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Artículos sobre Ferenczi:

 

APROPIACIONES ACTUALES DE FERENCZI

 

Camila Peixoto Farias.

 

Este trabajo consiste en un desarrollo sobre las investigaciones realizadas en el Laboratorio de Epistemología y Clínica Psicoanalítica (LABEC) de la Universidad Federal de Santa María (UFSM). En nuestras investigaciones percibimos que el pensamiento ferencziano ha ido adquiriendo prominencia, especialmente en lo que se refiere a los estudios contemporáneos de las patologías tales como las adicciones, toxicomanías, depresiones, trastornos alimenticios, síndrome del pánico, etc.

En el presente trabajo discutiremos el trauma en Ferenczi a partir de dos textos, Thalassa, Ensayo sobre una teoría de la Genitalidad (1914; 1993) y Confusión de Lenguas entre los Adultos y el Niño (1933; 1992). Con este recorrido buscaremos delinear las posibles bases ferenczianas de lo traumático en el intento de considerar un dialogo de las mismas con los autores contemporáneos.

En la obra ferencziana, a partir del texto Thalassa, Ensayo sobre una teoría de la Genitalidad (1914; 1993), encontramos una teoría de origen lamarckiana de las catástrofes, según las cuales los seres vivos no tendrían una tendencia natural a la evolución, sino que ellos serían impelidos a cambiar debido a violentas modificaciones ocurridas en su medio ambiente, a las cuales tienen que responder transformando su cuerpo y su modo de vivir.

En ese texto, Ferenczi propone una intima relación entre la filogénesis y la ontogénesis; postulando que la vida intra-uterina, el nacimiento, la relación sexual y todas las etapas del desarrollo estarían reeditando las catástrofes de la filogénesis y, como consecuencia, las modificaciones que las mismas provocaron en el cuerpo y el comportamiento de la especie a lo largo del proceso evolutivo. Pinheiro (1995; 69) señala que “Ferenczi se refiere a los traumas como siendo en gran medida, estructurantes, y los remite a una secuencia filogenética pre-inscrita, dentro de la cual, más allá de lo inevitable, son necesarios.”.

Por ello, señala Figueiredo (1999; 175) que “…la victoria de la especie en la escala filogenética no garantiza la victoria de cada individuo en la escala ontogenética. De la misma forma, podríamos decir que la universalidad de la experiencia filogenética no descalifica ni minimiza el peso de la singularidad de cada historia individual y de las variaciones entre los individuos.” Figueiredo (1999;179) además agrega que “las repeticiones dan a cada individuo la posibilidad de vivir para su cuenta y riesgo, en la más absoluta singularidad los dramas universales inscritos en la memoria de la especie”.

Las catástrofes, al irrumpir un ritmo ya instalado, producen una desintegración parcial de las pulsiones, un clivaje parcial. Como esa desintegración no es suficiente como para causar la muerte, de ella surge un nuevo estado de vida, clivado. Como propone Figueiredo (1999; 160) “Hay algo que se despedaza, que se rompe, que se desintegra, que se desprende de si como condición para regresar a aquella unidad original (intrauterina)”.

Las catástrofes, al irrumpir un ritmo ya instalado, producen una desintegración parcial de las pulsiones, un clivaje parcial. Como esa desintegración no es suficiente como para causar la muerte, de ella surge un nuevo estado de vida, clivado. Como propone Figueiredo (1999; 160) “Hay algo que se despedaza, que se rompe, que se desintegra, que se desprende de si como condición para regresar a aquella unidad original (intrauterina)”.

El nacimiento sería caracterizado como la catástrofe que rompe con la unidad (bebé-madre) de forma inexorable, produciendo en el psiquismo un efecto de exceso, un efecto traumático que dejaría como marca primordial una cierta extrañeza con el mundo externo, creando un espacio vacío que buscará constantemente satisfacerse, poniendo el dispositivo psíquico en funcionamiento.

Ferenczi señala este clivaje inicial, provocado por el nacimiento, como estructurante del psiquismo. A partir de este clivaje inicial, el sujeto, con la ayuda de un adulto, va a ser introducido en el universo humano. Como agrega a Knobloch (1998; 49) “Esta experiencia -considerada catastrófica, por implicar una desorganización y una reorganización- será también estructurante, en la medida en que permite al sujeto establecer una relación con lo otro y franquea, por lo tanto, su entrada en la cultura del lenguaje”.

