Dra.
Sonia Abadi. Argentina
¿Cómo iniciar
un diálogo entre Ferenczi y Winnicott?, ¿Cómo
dialogar con cada uno de ellos desde esta preocupación
compartida, el deseo de curar?.
Me encontré revisando
sus obras, marcando citas. Y de pronto sentí que
no me encontraría no con uno ni con el otro
haciendo una disección de sus teorías,
sino abarcándolos como un todo en mi regazo
mental, y los pude ver experimentando, sufriendo, sintiendo.
Ferenczi, hipersensible, apasionado,
entrañable. Winnicott, creativo, soñador,
entre juicioso e inquieto, pero ambos unidos por una
inmensa curiosidad, a veces dolorosa, a veces deslumbradora.
Y los pude reconocer como hijos de mi misma apasionada
curiosidad, y a la vez reconocerme hija de esa pasión
por el asombro.
Así, tras mucha lectura
aplicada de la obra de estos dos exploradores, descubrí que
el modo de acercarme a ellos y conocerlos sólo
era válido y posible desde mi propia relación
subjetiva con cada uno.
Me preguntaba ¿si no
pongo citas, fechas, conceptos teóricos, cómo
demostrar a mis colegas que conozco profundamente a
estos autores? Y sin embargo, estoy segura de que quienes
los conocen los reconocerán.
Siendo Ferenczi un hombre apasionado
con un pensamiento brillante y ávido de experiencia,
era inevitable que explotara, junto con los límites
del análisis, sus propios límites.
Curar, curarse, saber, sentir,
comprender, formar parte de su original aventura en
relación al psicoanálisis. Como muchos
pioneros, experimenta sobre sí mismo los efectos
de sus descubrimientos, a veces patético en
sus excesos, pero siempre provocador.
En cierto sentido, Ferenczi
fue un mártir del psicoanálisis, entrampado
en una intensa transferencia con un Freud autoritario,
terminó siendo marginado por los seguidores
más ortodoxos de Freud y despertó en él
una intensa ambivalencia.
El maestro no le permitió su
originalidad ni el atrevimiento más allá de
los límites que él mismo se había
impuesto o que quizá no supo trascender.
En su Diccionario del psicoanálisis,
Elizabeth Roudinesco describe a Ferenczi como “un adepto
de la medicina social. Siempre dispuesto a ayudar a
los oprimidos, a escuchar a las mujeres desesperadas
y a aliviar a los excluidos y a los marginales”, Dirá: “de
una curiosidad insaciable, Ferenczi se interesó durante
toda su vida por múltiples formas de pensamientos,
de las más científicas a las más
irracionales.”. Y más adelante: “ Más
intuitivo, más sensual y más femenino
que Freud, Ferenczi busca en el psicoanálisis
el medio de aliviar el sufrimiento de sus pacientes.
Está pues menos atraído por las grandes
hipótesis generales que por cuestiones técnicas”.
El punto de partida de Winnicott
es bien diferente. Nace cuando la “familia” psicoanalítica
ya estaba constituida, con un Freud más abuelo
mítico que padre severo, y esto le brinda una
libertad, que si bien es en gran parte una característica
personal, es también un lugar transicional manos
exigido, menos presionado por la batallas de la conquista.
Y además, ¿cómo olvidar que, reconocido
o negado, el propio Ferenczi le abrió el camino
a Winnicott, y se lo ve aparecer entre bastidores en
muchos de sus textos?
Pero más aún,
me atrevería a decir, leyendo la biografía
y la obra de ambos, que siguiendo aquello que Freud
llamó lo constitucional, nos encontramos ante
dos hombres constitucionalmente diferentes.
Allí donde Ferenczi muestra
un temperamento trágico, Winnicott juega con
lo dramático. Ferenczi es pasional, Winnicott
es cálido. Sabemos que ambos están marcados
por su historia infantil, más traumática
la de Ferenczi, más apacible la de Winnicott.
En ambos la pasión terapéutica.
Sin embargo, la furia terapéutica de Ferenczi
se aproxima a la reivindicación de los desposeídos.
La vocación terapéutica de Winnicott
está más cerca de la generosidad y la
consideración por el otro de los privilegiados.
