Un cambio crucial en la historia de la interacciónentre teoría y técnica en el área del Psicoanálisis
Anna Maria Accerboni Pavanello
Hacia el final del año 1922, en las páginas de la “Revista Internacional sobre Psicoanálisis”, aparecía la siguiente convocatoria de concurso firmada por Freud en persona:
“En el VII Congreso Internacional de Berlín, el abajo firmante ha propuesto instituir un premio para un ensayo dedicado al siguiente tema: La relación entre técnica y teoría psicoanalítica. Se debe indagar en qué medida la técnica ha influido sobre la teoría y hasta qué punto, en la situación actual, ésas se ayudan o se obstaculizan mutuamente...”(1)
Así, según la opinión de Freud, había llegado el momento de estimular oficialmente, a través de la creación de un premio, la reflexión critica sobre un tema que no podía ser evitado por más tiempo por parte de la comunidad analítica, en virtud de la importancia de sus implicaciones. La magnitud del premio (20.000 marcos)(2) y la insistente in certeza manifestada acerca de la naturaleza de la recíproca interacción, propuesta como tema de la investigación, revelan hasta qué punto se consideraba urgente la profundización de un problema, ya de por sí complejo y articulado, intrínseco a la naturaleza misma del Psicoanálisis considerada como ciencia y, al mismo tiempo, terapia.
En 1918, durante el Congreso de Budapest, que marcaba oficialmente la reanudación de la actividad después de la traumática pausa bélica, Freud, estimulado tanto por los experimentos de “técnica activa” de Ferenczi así como por la perspectiva de que el método psicoanalítico tuviera un empleo social, había llamado la atención sobre las nuevas posibilidades abiertas al psicoanálisis gracias a la evolución de la técnica(3). En cambio, cuatro años después, en el Congreso de Berlín, Freud, anticipando la tesis que habría expuesto en El yo y el ello, estimulaba, implícitamente, una revisión de la técnica que, tomando en consideración las nuevas hipótesis estructurales, habría estado dirigida, predominantemente, hacia el análisis de las resistencias y del carácter, teniendo como base el cada vez más desarrollado interés por el funcionamiento del EGO y de sus mecanismos de defensa. Además, en el ámbito institucional, con la apertura en 1920 del Policlínico de Berlín y en 1922 del Ambulatorio vienés, finalmente se había llegado a la ansiada formalización del procedimiento formativo que conduciría a la rediscusión del peso de la teoría y de la técnica y de su reciproca interacción en un programa orientado a la adquisición de la identidad profesional psicoanalítica.
Éste era el contexto en el cual venía a introducirse la convocatoria de concurso deseada por el mismo Freud; una convocatoria para un premio que vio en rivalidad a dos candidatos solamente, unidos, por añadidura, en el propósito: Sandor Ferenczi y Otto Rank. Ni Rank y mucho menos Ferenczi habían esperado ser estimulados por un premio para dirigir la propia atención hacia los problemas y las perspectivas que una evolución de la técnica analítica, sensible tanto a los progresos clínicos como a los teóricos, ponía sobre el tapete: Rank, al menos al inicio, por razones esencialmente didácticas ya que había sido encargado de organizar un seminario sobre la técnica de la interpretación de los sueños dirigido a un pequeño grupo de alumnos ingleses y americanos(4) y Ferenczi por su específico interés en el campo de la técnica que ya desde hacía algunos años lo había llevado a inventar modalidades de intervención “activa” siguiendo, no obstante, ciertas indicaciones de Freud(5), para desbloquear en los pacientes ciertas resistencias particularmente difíciles de precisar y de eliminar(6).
Amigos desde hacía mucho tiempo, Rank y Ferenczi hicieron converger sus intereses en una alianza de trabajo que desembocó en la publicación de una obra conjunta cuya gestación fue, más bien, larga y atormentada. La distancia entre Viena y Budapest influyó en alguna medida sobre la continuidad de este trabajo en colaboración, sin contar con los innumerables compromisos y ocupaciones individuales. Freud, al inicio, había visto con mucho beneplácito esta confraternidad científica entre dos de sus más dotados y cercanos colaboradores, considerando este hecho como algo muy prometedor. En Agosto de 1922 Freud escribía a Rank, que le había anticipado, de este modo, algunas tesis expuestas luego en el libro:
“Me alegro mucho por el estímulo que proviene de vuestro proyecto conjunto. Siempre he abrigado el temor de frenar a las personas que se hallan cerca de mí en relación a las tomas de decisión autónoma y me pongo contento cuando tengo la prueba de lo contrario. Algunas de las cosas que me ha comunicado no las entiendo todavía, otras me parecen demasiado duras, demasiados extremas o demasiado seguras. El hecho de reconducir todo bajo una óptica técnica conduce al descuido excesivo del hecho de que aún no se puede prescindir de la descripción reconstructiva (...). El complejo de la castración, desde el punto de vista descriptivo, no puede ser eliminado y ajusticiado así con tanta facilidad”(7). Evidentemente, Freud, a pesar de su apertura, había reaccionado, inmediatamente, con cierta alarma ante las propuestas de modificación de la técnica que, como en el caso de Rank, afectaba sensiblemente uno de los principios esenciales de la teorización freudiana.
