasión reprimida’ (Ibid., p. 13). Probablemente Ferenczi aun no había superado todavía la cualidad traumática de esas experiencias, y las había intelectualizado refiriéndose a ellas en Latín, hablando de ‘amor de sirvienta’ (Ibid., p. 13). Como lo comenta Fortune (2002, p. 18, n34), Ferenczi también habían registrado en su Diario Clínico esta experiencia de abuso sexual por una niñera y una sirvienta cuando él tenia seis años. Ferenczi agrega en la carta que él no podría dormir mientras que su corazón palpitaba fuertemente. Parecía que la rememoración de los recuerdos del abuso provocó una gran parte del sentimiento reprimido de Ferenczi.
Las biografías sobre Ferenczi retratan una imagen muy similar de la “extraordinaria capacidad de dar amor” de la personalidad de Ferenczi: (de Forest, 1954, p.14); “un hombre ingenuo y cariñoso… necesitado y dependiente de los otros… con un insaciable deseo del amor de aquellos con los que se involucraba (Aron y Harris, 1993a, p. 3); “radiante, amable personalidad” (Balint, 1956, p.243), “activo,… mente inquieta, siempre alerta, siempre inquisitiva” (Ibid, p. 234); o como Roazen (2002) lo comenta de su experiencia durante el proyecto oral de la historia en los años 60, “… cada uno con quien me junté para hablar sobre si habían conocido a Ferenczi, enfatizó su especial calidez y empatía” (p. 52). Estos rasgos son muy similares a lo que Ferenczi escribió sobre Weltlein en su reseña, ‘En todas partes él hablaba y se comportaba como un verdadero niño terrible, contando y comentado sobre todo, admitiendo consciente y abiertamente la inevitable cualidad básica infantil del adulto’ (Borossa, 1999p. 208).
El deseo de Ferenczi por la verdad y la honestidad es prominente en su relación con sus más cercanos. Esto es especialmente el caso con Freud. Después de haber estado ocupado por la excepcional capacidad de Freud para el autoanálisis y la correspondiente franqueza exhibida en “La interpretación de los Sueños”(10), Ferenczi estaba impaciente de encontrarse con el Profesor Freud. Su primera reunión fue el 2 de Febrero de 1908, luego de lo cual se convirtieron fácilmente en cercanos. Freud invitó a Ferenczi a unirse a su familia para sus vacaciones casi cada año después de ello, un privilegio que otros seguidores de Freud rara vez pudieron disfrutar y que probablemente envidiaban (Roazen, 1992). Él escribía a Freud sobre cada detalle de su vida y pensamiento, practicando literalmente la asociación libre en el papel; especialmente después del viaje a América, él se sentía como en ‘un ensueño’ al tener la posibilidad de acompañar a Freud-el-gurú (Brabante, Falzeder, y Giampieri-Deutsch, 1993, pp. 77-78). Él incluso fantaseaba que cada uno fuera capaz de poder leer el pensamiento del otro. El 5 de Febrero de 1910, Ferenczi escribió a Freud, diciéndole que lo que él deseaba ‘Solo piense lo que podría significar, si cada uno pudiera decirle a los otros la verdad, a su padre, al profesor, al vecino, e incluso el rey. Toda autoridad impuesta, fabricada se iría al infierno -lo que es correcto permanecería siendo natural.’ (ibid., p. 130).