Después de esta catástrofe inicial, Ferenczi señala el poder casi absoluto que los adultos (el medio ambiente) adquieren en la etapa de dependencia del recién nacido. La palabra, la acción, el cuerpo de los adultos si imponen al bebé con una violencia tal como las catástrofes de la filogénesis, en donde las fuerzas de la naturaleza se imponían a los seres vivos indiferentes de sus condiciones para lidiar con ellas.

El lenguaje del adulto cuando no es excesivo, ejerce en el niño una presión traumática que es estructurante, de tal forma que hace una exigencia de trabajo al psiquismo que conducirá a la producción de representaciones. En esta dirección, Reis (1997) destaca que “Es el adulto con su lenguaje lleno de sentidos múltiples y de ambigüedades, ya inscritas en un orden instaurado, lo que va a ejercer la violencia interpretativa necesaria para capturar este universo en dispersión para convertirlo en un universo humano.”

Pinheiro (1995;74) acota que “el niño solo puede tener una palabra propia cuando es mediada por el adulto. En un primer tiempo éste pide prestada las palabras al adulto y simultáneamente es a éste a quién dirigirá su palabra para obtener una confirmación. Este vaivén es condición imprescindible para que el niño conquiste su propia palabra. Es, por lo tanto, por intermedio del adulto (soporte de la introyección) que el habla del niño puede o no tener su existencia autorizada.”.

Sin embargo todo niño tendrá que encontrarse con el problema de la confusión entre su lenguaje (de la ternura) y el lenguaje de los adultos (de la pasión). Es importante destacar que la ternura debe ser entendida como anterior a la sexualidad bajo el primado de la genitalidad. El niño tendrá que encontrar una respuesta para la falta de sintonía entre el mundo adulto y el mundo infantil. Ello será posible a través de la mediación simbólica, del ingreso en el mundo de las simbolizaciones posibilitado por los adultos.

Ferenczi propone dos maneras a través de las cuales el mundo externo se puede imponer al niño: por la seducción, de manera tierna, suave y gradual, o por la intimidación, de manera violenta y cristalizadora. La seducción llevaría al niño a ir en busca de significaciones para sus experiencias, a participar en el mundo de las simbolizaciones. La intimidación robaría el habla del niño, cristalizaría la palabra, obstaculizándolo para ser pronunciada y, así, para producir nuevas representaciones, quedando una parte del universo simbólico, clivada. La intimidación al niño, lo expondría de una manera violenta, a las pasiones (sexuales) del adulto, a un lenguaje extremo.

Ferenczi demuestra la intimidación a través de la desmentida. En la desmentida, la historia contada por el niño (un hecho verdadero) es relegada por el adulto al plano de la mentira, el adulto trata el acontecimiento como ficción, no como acontecimiento real. Con esto, el hecho queda sin comprensión para el niño. La palabra propia de el, en vez de mediación, queda prohibida por el adulto.

La desmentida haría imposible la introyección. Knoblock señala, (1998; 51) que “… la desmentida no solo no confirma aquello que sucedió sino que también instala una duda en la propia existencia de que aquello que se experimentó.”

Para Pinheiro (1995; 68/69) “La ausencia de ciertos elementos o, más precisamente, la ausencia de la desmentida convertiría al trauma en estructurante. En otras palabras, si todos los elementos e ingredientes son absolutamente necesario para la existencia de un trauma ferencziano, es solamente esto último, la desmentida, lo que lo hará desestructurante. El trauma sería, por lo tanto, una secuencia de los ingredientes y de acontecimientos que, potenciados por la desmentida, adquirirían la condición de desestructurante.”

En este caso El niño es alcanzado por un exceso para el cual no encuentra la ayuda simbólica del adulto. Pinheiro (1995; 68) dice que “El adulto, por su lado, no reconoce el lenguaje de la ternura del niño, y lo toma como igual, es decir, toma el lenguaje de la ternura como una seducción de orden genital.”