Culturalmente, Ferenczi es atravesado
por la pasión trágica del pueblo húngaro;
Winnicott se ubica en ese lugar de seguridad de “tener
un lugar en el mundo” característico del pueblo
inglés.
Y aquí llegamos al punto
central de mi tesis: dos hombres sensibles, con una
intensa pasión por curar y una profunda honestidad
intelectual y científica se encuentran entrampados
en el inevitable poder que otorga al terapeuta la situación
analítica. Con diferentes términos, uno
y el otro hablarán de asimetría de la
relación, de insensibilidad del analista, de
exponerse y no exponerse, de dependencia y confianza.
Y se preguntan cómo superar las barreras que
el encuadre analítico impone al necesario encuentro
entre dos seres. ¿Cómo asumir una empatía
que no sea un simple artificio? ¿Cómo
comprender al otro más allá de una posición
de superioridad benevolente?
I.- La Psicopatología
que desafía a la técnica
A lo largo de sus escritos teóricos
y clínicos se hace evidente que para Ferenczi
la preocupación son los pacientes graves: borderline
y psicóticos. En una breve síntesis se
podría decir que más allá de la
represión neurótica toma en cuenta los
mecanismos de escisión, de menor integración
y fortaleza yoicas, que generan transferencias psicóticas.
Mostrará que en estos pacientes, además
de la interpretación se hace necesaria la función
del analista como continente de las actuaciones. Más
que el recuerdo busca (y encuentra) la repetición
de la experiencia traumática. En estos casos
el modelo de la relación analista paciente se
funda en el de la madre con el bebé. Finalmente
considerará que el directamente involucrado
en el proceso a través de su contratransferencia.
Winnicott, por su parte, postulará tres
estructuras psicopatológicas que pueden encontrarse
en distintos cuadros clínicos y en combinación
con otros modos de funcionamiento: la disociación
esquizoide, el falso self y la tendencia antisocial.
Dirá que estas estructuras derivan de diferentes
tipos de fallo ambiental temprano y se caracterizan
por deformaciones defensivas del self como reacción
a esos fallos.
En esos casos el ambiente hace
intrusión en el psiquismo infantil, generando
la aparición de las agonías primitivas
y la vivencia de derrumbe. La continuidad existencial
se interrumpe y se ponen en movimiento mecanismos de
defensa de alto poder pero también de alto costo.
Mecanismos primitivos que tienen un efecto de mutilación
para el psiquismo. En estos casos será función
del análisis ofrecer la oportunidad para regresar
a estados de no integración en busca de los
traumas tempranos que deformaron al self y con la posibilidad
de nuevas integraciones.
Winnicott dirá que estas
estructuras no son accesibles ni modificables sólo
con las interpretaciones, ya que precisan de un soporte
para el self, que deberá ser provisto por el
entorno actual, para así poder dejar en suspenso
las defensas que lo han deformado, abriendo la posibilidad
a nuevas formas de integración. Para esto redimensiona
la función del encuadre, ya que éste
representará al holding temprano cuando aquel
falló.
Como veremos la preocupación
por las patologías severas lleva a ambos autores
hacia la exploración y experimentación
de recursos técnicos originales.
II.- El trauma y la transferencia
psicótica: Flexibilización de la técnica
y adaptación activa
A partir de 1919 Ferenczi emprende
un cuestionamiento de la técnica psicoanalítica.
Finalmente retomará la teoría del trauma,
denunciando la hipocresía del analista en un
texto ya clásico de 1932: “Confusión
de lengua entre los adultos y el niño”.
La revolución técnica
de la cual testimonia su conmovedor Diario Clínico
de 1932, culminará con su muerte. Durante esos
años se sucederán distintos experimentos
como la técnica activa, el análisis mutuo
y el concepto de flexibilización de la técnica.
A pesar de sus contraindicaciones,
la técnica activa había permitido a Ferenczi
conocer las reacciones más primitivas de sus
pacientes: la compulsión a la repetición
activada por el trauma temprano que entraba en resonancia
con la contratransferencia del analista. Era necesario
entonces revisar la contratransferencia y a la vez
modular las intervenciones activas de más rígidas
y directivas a más afectivas y comprensivas.