Después del desafortunado viaje a Sicilia en Septiembre de 1910, Freud simplemente le dijo a Ferenczi que no lo idealizara, y que debía poder tratarlo como lo que el era, solo “un viejo ordinario” (Ibid., p. 215). Ferenczi, aunque frustrado por el rechazo de Freud de trabajar juntos en el caso de Schreber, fue mas allá en su demanda de una franqueza absoluta en la relación, ‘"Yo anhelo una relación personal, desinhibida, de alegre compañerismo con usted (y yo puedo ser alegre, de hecho, bulliciosamente alegre), y yo me siento -talvez injustificadamente- obligado a regresar a un rol infantil’ (Ibid., p 217). Él incluso le comentó su sueño de Freud parado desnudo delante de él (ibid., p. 218). Aparentemente, Ferenczi estaba, de hecho, intentando tratar a Freud como a ‘un compañero con igualdad de derechos’, como él parecía haber creído que su maestro, el maestro del autoanálisis, no tendría ningún problema para mantener una relación honesta con él, una relación en la que ambos podrían espera un crecimiento personal y desarrollo de la causa. Pero, él encontró que había sido infantilizado. En una franca carta, larga y abierta, escrita el 3 de Octubre de 1910, Ferenczi no habría podido ser más claro, ‘La consecuencia final de este insight, -cuando está presente en dos personas - es que no hay porque avergonzarse delante del otro, no teniendo nada secreto, diciéndose la verdad sin el riesgo de ser ofendido o en la esperanza cierta de que dentro de la verdad no puede haber una ofensa duradera’. (Ibid., p. 220).
Después de llevar la técnica freudiana de la abstinencia al extremo y de experimentar con la técnica activa, Ferenczi no siguió creyendo más en el valor terapéutico del analista como una pantalla en blanco para que el analizando proyecte sus transferencias sobre él, ni siguió pensando que el analista no debía gratificar ninguna de las necesidades de los analizandos ni mantener ocultas sus emociones contratransferenciales hacia ellos. Él creía que la forma freudiana de hacer psicoanálisis repetía solo las deprivaciones emocionales de la infancia del analizando sin ningún valor terapéutico. En cambio, él planteaba que el analista debía usar su propia emoción como un eje guía en relación al analizando, y volver a nutrirlo emocionalmente. Simplemente hablando, el analista tenía que ser emocionalmente honesto con el analizando. Ferenczi practicaba esto no solo en terapia, sino también en su vida, especialmente en su relación con Freud y Groddeck. Todo esto estaba en abierta contradicción con lo que era el psicoanálisis, según Freud. El antagonismo de Ferenczi con Freud alcanzó su pináculo en su último articulo, presentado en el congreso de Wiesbaden en 1932, “La confusión de lenguas entre los adultos y los niños’, en el cual el intentó reactualizar la teoría de la seducción.
A diferencia de Weltlein quien atacó a los científicos y los hipócritas ridiculizándolos, Ferenczi no criticó abiertamente al establishment psicoanalítico. Sin embargo, las ideas de Ferenczi sobre la contra-transferencia, mutualidad y el rol del trauma fueron entendidas como un intento de descarrilamiento del establishment Freudiano. Este sino es similar a la profética opinión de Ferenczi sobre Weltlein, ‘es cierto que… Weltlein sería… incomprendido hasta la muerte’ (Borossa, 1999, p. 209) El asesinato de carácter de Ernest Jones (Jones, 1957) contra Ferenczi, de que éste sufrió de psicosis en sus últimos años, fue aceptado y compartido por generaciones de psicoanalistas. Esto fue de cierto modo una reminiscencia del trágico destino de Weltlein al perder su cabeza en el desastre ferroviario. La cabeza de Ferenczi, o su identidad, estuvo perdida en el círculo psicoanalítico por muchos años. Con la notable investigación de Carlo Bonomi (1999) sobre las afirmaciones de Jones sobre el deterioro mental de Ferenczi, evidenció de una forma clara y contundente las distorsiones de Jones. El Asesinato de Jones de la figura de Ferenczi suprimió las ideas de éste, e incluso su persona, que amenazaba al status quo de Freud y de su círculo, por cerca de cinco décadas. Bonomi logró rastrear la estrategia de asesinato de carácter de Jones contra Ferenczi, indagando en los detalles cronológicos de los días finales de Ferenczi, con la ayuda de nuevos documentos históricos, tales como las cartas de Erich Fromm, de Jones, de Lajos Levy, y de Elma Laurvik. Él concluye que la acusación de Jones contra Ferenczi es injustificada y que el mito de la psicosis progresiva de Ferenczi no fue solo creado por Jones, sino también compartido entre los analistas, especialmente Freud, de esa generación. Este mito compartido se propagó hacia las siguientes generaciones de analistas, aunque Balint (1958) y Fromm (1959) habían intentado rectificar las imputaciones de Jones pero sin mucho éxito. El estudio histórico de Bonomi, si no una investigación histórica, probablemente sirvió para restaurar a Ferenczi a la posición que a él le corresponde. Ferenczi y sus ideas no deberían etiquetarse como psicóticas o patológicas. Ellas han sido reconsideradas, encontrándose que son de una gran significación contemporánea.