Apenas un año después, en el mes de Agosto de 1923, Ferenczi y Rank, habiéndose establecido durante un mes en Collalbo en el Tirol, lograron terminar el libro cuyas tesis programáticas ya estaban implícitas en el solo título: Las perspectivas de desarrollo del Psicoanálisis era un libro valioso “en cuanto ofrecía una exposición brillante de numerosos aspectos de la técnica psicoanalítica pero había en él párrafos llenos de contradicciones y todo él parecía estar pregonando algo así como una nueva era del psicoanálisis” (Jones, Vida y obras de S. Freud, (1953), vol. III, pág. 67). Ferenczi y Rank pensaron que la obra podría ajustarse a la exigencia de la convocatoria de concurso instaurado por Freud, aunque después se desengañaron y desistieron del participar:
“Debido a que este tema (la relación entre teoría y técnica en el análisis) tocaba estrictamente los problemas tratados por nosotros, estuvimos muy cerca de lograr elaborar nuestras consideraciones en el sentido general con respecto al tema propuesto para el premio. (...) Sin embargo, no logramos el propósito de satisfacer la necesidad de dar un planteamiento más exhaustivo del problema; por lo tanto, tuvimos que renunciar a nuestra participación en el concurso que ha quedado, además infructuoso. Mientras tanto, hemos obtenido múltiples nuevos puntos de vista cuya elaboración hubo de ser prolongada hasta que fue posible concluir el trabajo en la forma como se presenta actualmente (...)” (Ferenczi y Rank, 1924, pág. 1, traducción al italiano de la autora; al español, de la traductora).
Así, el premio no fue asignado y el libro, debido a aquellos nuevos puntos de vista a los cuales hace referencia en el prefacio, que además, quizá por una renuencia cautelosa, no están explicados del todo en la obra, tuvo un efecto agitador de resonancia en el ambiente psicoanalítico. Surgieron inquietudes que no podían ser sosegables y graves divergencias entre los exponentes del movimiento que pusieron en entredicho la sobrevivencia del “Comité”, aquella Junta Directiva Internacional sobre la cual Freud contaba mucho para la gestión y la tutela de la causa analítica.
Es hacia el final del año 1923 que explota la “tempestad” de Berlín, es decir, la toma de posición rígida y más bien dura de los berlineses en relación con las tesis de Rank y de Ferenczi, consideradas como alejadas de las normas para entonces dominantes. Inmediatamente después de la publicación de las Perspectivas de desarrollo del Psicoanálisis, Rank, además, había entregado a la imprenta otra obra, El trauma del nacimiento, en la cual se explicaban los presupuestos teóricos sobre los cuales el autor basaba sus propuestas para la modificación de la técnica; en cambio, fueron diferentes las premisas teóricas de las cuales había partido Ferenczi en sus innovaciones técnicas, aunque se halló de acuerdo con Rank en el plano teórico. Todo esto derivó en el sacrificio de la claridad y complicó la posición de ambos autores atacados en la polémica que se desencadenó.
Durante las vacaciones de Navidad de 1923, Hans Sachs, ya residenciado en Berlín, durante un encuentro con Freud en Viena vino a saber de las incertidumbres manifestadas por el maestro vienés en relación con la teoría de Rank y con las innovaciones técnicas propuestas en las Perspectivas. Inmediatamente, informó de esto, en forma epistolar, al grupo berlinés, consolidando así su precedente postura critica. Para calmar los ánimos, Freud asumiendo oficialmente una posición, escribió una carta/circular dirigida a todos los miembros del Comité(8). En la carta, tras haber constatado “no sin sorpresa, que, las recientes publicaciones de nuestros Ferenczi y Rank (...) han suscitado muchas desagradables y encendidas discusiones” y haber precisado que no pretendía de los propios colaboradores el sacrificio de la autonomía de investigación, a condición de que “ninguno de nosotros abandone el terreno común de las premisas del Psicoanálisis”.
Freud, con su perspicacia, había dado en el blanco: en la obra se presentaban renuencias que impedían comprender si las ansiadas innovaciones en la técnica, más como propuestas que como elementos ampliamente desarrollados, se hicieran valer por sí mismas, o sea, para lograr mejores y más amplios resultados y, contemporáneamente, una disminución del tiempo necesario para la curación, o más bien fueran derivados de un nuevo planteamiento teórico no declarado en forma explícita. En fin, se trataba de discutir si las modificaciones técnicas, no tan superficiales después de todo, propuestas por Rank y por Ferenczi dejaban invariado el cuadro teórico de referencia o si, en cambio, lo invalidaban.