Su principal preocupación era saber hasta qué punto
el analista debía responder a las necesidades
del paciente.
A partir de allí cuestionó la
regla de abstinencia, como más adelante lo hará Winnicott
al plantear la posibilidad de satisfacer las necesidades
del yo del paciente aún manteniéndose
en abstinencia respecto de la satisfacción pulsional.
En Ferenczi el cuestionamiento
lo llevó a plantearse la elasticidad de la técnica
psicoanalítica. Su dialéctica fue planteada
entre la pasividad benevolente de la técnica
freudiana y la actividad guiada por la simpatía.
Su conclusión fue que la reactivación
de los traumas infantiles en la situación analítica
permanecía incurable, si el analista no era
capaz de modificar su fría y objetiva contratransferencia
al aparecer la compulsión de repetición.
Sostiene que en esos momentos el paciente espera y
precisa del analista la actitud de un adulto afectuoso
hacia un niño sufriente. Pero, así como
en su historia traumática los adultos no habían
podido hacerse cargo de su responsabilidad en el dolor
causado al niño, el analista insensible, escudado
en la regla de abstinencia, se desentendía de
su participación en el dolor actual del paciente,
repitiendo la situación infantil.
Tomando en cuenta que esta regresión
inevitable, activada y favorecida por el análisis,
volvía a colocar al paciente en una situación
de dependencia, Ferenczi llegó a considerar
que ese era el momento de dar satisfacción a
ciertas necesidades del paciente. En caso contrario
la supuesta objetividad y frialdad del analista serían
vivenciadas como una repetición del desamor
de los adultos.
Del mismo modo la falta de sinceridad
del analista respecto de sus sentimientos hostiles
hacia el paciente repetía la hipocresía
de los adultos hacia el niño. Esta preocupación
se halla muy próxima de los desarrollos winnicottianos
respecto del odio en la contratransferencia. No me
detendré aquí sobre punto central de
la teoría ya que implicaría extenderme
más allá del tiempo asignado para esta
exposición.
La polémica iniciada
por Ferenczi queda abierta hasta la actualidad y será retomada
por distintos autores. ¿Cómo expresar
y transmitir al paciente los sentimientos contratransferenciales? ¿Qué tipo
de satisfacción son necesarias en el análisis
más allá de la función interpretativa?
Con el concepto de elasticidad
de la técnica, Ferenczi se preocupa de modular
satisfacción y frustración, interpretación
y afecto, tensión y relajación, actividad
y pasividad, de acuerdo a la fortaleza de la estructura
del yo del paciente y la calidad de los traumas experimentados.
Eso nos acerca al concepto de
adaptación activa creado por Winnicott y que
desarrollaré a continuación.
Este autor se detiene con una
nueva mirada sobre encuadre freudiano. Así nos
muestra que, si bien Freud privilegió la interpretación
como recurso técnico, tuvo gran cuidado en instalar
el ámbito adecuado para sostener al paciente
y poder trabajar con él.
A partir de allí uno
de los principales aportes de D. W. Winnicott a la
teoría de la técnica será el significado
y uso terapéutico del encuadre y sus variables.
Este ofrecería al paciente la oportunidad para
dejar en suspenso las deformaciones defensivas del
yo, volver a estados de menor integración, a
partir de allí entrar en contacto con los traumas
primitivos, y lograr una nueva calidad de integración
psíquica. En este sentido Winnicott afirma que
el encuadre es “prácticamente una invitación
al colapso mental”.
Sostiene que en las patologías
graves, el mantenimiento del encuadre es más
importante que las interpretaciones. Este cumplirá las
funciones de holding, espacio transicional y garante
de la continuidad existencial, permitiendo la regresión
a la dependencia y la vivencia de no integración.
Si un encuadre estable y confiable permite al paciente
dejar en suspenso sus organizaciones defensivas, el
alivio surgirá de una provisión ambiental
especializada en concordancia con el grado y tipo de
regresión del paciente.
Para esto planteará la
idea del encuadre como entorno estable pero no inmutable
y lo definirá como una adaptación activa
a las necesidades del paciente en regresión.
