Dr.,
Giorgio Antonelli.
¿Porqué Winnicott
generalmente no cita Ferenczi?, ¿Porqué los
psicoanalistas generalmente no reconocen su propio
deuda en las comparaciones con el maestro húngaro?
Extracto
"En
los últimos cincuenta años",
Cremerius ha afirmado, "Ferenczi es considerado
por muchos autores como la veta a alcanzar para
encontrar material para nuevas construcciones,
de la cual sin embargo no se cita la fuente, lo
cual es vergonzoso para la tan decantada honestidad
de la ciencia". La mayor parte de los analistas
parece no considerar "ni los experimentos
técnicos, ni la nueva vía teórica
de Ferenczi que superó a Freud"
Más
allá de esta consideración sobre
la honestidad de la ciencia (una posición
un tanto simplista, a partir del hecho de que es
posible suponer mecanismos más profundos
a la base de las fallidas citaciones) deseo verificar
el asunto de Cremerius con referencia a la influencia
que Ferenczi presumiblemente ha ejercido sobre
Winnicott. No pretendo aquí presentar una
revisión de su influencia, cosa ardua de
delimitar. Quiero simplemente referirme a algunos
aspectos teóricos, que me parece los dos
psicoanalistas comparten, y en particular confrontar
el discurso sobre aquello que ellos hacían
en análisis. En ambos casos es posible considerar
en acción una clase de "ecuación
ferencziana" de Winnicott.
Se
puede esperar que un autor como Winnicott, influenciado
por Klein y Balint (ambos pacientes y alumnos de
Ferenczi), muestre en su propia obra numerosas
consonancias con el psicoanalista húngaro.
Pero Winnicott no es un autor que guste de citar
a Ferenczi, o mejor dicho, no es un autor que guste
de citar en general. Él era un reservado
guardián de su propio espacio de originalidad, "atento
a la propia vulnerabilidad", -como ha escrito
Robert Rodman, albacea de su epistolario -, un
defensor de la tesis de que existe en cada individuo
una parte inviolable, incomunicada, sagrada, que
no quiere ser conocida. Argumento, con el cual
Winnicott explicaba también las difusas
odiosidades, observadas en las confrontaciones
del psicoanálisis, entendida como una forma
de grandes atropellos.
En
una contribución leída en la British
Psycho-Analytical Society, el 17 de marzo de 1954,
en el cual Winnicott aborda la metapsicología
de la regresión, los puntos concordantes
con las concepciones elaboradas en su tiempo por
Ferenczi son numerosos y relevantes: la confianza
del analista (superior a aquella de las personas
extras-análisis ); la distinción
entre realidad y fantasía (que en Ferenczi
sugiere un criterio que cuestionó el término
del análisis ); el ligar la enfermedad psicótica
a un "falla del ambiente", falla situada
en un estadio precoz del desarrollo; la reconstrucción
del análisis a partir de ésta "carencia
fundamental " (en la terminología de
Balint ); y la representación de la situación
analítica como situación en la cual
vienen reproducidos los primeros cuidados maternos.
También, el correlato ferencziano de "benevolencia
materna " y aquel winnicotiano de "preocupación
materna primaria", de "madre suficientemente
buena", de "ambiente suficientemente
bueno", que corresponde al concepto de "una
adaptación suficientemente buena de parte
del analista" que produce "un paso del
falso self al verdadero self". Incluso dentro
de la cantidad de concordancias cabe considerar,
también, la problemática de la capacidad/incapacidad
frente a la soledad, y que aparece considerada
por Ferenczi en algunos momentos de su Diario Clínico
escrito en 1932 (en un punto incluso relacionado
con la hipnosis materna y la hipnosis paterna,
esto es con la "sensación de no ser
amado y ser detestado" y con una sensación
que "hace desaparecer el deseo de vivir, es
decir de integrarse" ), y que aparece también
considerada en la contribución de Winnicott
presentada a la Sociedad Psicoanalítica
Inglesa, el 24 de julio de 1957, que lleva el título "La
capacidad de estar solo". A la base de la
capacidad de estar solo está aquella de
estar solo en presencia de una persona. Obvia y
fecunda, es aquí la analogía con
la situación analítica, desarrollada
por Ferenczi sobre todo en los últimos años.