Freud, como se verá, se mostraba más transigente en comparación con la intransigencia desmostada, sobre todo, por Abraham y por Jones en el tratar de encontrar, de todas maneras, una compatibilidad, sea en el caso de una autonomía a nivel de propuestas técnicas como en el de una propia derivación directa en cuanto a nuevos puntos de vista. Las reacciones intransigentes del Comité de las cuales se hizo intérprete Abraham a través de una carta, se hicieron sentir sin falta. En la carta de tonos un poco velados, el analista berlinés afirmaba que estaba muy preocupado porque “advertía signos de un proceso fatal que interesaba a cuestiones vitales del psicoanálisis”. Incitado por Freud para que precisara mejor sus inquietudes, Abraham las explicaba diciendo “que en los dos libros en cuestión veía los signos de una regresión científica que se asemejaba mucho a la de Jung, doce años atrás”(9). Dada la gravedad, el Comité debía reunirse para discutir del asunto lo más pronto que fuera posible y, de todas maneras, antes del próximo Congreso Internacional que se habría llevado a cabo en Salzburgo en el mes de Abril. Intervino también Sachs sosteniendo las posiciones asumidas por Abraham aunque con la intención de sostener a Freud para llegar a una conciliación que, desde el punto de vista de los berlineses, suponía, de todas maneras, que Rank y Ferenczi se demostraran más disponibles a aceptar críticas. Rank y Ferenczi, una vez que supieron qué se estaba diciendo de ellos, pasaron al contraataque. Ferenczi, en una carta, manifestó a Freud todo su resentimiento y su amargura:
“Rank me ha comunicado el contenido del último coloquio sostenido con Usted. El paso que cumplió Abraham me ha deprimido mucho y no sólo eso, además porque siempre he advertido detrás de su cauta gentileza los signos de una ambición excesiva y de envidia. Ahora estas pasiones lo han enceguecido a tal punto de atreverse -contra cualquier razonamiento - a calificar el trabajo conjunto y El trauma del nacimiento como expresiones desviadas. No ha tenido el coraje de agredirnos, dirigiéndose abiertamente a nosotros sino ha esperado -nuevamente con la máxima prudencia- hasta que, por algunas frases de su carta/circular, tuvo la impresión, que considero equivocada, de que Usted no estaba plenamente de acuerdo con los planteamientos desarrollados en las dos obras en cuestión, juzgándolos peligrosos. Sin embargo, con este comportamiento, él ha marcado abiertamente el destino del Comité”(10).
Si Ferenczi había reaccionado, en un momento de gran exasperación, con un juicio poco halagüeño y no del todo objetivo en relación a Abraham, es también evidente que el analista berlinés -sin importar qué podía agregar Jones en su reconstrucción, claramente, parcial de los hechos(11). no se había comportado correctamente, escogiendo una vía alternativa para expresar sus dudas y sus recelos. Por otra parte, Abraham había intervenido porque, aparte las presiones de Jones quien tramaba a escondidas, se había sentido involucrado en el hecho en modo directo. En efecto, en las Perspectivas de desarrollo, Rank y Ferenczi critican abiertamente ciertas tendencias excesivamente teorizantes, fácilmente inidentificables en la posición teórica del líder fundador de la escuela berlinesa. La referencia a Abraham y a la excesiva importancia atribuida por él a las diferentes fases de la organización de la libido, es aún más evidente. Ya era claro que no se contraponían, solamente, puntos de vista sino que también estaban en discusión temperamentos, sensibilidades e intereses muy diferentes entre si. La armonía que había reinado durante diez años en el Comité se estaba resquebrajando seriamente, provocando gran preocupación en Freud dispuesto, incluso, a aceptar lo inevitable: “Bien lo sé -escribe Freud a Ferenczi el 20 de Marzo de 1924 después de haber declarado de no querer conmoverlo apoyándose en su posición para inducirlo a tomar determinadas decisiones para salvar al Comité- lo ido está ido y lo perdido, perdido. He sobrevivido al Comité, que debió reemplazarme; quizá sobreviviré a la Asociación Internacional. Cabe esperar que el psicoanálisis me sobreviva. Pero de todos modos es éste un final sombrío para mi vida”(12). El Comité, en realidad, no se disolvió porque las cosas, al menos parcialmente, se resolvieron. Ferenczi y Rank rechazaron todo tipo de enfrentamiento preliminar en torno a sus dos obras puestas bajo acusa, no permitiendo que se convirtieran en argumento de discusión durante el siguiente Congreso Internacional, previsto para el mes de Abril de ese año en Salzburgo. Rank, cuya participación se mantuvo en duda hasta el último momento, apenas se hizo ver en el Congreso ya que estaba por partir hacia América. Freud, por motivos de salud, no pudo intervenir a pesar de que estaba muy preocupado por el cariz que habrían adquirido los acontecimientos después de que Rank, a través de una carta/circular, había comunicado que el Comité debía considerarse disuelto. En cambio, Ferenczi se mostró más conciliador aunque sin presentarse en Canossa, tal y como en su reconstrucción Jones había insinuado(13), por lo que fue “restablecida una cierta armonía”, poniéndose de acuerdo para lograr mantener vivo al Comité.