Este original concepto surge de la idea de espacio
virtual entre madre y bebé. Espacio que se abre
en la medida en que está siendo ocupado, transitado,
por los procesos psíquicos del bebé;
en este caso del paciente. La idea de encuadre se toma
en sentido amplio incluyendo el espacio real del consultorio,
los objetos que en él se encuentran, la presencia
del analista, el espacio - tiempo de la sesión,
y hasta los espacios y tiempos que rodean el ámbito
de la sesión.
Por lo tanto, para Winnicott,
si la función del encuadre como holding es una
función de adaptación activa, no deberá establecerse
de una vez y para siempre, sino de un modo dinámico,
en función del grado de regresión a la
dependencia que el paciente presenta en cada momento
o del grado de despliegue de sus capacidades simbólicas
que le permiten recorrer más adecuadamente el
espacio analítico.
Desde la misma perspectiva se
referirá a la transferencia, y dirá que
trabaja con la transferencia neurótica y con
la transferencia psicótica tanto de los pacientes
psicóticos como de los pacientes neuróticos.
Que oscila de analizar en cada paciente la transferencia
neurótica que remite a las relaciones objetales
infantiles y la transferencia psicótica que
deriva del fallo ambiental.
Destaca que el analista debe
comunicarse con el paciente desde el lugar en que éste
lo ubica desde la neurosis o psicosis de transferencia.
Con este enfoque el concepto
de transferencia se amplía para abarcar la transferencia
de los pacientes psicóticos o los momentos psicóticos
en el análisis de Winnicott sugiere tomar en
cuenta dos tipos de transferencia. La que proviene
de la estructura neurótica y remite a las relaciones
objetales infantiles, y la que surge de la estructura
psicótica y precisa de un ambiente sostenedor.
Dirá: “ Constantemente
me encuentro pasando de la una a la otra, según
la tendencia que muestre el proceso inconsciente del
paciente”.
Con este enfoque el concepto
de transferencia se amplía para abarcar la trasferencia
de los pacientes psicóticos o los momentos psicóticos
en el análisis de pacientes neuróticos.
En el análisis de estas fases, el yo no instaurado
como unidad y la dependencia es extrema.
Así, los fallos de adaptación
serán vivenciados dramáticamente, lo
cual permite comprender la gravedad de las carencias
yoicas.
Indicará, a partir de
esto, que cuando aparecen la transferencia psicótica
y las necesidades primitivas, la función analítica
es la adaptación activa del holding a través
de cambios en el encuadre; en tanto que al aparecer
la transferencia neurótica acompañada
de deseos y fantasías, la función del
análisis es la interpretación.
A partir de la regla de abstinencia
postulada por Freud, resulta claro para cualquier analista
que los deseos y fantasías, como expresión
del mundo pulsional, no deben ser satisfechos. Pero
aquí Winnicott utilizará el concepto
de necesidades del yo, considerando que cuando surgen
dramáticamente las necesidades yoicas, de confianza,
estabilidad y sostenimiento, sí deben ser tomadas
en cuenta y requieren de una respuesta adaptativa del
analista.
Dirá que para el paciente
resulta no sólo penoso, sino también
riesgoso exponerse a la dependencia. Tiene que enfrentar
el miedo a la desintegración, al aniquilamiento
y a ser dejado caer. Por eso, puede tardar mucho tiempo
en llegar a ella, ya que precisa poner a prueba al
analista, debido al temor originado en el fracaso de
las experiencias anteriores.
Para Winnicott se produjo un
fallo específico del ambiente del que el individuo
se defiende a través de la “congelación
de la situación de fracaso”. Existe la expectativa
inconsciente de que más adelante habrá una
oportunidad para que ésta pueda ser descongelada
y reexperimentada durante la regresión en un
medio adaptado.
Cuando el colapso se produce
durante el tratamiento, o cuando el paciente nos llega
en esas condiciones, la dependencia durante esa etapa
es extrema, y las demandas al analista en las sesiones
suelen ser urgentes e imperiosas.
La transferencia se presenta
en forma dramática y el paciente necesita de
la incondicionalidad del analista.
También en algunas etapas
del trabajo con pacientes neuróticos, cuando
se hacen presentes núcleos de funcionamientos
muy primitivo, la técnica deberá modificarse
estableciendo adaptaciones adecuadas a las necesidades
yoicas de ese momento.