¿Qué es lo que ha sido más visible en este creciente interés(11) en la vida y obra de Ferenczi en las últimas dos décadas? La Sociedad Sandor Ferenczi, formada en Hungría en 1988, organizó una Conferencia Internacional de Ferenczi en Budapest en 1993 para celebrar un aniversario del nacimiento de Ferenczi [en 1873]. Sucesivamente, las conferencias de Ferenczi fueron realizadas en Nueva York, Sao Paolo, Madrid, Tel Aviv, y Turín. La última de ella fue en Baden-Baden, Alemania, del 2 al 6 de Agosto de 2006, en torno a la relación entre Ferenczi y Groddeck. La Sociedad también está planeando establecer el Centro de Ferenczi en Nephegy, en el Distrito Uno de Hungría, la anterior residencia de Ferenczi. El Centro, como un Museo, Archivo y Biblioteca, proyecta su inauguración para el 2008, en el 100° aniversario del primer encuentro entre Freud y Ferenczi. La revista de la Sociedad, “Thalassa” ha publicado su primer número en 1990-91.
Fuera de Europa, el Instituto de Sandor Ferenczi, fundado por Arnold W. Rachman en 1993 en New York City, tiene como objetivo el entrenamiento e investigación sobre psicoanálisis humanista desde una aproximación ferencziana (Rachman, 1997). En el Simposio de Ginebra de 1993 sobre los “100 años de Psicoanálisis”, “Freud y su amigo Sandor Ferenczi” fue uno de los dos temas. “CONFERENCZI: Revisión de las Nuevas Ideas Psicoanalíticas Húngaras” tuvo lugar en el Museo de Londres de Freud en Abril de 2004. En cuanto a publicaciones, DuPont (1995) editó el volumen de “El Diario Clínico de Sandor Ferenczi” y los 3 volúmenes de la correspondencia Freud-Ferenczi de Brabant, de Falzeder y de Giampieri-Deutsch (1993, 1996 y 2000) siendo ellos mismos hitos en la historia del psicoanálisis. Además del aumento de una gran cantidad de artículos de Ferenczi en revistas psicoanalíticas, una edición especial, “Psicoanálisis, Hijo Favorito”, fue dedicada a Ferenczi, y publicada en la “Psychoanalytic Inquiry” en 1997 bajo la dirección editorial de Rachmann. “El legado de Sandor Ferenczi” de Aron y Harris (1993b) y “El regreso de Ferenczi al Psicoanálisis” de Rudnytsky, Bokay y Giampieri-Deutsch (1996) ofrecen una rica y notable colección de artículos clínicos e históricos, reposicionando tanto a Ferenczi como al Psicoanálisis. La colección de Borossa (1999) colecciones de artículos seleccionadas de Ferenczi incluyen varios artículos raros escritos en sus días pre-psicoanalíticos, además de los que estaban seleccionados de Ferenczi en las “First, Further and Final Contributions to Psychoanalysis” (Balint, 1952; Rickman, 1994, Balint, 1955). Para las biografías sobre Ferenczi, de Forest (1954), Lorand (1966), Brome (1968), Stanton (1990), Roazen (1992), Rachman (1997), Haynal (1989, 1993 y 2002), y Haute y Geyskens (2004) quienes agregan secuencialmente nuevos perspectivas y hechos sobre la vida y los trabajos de Ferenczi.