Tras esta reconstrucción de las repercusiones, más bien traumáticas, que la publicación de las Perspectivas de desarrollo tuvo sobre la estabilidad del movimiento psicoanalítico, que para bien o para mal estaba constituido por hombres con sus limitaciones y sus pasiones(14), había llegado la ocasión de detenerse por un momento para examinar las tesis del libro, sobre todo en relación a los desarrollos posteriores que estas tesis tendrían en las obras sucesivas de Rank y Ferenczi, cuyos caminos se separarían, llevándoles hacia direcciones diversas.
Es importante decir -antes de entrar en la esencia de los contenidos del libro- que las Perspectivas de desarrolloestán escritas en un alemán no fácil (sobre todo los capítulos de Rank), defecto éste que se agrava en la versión inglesa dada la incorrecta traducción. Esto explica, al menos en parte, la poca fortuna del libro, ya del todo olvidado, y desconocido, incluso, por el público aficionado al Psicoanálisis. Además, en vista del desorden emotivo suscitado por la obra y las polémicas que siguieron a ello, pasó casi totalmente inobservado el hecho de que contenía dos importantísimas ideas nuevas: Una era que todo aquello que sucede en la situación analítica debe ser considerado, antes que nada, como un fenómeno del TRANSFERT, una combinación que va del hecho de repetir algo del pasado, al reaccionar ante algo en una situación actual; la otra idea era que con la finalidad de comprender los fenómenos del TRANSFERT, se debería dedicar una mayor atención a las formas primitivas de las relaciones, como por ejemplo el de una madre y un niño” (Balint, 1967, pág. 173).
En la introducción, hecha conjuntamente, Ferenczi y Rank descubren inmediatamente sus cartas, indicando en qué dirección debía moverse la renovación de la técnica ya por ellos deseada:
“Tomaremos como punto de partida el último artículo técnico de Freud, Rememoración, repetición y reelaboración (1914), en el cual atribuye una importancia incomparable a los tres factores enumerados en el título; la rememoración es obtenida por el verdadero objetivo del trabajo analítico, mientras que el deseo de repetición en el lugar de la rememoración es considerado como un síntoma de resistencia que es preciso evitar. Desde el ángulo de la compulsión de repetición, es absolutamente inevitable que en la cura el paciente repita los fragmentos completos de su evolución y, como la experiencia lo ha demostrado, precisamente los fragmentos inaccesibles en forma de rememoración: (...). Estas consideraciones han hecho aparecer la necesidad práctica no sólo de no impedir las tendencias a la repetición en el análisis, sino incluso de favorecerlas a condición de saber dominarlas, porque de otra forma el material más importante no puede ser ni liberado ni liquidado. (...). Finalmente, el papel principal en la técnica analítica parece, pues, corresponder a la repetición y no a la rememoración. No se trata en absoluto de limitarse a dejar que los afectos se pierdan en una humareda de “vivencias”; esta repetición consiste, como más tarde detallaremos, en permitir primero estos afectos para liquidarlos luego progresivamente, o también en transformar los elementos repetidos en recuerdo actual” (Ferenczi, “Perspectivas de desarrollo del Psicoanálisis” en Obras Completas, vol. III, págs. 269-270).