La soledad implica, de todos modos la presencia
de alguien "que aparece, en último
análisis e inconscientemente relacionada
a la madre".
Otros
ejemplos de concordancias, que pueden también
significar influencias, han sido señalados
por varios autores, en particular, además
de Cremerius, por Pierre Sabourin, autor de una
monografía sobre Ferenczi, y por Peter Rudnytsky.
Sabourin sostiene que la lectura del Diario Clínico
de Ferenczi permite colegir una concordancia notable
entre Winnicott y el psicoanalista húngaro.
La referencia, entre otras, alude a la importancia
del juego, "que ofrece una mediación
para la adaptación a las exigencias maternas",
y la "constitución del falso self".
El falso self, escribe Winnicott, se desarrolla "sobre
una base de sumisión" y "se organiza
para vigilar el mundo". En una concepción
que considera una cierta reactividad a una falla
del ambiente. Se trata en este punto, en otros
términos, del concepto winnicotiano de presión
ambiental (impingement) y de la respectiva necesidad
de reaccionar por parte del niño, concepción
notablemente atribuible al dominio del pensamiento
ferencziano. La noción, de madre no atendedora,
imprevisible (cuya no disponibilidad constituye
una reconocible marca de la falla del ambiente)
se puede asociar a la definición que Ferenczi
sugiere de lo "traumático", entendido
como aquello que es imprevisto, insondable e incalculable.
En
cuanto al concepto de verdadero self, éste
aparece extremadamente problemático de conceptualizar.
Masud Kan ha expresado sus dudas respecto a la
existencia de un verdadero self, y ha denunciado
los extremos de nihilismo e idealismo a los que
están dispuestos los antipsiquiatras Laing
y Cooper en sus pretensiones, definiendo como "mítico",
según Kan, " una personalidad (de un
self) verdadera y única". Más,
ni siquiera Winnicott escapa a la tendencia de
considerar el concepto de self, como "un estado
puro, no conflictual e idílico", e
incluso podemos agregar, que también, el
concepto de "niño" de Ferenczi
ha sido igualmente estigmatizado por los psicoanalistas
ortodoxos como reedición del niño
asexual precedente a la revolución freudiana,
un niño, por lo tanto, igualmente " mítico".
Winnicott
escribió, frecuentemente, en relación
al modo de manifestarse del verdadero self. Un
ejemplo de esta manifestación, de manera
disimulada, incomunicada, y sin embargo plena de
impulso, se puede encontrar en el rechazo a alimentarse.
En los casos más comunes, escribe Winnicott "se
observa un cierto sentimiento de futilidad por
una vida que viene sentida falsa, y la búsqueda
constante de una vida sentida como real, aunque ésta
tuviese significará llegar a morir, por
ejemplo, por inanición". De lo anterior,
es inevitable no evocar a aquel paciente griego
de Ferenczi cuyo "rígido aferrarse
a la técnica de la frustración" lo
llevó a proponer renunciar a alimentarse,
con el fin de acelerar su análisis. Ferenczi
intervino, solamente cuando el paciente llegó a
proponer el detener también la respiración.
Conjuntamente
a este caso del paciente griego, que contribuyó significativamente
en el cambio de rumbo terapéutico del psicoanalista
húngaro (el cual, al igual que Winnicott,
era muy proclive a aceptar enseñanzas de
sus pacientes), se pueden encontrar otros presagios
del concepto de "falso self", sobre todo
en los escritos del Ferenczi del último
tiempo, donde están sin duda las más
originales y fecundas ideas de los desarrollos
posteriores. En particular la distinción
winnicottiana, entre un verdadero self, incomunicable
y un falso self que se comunica sobre bases de
disimulo, o sea sin espontaneidad con el mundo
exterior (por ejemplo: adecuándose a requerimientos
genitales, aceptando pasivamente caricias y/o imposiciones
) hace pensar por una parte en la concepción
ferencziana de la confusión de las lenguas,
y por otra en la teoría de la seducción
traumática (recuperada por Ferenczi y reformulada,
a pesar del hecho de que Freud la había
abandonado hacia ya cierto tiempo). Considerando,
además todo un mundo de mentira como resultado,
por ejemplo de una sumisión al agresor por
identificación (Ferenczi dice: introyección),
y de una negación: de la razón, de
la propia experiencia, de las propias necesidades
y de la propia capacidad de percibir la realidad
con atribución de realidad a la percepción
manipulatoria del otro.