Este “Renacimiento de Ferenczi” (Rachman, 1997, p.409) no sólo reorganiza el panorama de la historia del psicoanálisis, sino también denuncia, si es que no redirecciona, el desarrollo de la práctica clínica del psicoanálisis. Además, como Rudnytsky (2002) sagazmente observó, “la reverencia e incluso el amor con el cual Ferenczi es ampliamente visto en la actualidad se debe sobre todo a la forma en que él encarna una auténtica identidad psicoanalítica al mismo tiempo liberada de las tendencias autoritarias de Freud (p.217). Este Renacimiento parece ser consonante con la convicción de Ferenczi sobre el futuro del buscador de almas, Weltlein, de ‘que en una época futura se le hará justicia a nuestro Weltlein’ (Borossa, 1999, p. 209). De igual modo, la generación psicoanalítica contemporánea está siendo testigo de cómo se hace justicia a nuestro Ferenczi, también. El mito privado de Ferenczi del buscador de almas está llegando a ser un hecho real. Él busca y captura muchas almas para revivir su herencia perdida y su pasión por la verdad, psicoanalítica y de las otras.
REFERENCIAS
Aron, L. & Harris, A. (1993a) Sandor Ferenczi: Discovery and Rediscovery. In L. Aron & A. Harris (eds) The Legacy of Sandor Ferenczi. Hillsdale, NJ: The Analytic Press, pp. 1-35.
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Notas:
1.- CHAN Yiukee, Estudiante de PhD en la University of Essex, UK, y Psicólogo Clínico Senior en The Government of the Hong Kong Special Administrative Region, China.
2.-Reeditado en Borossa, J. (ed) (1999) Escritos Selectos de Sandor Ferenczi. London: Penguin Books. (pp. 205-209).
3.-Como se observa en una carta de Ferenczi a Groddeck del 17 de Agosto de 1921, ‘Aprovecho esta oportunidad para felicitarlo sinceramente por su Buscador de Almas, el cual estaré comentando en la próxima edición de Imago’ (Fortune, 2002, p.4); la revisión debe haber sido publicada en algún momento de 1921 después de esta fecha Groddeck escribió a Freud el 4 de Diciembre de 1921, "la critica de Ferenczi me han hecho muy feliz" (Schacht, 1977, p. 66).
4.-Según Jones (1955), Freud fundó Imago en 1911, el año en que Adler rompió con Freud y ello causó muchos conflictos. Freud no había tomado vacaciones lejos de su familia y ese año escribió muy poco. La Correspondencia de Freud con Jung (McGuire, 1974) detalla los registros del nacimiento de esta Revista. Freud dijo a Jung el 27 de Junio de 1911 que Hanns Sachs y Rank deseaban comenzar una nueva Revista no-médica, primeramente llamada Eros y Psiquis, dedicada a la Psicología Aplicada. Sin embargo, Freud había tenido dificultades en encontrar una editorial, y ya había sido rechazado en cuatro ocasiones, a saber., Deuticke, Bergmann, J. A. Barth, Urban & Schwarzenberg. Esto lo había dejado bastante deprimido. Su última opción era H. Heller, una editorial de Arte, lo que no era una muy buena opción (Freud a Jung, 2 de Noviembre de 1911). Mientras Jung tenía una buena posibilidad de editar una nueva Revista (Jung a Freud, 11 de Julio de 1911), era comprensivo con las dificultades de Freud para encontrar una editorial (14 de Noviembre de 1911), y eventualmente felicitó a Freud sobre las noticias de la fecha de publicación de la primera edición; Jung no estuvo implicado en Imago. Incluso le declaro, por adelantado que él no podría contribuir con ningún artículo inaugural (24 de Noviembre de 1911). Aun cuando Freud luego declaró explícitamente que el deseaba pasarle algún día esta Revista a Jung, y aseguró a Jung de la presunta posición de la Imago como uno de ‘tres órganos de una sola unidad biológica’ (Freud a Jung, 16 de Noviembre de 1911), las otras dos eran Jahrbuch (de la cual Jung era el editor) y la Zentralblatt; Jung no se veía muy interesado en contribuir a estas nuevas voces del movimiento psicoanalítico. Sin embargo, escribió a Abraham algunos meses después, el de 3 Julio de 1912, Freud indicaba que Imago era su ‘hijo más favorito’, de entre las tres Revistas (Falzeder, 2002, p. 157). En cuanto al nombre de la Revista, Freud luego la renombró como Imago, pues él necesitaba un nombre que no pareciera demasiado literario pero que fuera suficientemente ambiguo. Sachs (1945) recordaba, `el título de la nueva publicación nos dio algunos dolores de cabeza. Freud decía que el título no debía ser una síntesis sumaria del contenido, sino una designación sugerente a través de una fácil asociación de ideas El no era partidario de nombres pseudo-poéticos altisonantes. Finalmente mi sugerencia prevaleció y fue llamado Imago después de que la novela de Carl Spitteler en la cual los trucos y máscaras del inconsciente, sus avances hacia la consciencia y su estimulación de los poderes creativos habían sido presentados con una consumada maestría.' (p. 63). Eventualmente la Revista había tenido su primera edición publicada el 28 de Marzo de 1912, con el titulo de ‘Imago: Revista para la Aplicación del Psicoanálisis a las Humanidades’ (McGuire, 1974, p. 306, n.5).