En esta situación, el adulto toma el habla del niño, toma la posibilidad de la ambigüedad de las palabras, sustrayéndole al niño esa palabra unidireccional, cristalizada y radicalmente prohibida de ser pronunciada, prohibida de integrar su mundo simbólico. Por lo tanto, la desmentida impide la introyección, impidiendo el registro psíquico. Knobloch (1998; 48) remarca que “Es por medio ‘de la introyección’ que el psiquismo podría apropiarse del sentido dado por un otro”.

En la desmentida, el acontecimiento traumático no es mediado por el lenguaje del otro, el adulto falla en cumplir su papel de mediador de la entrada del niño en el registro de la vida humana; no siendo posible para el niño construir un sistema de significaciones y un sistema de memoria inconciente para tal evento, lo que talvez ni el mismo adulto ha conseguido.

En vez de eso, el niño incorpora el sentimiento de culpa del agresor, clivadándose las cargas de culpa e inocencia al mismo tiempo. El niño incorpora el sentimiento de culpa del agresor proponiéndose pasar mas allá del objeto de introyección, toda vez que en ese momento perder al objeto causaría el aniquilamiento, a la destrucción psíquica. Como destaca Pinheiro (1995; 82) “Lo que el niño percibe es el riesgo de muerte física y psíquica. Le queda entonces garantizar la permanencia del objeto a cualquier precio. El niño encuentra la solución de transplantar la sensación de culpa del agresor hacia si mismo, soportar la injusticia de la desmentida y con eso recuperar el estado de ternura anterior al trauma.”

La invasión del Yo infantil por el sentimiento de culpa del agresor lo escinde, separa la pasión de la ternura, buscando recuperar el estado anterior (de ternura) o al menos una parte del Yo. “La pasión toma la palabra y se separa de la ternura, sin que cualquier contacto entre ellas sea posible, como si una desconocieses la existencia de la otra. Ambas se pretenden como representantes legítimas del Yo infantil. Así, el agresor en los textos de Ferenczi es el poseedor del Ego, ignorando su verdadero dueño. El clivaje, en ese caso, consiste en una separación en dos partes que no mantienen contacto entre sí.” Pinheiro (1995; 83/84).

Podemos pensar que los acontecimientos traumáticos que no pueden ser dotados de sentido en el psiquismo, no son reprimidos, produciendo clivajes psíquicos que se hacen presente como sensaciones corporales. Estas sensaciones corporales pasan a actuar una repetición siempre actual que se utiliza como marca dejada por el rastro de la propia excitación, para construir sus síntomas.

En este sentido Reis (2204) destaca que “El sentir desprovisto de sentido no puede expresarse a no ser por alteraciones orgánicas, sensaciones, gestos y actos repetitivos. Por otro lado, el saber puro no tiene matices ni sentido afectivo permaneciendo en una esfera de abstracción y de vaciamiento del yo”.

El clivaje psíquico puede ser asociado a la autotomía, termino encontrado en Thalassa (1924;1993) que designa el proceso por el cual algo es dejado morir para garantizar la sobrevivencia y el bienestar del individuo, o sea una parte del organismo muere, para que la restante sobreviva cuando ocurre un trauma, una catástrofe. Knobloch (1998;71) enfatiza que “Ferenczi reconoce la ventaja que el clivaje ofrece al sujeto: ‘economiza el conflicto subjetivo’; es exactamente aquel abandono de sí que pueda crear circunstancias más favorables para soportar la violencia.”

Con todo, percibimos que las escisiones son la única defensa posible para el ego contra el aniquilamiento que el trauma puede causar. En las escisiones el ego se desestructura, pero evita su aniquilamiento.

Costa (1988; 50) señala que, para él (Ferenczi) la violencia sufrida por el niño, solo se tornará traumática cunado sea desmentida posteriormente en su facticidad por un adulto, En lenguaje corriente, importa la versión y no el hecho. Es un lenguaje, una interpretación, el anunciado del adulto significativo lo que traumatiza. Obviamente, no podemos subestimar el valor de las significaciones “a posteriori”, en la teoría psicoanalítica. Pero los significados solo son vividos o percibidos como traumáticos cuando y porque fallaron en la designación de una vía que dejó vacía parcialmente la satisfacción absoluta, esta sí, traumática en sí.