Aclaradas las premisas de su discurso, Rank y Ferenczi en los dos sucesivos capítulos se separan, uno reservándose la parte propositiva, el otro, la crítica. En el segundo capítulo dedicado a la situación analítica, Rank se asume la difícil tarea de describir, paso a paso, el desarrollo del tratamiento, que en cada análisis individual no haría más que reproducir exactamente la específica evolución de la libido del paciente acompañado de sus confusiones. Si el análisis se formula como un “proceso capaz de reproducir adecuadamente el decurso de la libido con la finalidad de corregir las desviaciones neuróticas”, entonces toca al analista, en una primera fase, mantener, en su papel de “objeto o, mejor dicho, fantasma”, un comportamiento suficientemente pasivo para facilitar tal discurso. En cambio, en un segundo momento, cuando sea necesario corregir ciertos giros neuróticos, el analista, debería, a juicio de Rank, intervenir “activamente” como “catalizador” del proceso. Al inicio del tratamiento surgirían, esencialmente, recuerdos preconscientes mezclados con los ideales y con las peculiaridades del carácter del paciente, por lo que se trataría de trabajar sobre las defensas del EGO. Una vez resuelta esta primera dificultad y sólidamente establecida la memoria del TRANSFERT, uno se halla en la necesidad de enfrentarse con “la segunda resistencia de todo análisis, la resistencia de la libido; es decir, con el reconocimiento de la imposibilidad de realizar el deseo infantil”. (Ferenczi y Rank, 1924, pág. 24; traducción en italiano de la autora y en español, de la traductora). Sólo a este punto el TRANSFERT pasaría de ser un necesario medio auxiliar del analista para convertirse en el propio objetivo específico y como tal debería ser explicado al paciente. Pero las tendencias que actúan en el TRANSFERT serían accesibles, inicialmente, sólo a través de “la reproducción de situaciones que, de otro modo, nunca se habrían concientizado”. Con la ayuda de estas experiencias vividas, se podría decir que el paciente puede recuperar la actualidad de sus recuerdos “sustituyendo los complejos patógenos excluidos, hasta aquel momento, por los demás contenidos de la conciencia”. Una vez reactualizados en el bagaje vital, podrían hacerse concientes trasladándose al recuerdo:
“Queda así pues, en última instancia, como factor resolutorio de la cura el hecho de poder recordar que consiste simplemente en la transformación de una modalidad orgánica de repetición, o sea, la reproducción, en una psíquica, o sea, el recuerdo, que es una forma memorística de la coacción a la repetición. Al mismo tiempo, debe ser aclarado cómo el estado de privación de la libido en el análisis, que en efecto representa para el paciente la repetición del trauma, sea inevitable para alcanzar la persuasión que sana” (Ferenczi y Rank, 1924, pág. 28; traducción al italiano de la autora; al español, de la traductora).
En el momento disolutivo y más delicado del tratamiento, cuando el paciente debe, definitivamente, renunciar a la posibilidad de satisfacer el deseo infantil dentro de la relación de TRANSFERT, el analista debería intervenir en manera activa para facilitar la eliminación del TRANSFERT fijando términos para la conclusión del tratamiento. Esta estrategia sería necesaria para movilizar en el EGO del paciente aquellas fuerzas sin las cuales la última tarea de la cura, “el desacostumbrarse al análisis”, resultaría imposible.
(…falta una pagina….) cura -como se procede con la intervención oportuna y precisa de un quirurgo que sabe, exactamente, dónde debe hacer la incisión(15).
Ferenczi, que en el capítulo tercero de las Perspectivas de desarrollo considera el problema de la evolución de la técnica en una óptica histórico-crítica, suponiendo que “todo el conjunto de las técnicas imperfectas – presentadas por él en serie(16) -corresponde a las varias éstasis en el desarrollo del conocimiento analítico”, no podía permanecer impasible ante las hipótesis sugeridas por Rank. En una carta a Freud, a modo de explicación, y durante el pleno desarrollo de la polémica desencadenada por la publicación de las Perspectivas de desarrollo, Ferenczi aclara de este modo su posición, tras haber precisado que supo de la tesis de Rank sólo durante la redacción de su libro:
“En cuanto al valor terapéutico de la toma en consideración del trauma, ciertamente no se podrán manifestar certezas, como vosotros mismos decís, antes de que haya trascurrido un cierto tiempo (es sorprendente el hecho de que los berlineses hayan podido formular un juicio en tan poco tiempo). Pero el valor teórico es indudable. Yo mismo no puedo prescindir de esta indicación de remontarme al trauma del nacimiento; yo diría que es el material mismo el que me obliga, actualmente, a hacerme ciertas ideas en lo que se refiere a la relación entre el trauma y la fuerza traumática del complejo de Edipo”.
Ferenczi había llegado a esta convicción, incluso por cuenta propia en otro terreno: el filogenético. En la obra que quizás se mantiene como su obra más original, Versuch einer Genitaltheorie, mejor conocida como Thalassa, había sugerido la hipótesis -madurada desde hacía tiempo, en autonomía, aunque coexistiendo con la de Rank- de que el trauma ontogenético del nacimiento no haría otra cosa que reproducir las catástrofes biológicas de la filogénesis.