5.- Groddeck inicio su correspondencia con Freud el 27 de Mayo de 1917, disculpándose frente a él por su ignorante opinión anterior contra el psicoanálisis y declarándole su conversión al psicoanálisis (Schacht, 1970, p.31). El intercambio de ideas interesó mucho a Freud y éste quiso compartirlo con Ferenczi, y también lo introdujo a su correspondencia con Groddeck.
6.- Un estudio de las cartas de Freud-Ferenczi a partir del 19 de Octubre de 1919 en adelante hasta marzo de 1921, demuestra que Freud no mencionó a Groddeck o su novela a Ferenczi. Fue solo hacia el 28 de Marzo de 1921, que Ferenczi preguntó a Freud si había recibido su reseña del bosquejo de Buscador de Alma de Groddeck.
7.- “El Condicionamiento Psíquico y el Tratamiento Psicoanalítico de los desordenes orgánicas', editado en Schacht (1970, pp. 109-131). Sobre la instrucción de Freud para escribir una ‘detallada, benévola revisión sin mucha demora' (Freud a Ferenczi, el 9 de Octubre de 1917, Falzeder y Barbrant, 1996, p. 709), Ferenczi escribió una reseña que fue una positiva valoración y exposición del nuevo régimen de tratamiento de Groddeck el cual veía la enfermedad somática como reacciones a los deseos y/o representaciones reprimidas de tal deseo disfrazado. Él apreciaba especialmente el uso de Groddeck de las vulnerabilidades de su propia organización física y mental como ejemplos ilustrativos en la búsqueda de la verdad y el avance científico. (véase Ferenczi, 1917, pp. 342-343). Aunque para entonces, Freud y Ferenczi tenían reservas sobre las ideas de Groddeck, Freud vio en Groddeck un colaborador potencial que podría cultivar visiones divergentes pero no-cismáticas sobre el psicoanálisis.
8.- El foco de Freud en las escenas del desastre del tren se puede relacionar con su fobia a viajar, ver Margolis (1996).
9.- Ferenczi pronto la empezó o a llamar la Sra. G., algunos meses después, e incluso le envió sus mejores saludos a Freud, en conjunto con Gizella (Brabant, Falzeder & Gizmpieri-Deutsch, 1993, p. 120).
10.- Para Ferenczi, "La interpretación de los Sueños" podría perfectamente significar "La interpretación de Freud de sus Sueños".
11.- Aunque los conflictivos trabajos de Masson’s (1984) sobre la supresión de la teoría de la seducción de Freud resultaron ser exagerados [ver, e.g., Krull (1986) y Robinson (1993)], su correspondiente participación en el restablecimiento de Ferenczi no debe ser negada (Rachman, 1997).
Sachs, H. (1945) Freud: Master and friend. London: Imago
Schacht, L. (ed.) (1977) The Meaning of Illness: Selected Psychoanalytic Writings by Georg Groddeck. London: Maresfield Library.
Stanton, M. (1990) Sandor Ferenczi: Reconsidering Active Intervention. London: Free Association Books.
http://www.inpsy.gr/Articles/CHAN%20-%20Ferenczi's%20private%20myth%20of%20Groddeck's%20Soul-Seekers.htm
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