En
este sentido cabe revisar, el motivo que llevó Ferenczi
a pensar en lo necesario de la comunicación
de la propio experiencia contratransferencial al
paciente, practica en la cual Winnicott no lo ha
sido menos y que, adoptada de entre otras autores
tales como Sullivan y Frieda Fromm-Reichmann, ha
estado por ejemplo mediada por Searles. El hecho
es que, como sostiene Winnicott, "el paciente
puede apreciar en el analista solo aquello que él
mismo es capaz de sentir" y, si se trata para él
de aprender el odio, necesita que el analista lo
odie. La hipótesis subyacente es que la
madre odió al niño antes que éste
pudiese a su vez odiarla de vuelta, y antes todavía
de que pudiese saber que su madre lo odiaba. El
paciente necesita del odio para odiar y, escribe
Winnicott, "no se puede esperar que un psicótico
en análisis tolere su odio hacia el analista
hasta que el analista no sea capaz de odiar el
paciente". En el curso del análisis
que con él tuvo la psicoanalista Margaret
Little, sobre la cual me detendré más
adelante, Winnicott por ejemplo comunicó a
su paciente su genuina experiencia emocional: "Yo
verdaderamente odio a su madre".
En
referencia a cuanto se cuida Ferenczi, por la comunicación
de sus propios sentimientos en análisis,
incluyendo su propia agresividad, esta tiene que
ver, para él, con la necesidad de que el
paciente pueda volver a confiar en la naturaleza
de sus propias percepciones. Por ello, se pronuncia
contra aquello que llama "el odio inexpresado",
capaz de ocultar "más de una mala educación" y
lo hace enfatizando como la gentileza del médico
puede ser una hipócrita máscara detrás
de la cual se oculta el odio, desprecio por el
enfermo.
Como
lo ha comentado Searles, puede ocurrir por ejemplo,
que el paciente psicótico advierta en el
terapeuta la presencia de tendencias homicidas
respecto a él. Elizabeth Severn, por ejemplo,
la paciente y psicoanalista que Ferenczi llama "la
reina", percibía en éste la
tendencia a matar o torturar a los pacientes. Si
una percepción es real, al no recibir la
validación a nivel consciente, de la propia
percepción del terapeuta "el paciente
será llevado a alucinar una figura que tiene
tendencias homicidas", lo que evidentemente
tendrá consecuencias en el sentido de un
agravamiento de la fragmentación del Yo.
El "acting out" del paciente constituirá,
entonces, una respuesta "a los procesos inconscientes
del terapeuta" o "una expresión
vicariante de ellos".
La
comunicación realizada al paciente considera
también la admisión de los errores
cometidos por el analista, pues a partir del momento
en que el paciente los percibe, el analista no
puede cambiar los hechos, sin confundir posteriormente
los lenguajes, con la consecuencia de fragmentar
el paciente, de minar su confianza, y de comprometer
el trabajo analítico. Una vez más
las posiciones de Ferenczi y Winnicott resultan "concordantes".
Lo que también es aplicable a Searles, para
quien, por ejemplo, "es buena regla empírica
presuponer que cuanto más profundo es la
confusión del paciente, tanto más
acríticamente él considera omnisciente
a su terapeuta". Searles, cita concordantemente
en este caso las contribuciones de Leo Berman (para
el cual los errores "desarrollan probablemente
una función positiva en el proceso terapéutico",
lo que pone en condición el paciente de "apreciar
la realidad de una persona que se dedica si mismo,
a la tarea de ayudarlo a crecer y que si lleva
a si misma bastante bien a pesar de las evidentes
dificultades"), y a Ruth Lidz y T. Lidz (para
quienes "es posible que la fuerza que el terapeuta
debe transmitir al paciente deriva de su integridad,
que le permite no necesitar ser infalible").