Del aspecto relativo al coito, en el cual, desde el punto de vista del inconciente, se realizaría la fantasía incestuosa edípica, Ferenczi dice que “llegamos a la conclusión de que toda esta evolución, comprendido el coito, sólo puede tener por objetivo una tentativa del EGO, primero dudosa y torpe, luego cada vez más decidida y por último particularmente acertada, de retornar al cuerpo materno, situación en que la dolorosa ruptura entre el EGO y el entorno aún no existía” (Ferenczi, “Thalassa” en Obras Completas, (1924), págs. 18-19). Una estrecha relación perecía establecerse, pues, entre la angustia del nacimiento y la de la castración edípica. Freud estaba dispuesto, incluso, a reconocerlo si, en ese caso, no se ponía en discusión la prioridad de la angustia, producto de la castración, en la estructuración de la neurosis(18). Ferenczi, a pesar de que estaba convencido de las implicaciones, sobre todo clínicas, de aquellas intuiciones de Rank que coincidían con las suyas, estaba preocupado por asegurar a Freud toda su fidelidad hacia su postura ideológica. En otra carta, siempre del mismo período, defendiendo las dos propuestas técnico-innovativas más inquietantes de las Perspectivas de desarrollo, a saber, la reducción del tiempo de la curación y la reutilización de la hipnosis con el objetivo de actualizar las experiencias emotivas, Ferenczi precisa que no creía que se estuvieran construyendo así adecuadas trayectorias que “convenían más a los intereses de viajeros de comercio”(19), porque ni Rank y menos aún él habrían imaginado abandonar el sólido terreno de la enseñanza freudiana. En cambio, Rank ya estaba a punto de abandonar el terreno de la ortodoxia en tanto que Ferenczi, quien mientras tanto se había distanciado de las posiciones del amigo(20), tras una larga y sufrida colaboración, habría llegado a conclusiones completamente diferentes en relación a la naturaleza e incidencia del trauma originario y a su posibilidad de curación a través del tratamiento.
En el XI Congreso Internacional de la Asociación Psicoanalítica que se llevó a cabo en Oxford en el mes de Agosto de 1929, Ferenczi presentará en su escrito titulado Principio de relajación y neocatarsis, que habría debido titularse, inicialmente, Progresos de la técnica analítica, los nuevos puntos de vista adquiridos:
En Ferenczi el cuestionamiento lo llevó a plantearse la elasticidad de la técnica psicoanalítica. Su dialéctica fue planteada entre la pasividad benevolente de la técnica freudiana y la actividad guiada por la simpatía. Su conclusión fue que la reactivación de los traumas infantiles en la situación analítica permanecía incurable, si el analista no era capaz de modificar su fría y objetiva contratransferencia al aparecer la compulsión de repetición. Sostiene que en esos momentos el paciente espera y precisa del analista la actitud de un adulto afectuoso hacia un niño sufriente. Pero, así como en su historia traumática los adultos no habían podido hacerse cargo de su responsabilidad en el dolor causado al niño, el analista insensible, escudado en la regla de abstinencia, se desentendía de su participación en el dolor actual del paciente, repitiendo la situación infantil.
Ferenczi ya estaba convencido de que en el origen del sufrimiento neurótico subyaciera un trauma realmente vivido, cuya incidencia era directamente más tangible que el trauma del nacimiento. El analista, absolutamente, debía evitar reactualizar tal trauma con una conducta inoportuna, como aquélla propugnada por Rank en cuanto a fijar drásticamente el límite final de la curación para cortar el nudo gordiano constituido por la relación con el analista madre:
“He descubierto que el traumatismo es mucho menos a menudo la consecuencia de una hipersensibilidad constitucional de los niños, (...), que un tratamiento verdaderamente inadecuado e incluso cruel” (Ferenczi, (1929), “Principio de relajación y neocatarsis” en Obras Completas, vol. IV, pág. 103).
Sin embargo, en la medida en que los neuróticos han quedado, cada vez más, como niños porque los efectos del trauma perduran a nivel profundo, así “aumenta la necesidad, por parte de ellos, de ser adoptados formalmente: por ello, deberíamos asegurarles, finalmente, las ventajas que ofrece una normal habitación para niños” (Ferenczi, 1929, pág. 396). En sus últimas propuestas, Ferenczi había emprendido un camino tan innovador que lo habría expuesto, como sucedió con los científicos que por primera vez emplearon los rayos X, al peligro de quedar contaminado por las radiaciones mortales, o quedar atrapado en su propia estrategia terapéutica(21). Freud y el establishment psicoanalítico quisieron ver en sus propuestas los signos constantes de una degeneración imputable a la enfermedad que algunos años después habría llevado a Ferenczi a la muerte. Más allá del carácter tendencioso de este juicio(22) que Jones trató de sostener en todos los modos posibles, lo que queda es el coraje y la fuerte tensión innovadora de los últimos escritos de Ferenczi; tensión que, tal como se ha visto, constituyó, también, el origen de aquella obra sobre la técnica analítica, escrita en común con Rank, cuyo título, en base a los conocimientos actuales, no habría podido ser más adecuado.