Con esto, Costa destaca el exceso irrepresentable venido del otro como elemento fundamental en el trauma, y agrega: “La pasión es un derivado de la aspiración a la satisfacción absoluta. El otro parental que ama o castiga de acuerdo a leyes edípicas no puede ser fuente de trauma. En caso contrario todos los individuos serían patológicamente traumatizantes. El trauma que Ferenczi vio en la pasión era el efecto psíquico de la omnipotencia incondicional, libre de redes simbólicas y no del encuadramiento pulsional en las normas edípicas,” (1988;49). Continua: “El adulto ferencziano es literalmente portador de la pasión y no portavoz de algo que habla o se deja decir. Pasión es dolor y como todo dolor es muda. En función de esto, el niño, no tienen como representar la conducta apasionada y en lugar de la representación surge la alucinación negativa.” (1988; 50).

Con todo, nos parece que el evento traumático es una repetición por el adulto de un trauma en la tentativa de liquidarlo. Podemos pensar entonces en el evento traumático como traumático para ambos, niño y adulto, pues para ambos el acontecimiento escaparía a las leyes simbólicas.

En esa dirección, Reis (2004) destaca que “Lo traumático se refiere a lo exógeno, aquello que viniendo de afuera afecta al sujeto de forma inesperada y desarma sus defensas. Desde el punto de vista del psiquismo, el afuera es la propia experiencia de dolor, en cuanto a que no puede ser erradicado, y en relación al cual solo es posible la defensa por medio de un clivaje narcisista. El cuerpo, como lugar de experiencia sensible, siendo atravesado por una vivencia excesiva que no encuentra eco en el mundo psíquico, actúa como elemento exógeno y traumático para el yo.”.

Percibimos que, en la actualidad, se ha ido destacado el pensar el trauma sobre dos aspectos distintos: por un lado, la desmentida; y por otro, el exceso irrepresentable viniendo del otro. Cuestionamos si un aspecto invalida necesariamente al otro, o si talvez el exceso solo tienen efecto traumático en tanto no es “capturado” por el adulto, asumiendo entonces un carácter de violencia.

 

Bibliografia

COSTA, J. F. – Ferenczi e a Clínica, in Cadernos de Psicanálise do Circulo Psicanalítico do Rio de Janeiro, Ano X, nº 6, p. 42-52, RJ,1998.

FERENCZI, S. – (1924) Thalassa, Ensaio sobre a Teoria da Genitalidade, in Psicanálise III, SP, Ed. Martins Fontes, 1993.

______________(1933) Confusão de Línguas entre os adultos e a criança, in Psicanálise IV, SP, Ed. Martins Fontes, 1992.

FIGUEIREDO, L. C. – Palavras Cruzadas entre Freud e Ferenczi, SP, Ed. Escuta, 1999.

KAHL, M.L. F. – Por que Ferenczi Hoje?, in Revista Natureza Humana, SP, 2006, no Prelo.

KAHL, M.L. F. (coordenadora) – Sándor Ferenczi, “Os Casos Difíceis” e a Clínica Psicanalítica Hoje. Projeto de pesquisa financiado pelo PIBIC-Cnpq e Fundo de Incentivo à Pesquisa –FIPE- UFSM- Universidade Federal de Santa Maria- RS, 2006.

KNOBLOCH, F. – O tempo do Traumático, SP, Educ-Fapesp, 1998.

PINHEIRO, T. – Ferenczi: Do Grito à Palavra, RJ, Ed. Jorge Zahar e Ed. UFRJ, 1995.

PINHEIRO, T. – Ferenczi: Do Grito à Palavra, RJ, Ed. Jorge Zahar e Ed. UFRJ, 1995.

REIS, E. S.– Ferenczi um Analista Atual? POA, 1997. Disponível em http://www.estadosgerais.org . Acesso em 18 de maio de 2006.

REIS, E. S. – Corpo e memória Traumática, trabalho apresentado no VII Congresso Brasileiro de Psicopatologia Fundamental e I Congresso Internacional de Psicopatologia Fundamental, RJ, 2004. Disponível em http://www.psicopatologiafundamental.org .Acesso em 15 de abril 2006.

 

Camila Peixoto Farias.

e-mail: camilapsi.pf@mail.ufsm.br

 

http://www.fundamentalpsychopathology.org/anais2006/4.26.3.2.htm

 

 

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