Winnicott
pensaba que necesitaba dar cuenta de sus errores,
esto es utilizarlos con un propósito terapéutico.
Había descubierto, de hecho, que los pacientes
(él no se refería al caso específico
de los pacientes neuróticos, dotados de
un "yo intacto") se nutrían de
las carencias del analista, de sus errores "presentes" a
la medida de una carencia pasada, para poder expresar
en la situación "presente" y en
la "presencia " del analista toda su
cólera. Un error no reconocido, por el contrario,
no permitía la expresión de la cólera,
manteniendo bloqueado el proceso en el nivel de
la interrupción emocional del pasado, al
mismo modo en que, podemos decir, la resistencia
interrumpe el procedimiento analítico. Aquí se
puede comprender la afirmación de Lacan,
según la cual la resistencia del paciente
es en realidad la resistencia del analista.
Ferenczi
llegó hasta el punto de encontrar ventajoso
el cometer "cada tanto ciertos errores, para
poder luego reconocerlos abiertamente". Postulaba,
que el problema es que los pacientes, al menos
un cierto tipo de paciente "difíciles" no
contradicen a su analista, ni lo culpan por sus
errores; pero si se identifican con el analista,
el cual puede ser del todo inconsciente a la extrema
sensibilidad de sus pacientes (receptivos en extremo
de los deseos, simpatías y odios). Por esa
vía se puede provocar y mantener entonces
algo silenciado, no comunicado, entre paciente
y analista, de tal forma que mantiene en el paciente
la distorsión de sus percepciones (el analista
yerra = yo yerro), impidiendo la experiencia de
la confianza.
Ferenczi
descubre que comunicar al paciente los propios
errores, erradica el hábito de aquello que
llama "la hipocresía profesional",
y permite "soltar la lengua" al paciente
construyendo un ambiente de confianza. Es precisamente
tal construcción de la confianza lo que
le permite al paciente ver claramente un contraste
(allá donde primero había confusión), "entre
el presente y los intolerables pasados traumatógenos".
Análogamente
como hemos visto, se rige Winnicott, para quien
las fallas y los errores del analista constituyen
los activadores de un procedimiento que permite
al paciente llevar a cabo la falla originaria del
ambiente, y llevar a cabo por fin la paradoja en
virtud de la cual, tal como se indicó anteriormente "algo
que ahora debiera ocurrir, ya anteriormente había
sucedido".
Es
sobre este aspecto en particular, que se detiene
Peter Rudnytsky en su breve examen de las concordancias
ferenczianas de Winnicott: relación entre
recordar y realizar, el error del analista, el
concepto ferencziano de benevolencia materna (frente
a un paciente en trance que vuelve a ser un niño),
reformulado como ambiente en Winnicott. La ligazón
que, según Rudnytsky, parece establecerse
entre Ferenczi y Winnicott no es aquella de la
influencia del primero sobre el segundo, sino la
de una reformulación más metódica
realizada por el segundo que integra a la teoría
psicoanalítica contemporánea las
contribuciones del primero. Así si el concepto
ferenczianos de benevolencia materna, o sea de
la actitud materna que el analista tiene que asumir
en las confrontaciones del paciente profundamente
inestable, pareció demasiado radical y sospechoso
a los tiempos en que fue formulado, la reformulación
winnicottiana en términos de "ambiente
que contiene" le confiere al mismo un estatus
de aceptabilidad y de exactitud tal, que ha permitido
acercarlo a la atención de los psicoanalistas
de hoy.
Giorgio
Antonelli. en Rivista di Psicologia Analitica,
49, Roma, Astrolabio, 1994. Traducción:
Equipo Indepsi.
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