Autora: Anna Maria Accerboni Pavanello.
Traductora al español: Marianella Margarita Rodrígez.
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Notas:
1.- S. Freud,Preisauschreibumg, “Internationale Zeitschrift fur Psycoanalyse” IX, 1922, pág. 527.
2.- El premio había sido instituido con el fondo puesto a disposición por el magnate húngaro Anton von Freund, generoso mecenas del movimiento psicoanalítico. El premio que tenía periodicidad anual, inicialmente fue reservado a dos obras de argumento psicoanalítico: una acerca del psicoanálisis clínico y la otra sobre psicoanálisis aplicado. En 1920 el premio para ambos sectores del análisis fue asignado a K. Abraham y a E. Simmel y en 1921 a A. Starcke y a G. Roheim, respectivamente.
3.- Cfr. S. Freud, Nuevos caminos de la terapia psicoanalítica (1918), Obras Completas, Buenos Aires, Amorrortu Editores, 1976.
4.- Cfr. O. Rank, Die analitische Situation illustriert an der Traumdenutungstechnik, Leipzig u., Wien, F. Deuticke, 1926, págs. 3-4.
5.- En Nuevos caminos de la terapia psicoanalítica, ponencia con la cual Freud abrió los trabajos del Congreso de Budapest, hay una explicita referencia a las nuevas posibilidades abiertas al psicoanálisis gracias a las modificaciones de la técnica: “Por eso el desarrollo de nuestra terapia emprenderá sin duda otros caminos, sobre todo aquél que Ferenczi, en su trabajo Technische Schwierigkeiten einer Hysterieanalyse (1919), ha caracterizado recientemente como la “actividad” del analista. Pongámonos rápidamente de acuerdo sobre lo que debe entenderse por esa actividad. Acotamos nuestra tarea terapéutica por medio de estos dos contenidos: hacer conciente lo reprimido y poner en descubierto las resistencias. Por cierto que en ello somos bastantes activos. Pero, ¿debemos dejar luego al enfermo librado a sí mismo, que se arregle solo con las resistencias que les hemos mostrado? ¿No podemos prestarle ningún otro auxilio que el que experimenta por la impulsión de la transferencia? ¿No parecería lo indicado socorrerlo también trasladándolo a la situación psíquica más favorable para la tramitación deseada del conflicto? (…). Notan ustedes que se nos abre aquí un nuevo campo para la técnica analítica, un campo cuya elaboración requerirá empeñarse a fondo y dará por resultado unos preceptos muy precisos” (ob. Cit., en Obras Completas, vol. XVII, págs. 157-158).
6.- S. Ferenczi, dedicó a la técnica “activa” seis artículos, aparecidos entre 1919 y 1925: Dificultades técnicas en el análisis de un caso de histeria (1919); El problema de la influencia del paciente en el curso del análisis (1919); Ulteriores extensiones en la aplicación de la técnica activa (1920); Las fantasías inducidas (1923); Psicoanálisis de las costumbres sexuales (1925) y Contradicciones de la técnica activa (1925). Cfr. S. Ferenczi, Obras Completas, Madrid, España-Calpe, 1981.
7.- Carta de S. Freud a O. Rank del 9 de Agosto de 1922 (traducción en italiano de la autora y en español de la traductora). Otto Rank Collection, Columbia University, New York.
8.- El intercambio de cartas/circulares entre los miembros constituyentes del “Comité” inició en 1920 después del Congreso del Haya. Las cartas trataban, fundamentalmente, de problemas de índole editorial y de la organización interna del movimiento psicoanalítico (cada miembro del “Comité” informaba acerca de la situación específica de su grupo). De cada carta oficial, el emisor expedía tres copias (si la expedición se realizaba desde Viena, las tres copias se destinaban a Berlín, Budapest y Londres, las ciudades en donde vivían los miembros no vieneses del “Comité”. Igual criterio se adoptaba si la carta era enviada desde las otras tres ciudades ya mencionadas). La correspondencia privada venía adjunta en sobre separado. Las cartas de Rank, quien era el secretario de la Asociación vienesa, eran contrafirmadas por Freud. (Cfr. E. J. Lieberman, Acts of Will . The life and work of Otto Rank. The free Press, New York, 1985).
9.- Cfr., E. Jones, ob. Cit., pág. 75.
10.- Carta de S. Ferenczi a S. Freud del 18 de Marzo de 1924 (traducción en italiano de la autora y en español de la traductora), Otto Rank Collection Columbia University, New York.
11.- Cfr. En E. Jones, ob. Cit., vol. III, el capítulo “Desacuerdos”.
12.- Carta de S. Freud a S. Ferenczi del 20 de Marzo de 1924 citada por E. Jones en ob. Cit., vol. III, pág. 77.
13.- Cfr. E. Jones, ob. Cit., vol. III, pág. 88.
14.- Rank, en una carta enviada a Freud en Agosto de 1924, cuando ya sus relaciones con el Comité estaban irremediablemente perjudicadas, no titubea en atribuir al elemento humano el origen de las dificultades atravesadas por el movimiento psicoanalítico: “No debemos olvidarnos de que el movimiento psicoanalítico, como tal, es una ficción. En cambio, no se considera ficción a los hombres que constituyen un movimiento. En relación a las personas que ofrecen su obra en pro del movimiento psicoanalítico -a decir verdad- no tengo consideración alguna” (traducción en italiano de la autora y en español de la traductora). Otto Rank Collection, Columbia University, New York.
15.- Rank recurre al paragón del quirurgo en una carta a Freud del 20 de Marzo de 1924: “Pienso que el análisis terapéutico (...) sea una intervención operativa que puede ser llevada a conclusión en un tiempo inconmensurablemente más breve, de manera que el paciente no ceda durante la intervención. Ciertamente, esta incisión quirúrgica es posible sólo si se sabe precedentemente, o se puede establecer rápidamente, dónde se halla la verdadera localización del mal. Después de todo, no es tan importante, tratándose sólo de un problema a nivel técnico, saber a qué profundidad está situada la raíz. Creo que convendrá conmigo en que el trauma del nacimiento, la unión precoz con la madre, hasta el trauma de la deshabituación así como también el sexual, pertenecen a los estratos más profundos en los cuales, después de todo, podemos penetrar” (traducción en italiano de la autora y en español de la traductora). Otto Rank Collection, Columbia University, New York.
16.- Es ésta la secuela de las técnicas que se mostraron inadecuadas, señaladas por Ferenczi: el análisis descriptivo, la recolección de las asociaciones, el fanatismo interpretativo, el análisis de los síntomas, el análisis del complejo y el relieve particular dado al de castración, la excesiva consideración de los sistemas de organización de la sexualidad, el empleo didáctico del análisis, el uso equivocado del TRANSFERT y la incomprensión de la dinámica de las resistencias (Cfr., Perspectivas de desarrollo del Psicoanálisis, cit., págs. 178-191)
17.- Carta de S. Ferenczi a S. Freud del 14 de Febrero de 1924 citada por Ilse Grubrich-Simitis en Six Lettres relatives au rapport réciproque entre Théorie et Technique Psychanalytiques, 88, París Le Coq Héron, 1983, pág. 28.
18.- En una carta dirigida a Ferenczi con fecha del 26 de Marzo de 1924, Freud aclara sus incertezas de este modo: “…En contra de esto están dirigidas mis objeciones. Se podría discutir acerca de si el trauma del nacimiento actúa no en el sentido ontogenético sino filogenético -y aquí se presenta el enganche con su Genitaltheorie (de Ferenczi) que él (Rank) parece evitar -. Aquí, como en otros puntos, está el límite de la impracticable concepción de Rank, en relación al hecho de determinar si semejantes equívocos deben ser evidenciados o no. Él afirma, aunque -creo- nunca en forma explícita, que quiere poner, desde el punto de vista etiológico, el trauma en el lugar del complejo de Edipo (todos los indicios parecieran indicar esta tendencia). Por otra parte, Usted en su carta concluye, directamente, que el complejo de Edipo obtiene su fuerza dinámica del trauma del nacimiento. De esto deriva la más decisiva de las contradicciones. Según su punto de vista (Ferenczi), orientado en sentido filogenético, de todas maneras, se vuelve nuevamente hacia el aspecto de la sexualidad” (traducción en italiano de la autora y en español de la traductora). Otto Rank Colection, Columbia University, New York.
19.- Cfr. Carta de S. Freud a S. Ferenczi del 4 de Febrero de 1924, citada por Ilse Grubrich- Simitis, en Six Lettres, citada.
20.- Cfr. S. Ferenczi, “Crítica de la técnica psicoanalítica di Rank”(1927) en Obras Completas, Madrid, Espasa-Calpe, 1981.
21.- Junto al principio de distensión, el último Ferenczi propone, como estrategia terapéutica, el análisis recíproco, por lo cual el paciente y el analista se intercambian los roles, a turno. Cfr., el Diario clínico (1932), Milano, Cortina, 1988.
22.- Los alumnos de Ferenczi que más le estuvieron cerca durante la última etapa de su vida, en particular M. Balint, C. M. Thompson e I. Hermann, intervinieron para protestar en contra de las afirmaciones de Jones sobre la involución intelectual, debida a la enfermedad, del Ferenczi del último periodo. Según el testimonio de estos alumnos suyos, Ferenczi mantuvo, hasta el último instante, toda su lucidez mental.
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