Lo importante es que más
allá de los intentos del analista, éste
estará expuesto a fracasos en la adaptación
en muchos momentos del tratamiento. Son estos fallos
acotados y dosificados los que permiten al paciente
revivir en la transferencia experiencias próximas
al derrumbe originario que se produjo con el fallo
ambiental temprano.
El paciente utiliza entonces
los fracasos de adaptación del analista para
revivir y elaborar sus traumas originados en el fallo
ambiental.
Winnicott sostiene que conviene
evaluar cuidadosamente en qué momentos el analista
debe trabajar enfatizando la interpretación
de los conflictos inconscientes, o satisfaciendo una
necesidad del yo mediante una adaptación activa.
La función del análisis en estos pacientes
sería la provisión de un soporte para
el self hasta que esté estructurado para recibir
y comprender las interpretaciones.
Este es el punto quizá más
polémico y sorprendente del postulado winnicottiano.
Un análisis que se juega entre un encuadre y
una interpretación como fondo y figura, y donde
en ciertos momentos del análisis se trabajará desde
los movimientos del encuadre ya que el paciente se
halla en una regresión a la dependencia y en
una transferencia psicótica, y en otros momentos
se trabajará con la interpretación dado
que el paciente funciona con un self integrado, en
una transferencia neurótica, y se puede trabajar
con los contenidos psícoticos. Y afirma: el
analista, por momentos, funciona como parte del holding
y en otros momentos se destaca como objeto, objetivable
por el paciente y desde ese lugar puede interpretar.
III Confesión versus
comunicación: análisis mutuo y juego.
Tanto Ferenczi como Winnicott
se han ocupado de los límites y limitaciones
del análisis, buscando nuevas técnicas
para mejorar las posibilidades de la cura. Quizá lo
original de ambos ha sido que esta búsqueda
no ha sido objetiva e instrumental, sino en un interjuego
permanente entro lo subjetivo y lo objetivo, revisando
las vivencias y el posicionamiento del analista al
mismo tiempo que evaluando los movimientos del paciente.
La exploración de ambos se ha movido en un espacio
interno – externo sin intentar el recorte artificial
de la subjetividad del analista, que si bien es un
intento válido de objetivar el proceso, inevitablemente
lleva a la confusión y a una lectura errónea
del campo analítico.
La creación de una estrategia
técnica como es el análisis mutuo lleva
a Ferenczi a exponerse a una particular intimidad con
su paciente. De los riesgos, fracasos, y derrotas,
nos hablará él mismo con toda honestidad.
El análisis mutuo sería
una extensión de los conceptos de atención
flotante y relajación, produciendo el diálogo
de los inconscientes. Dirá que la angustia de
ser analizado proviene de la dependencia. Esto se resolvería
con la mutualidad, el sentir con, para reconducir al
paciente del sufrimiento actual al antiguo trauma,
en la tarea de eliminar el dolor psíquico.
Sin embargo, en su búsqueda
de vulnerabilidad, equidad y confianza mutuas, Ferenczi
se entrampa en la confesión de sus vivencias
personales.
Esto lo llevará a descubrir
que el análisis mutuo puede ser una fascinante
experiencia con un determinado paciente, pero es inaplicable
a la totalidad de los pacientes de un analista, ya
que el grado de exposición de su privacidad
lo dejaría en una posición de riesgo
no sólo en el consultorio sino ante el mundo
social con el que debería convivir. Pero este
no es el único problema. Más allá del
riesgo para el analista, esta modalidad técnica
traerá dificultades para el paciente y para
el desarrollo del proceso analítico.
¿Cómo lograr entonces
el grado de intimidad necesaria para que el análisis
sea posible?
Winnicott parte de la misma
preocupación. Pero quizá advertido de
los costos pagados por sus antecesores, quizá más
prudente, intenta otro camino, que se revelará finalmente
más adecuado y terapéuticamente más útil.
A partir del modelo del juego
como espacio en el que los canales de comunicación
con el sí mismo y con los otros se hallan simultáneamente
permeables, aplicará el concepto de juego a
la experiencia analítica. Entre mundo interno
y mundo externo, entre subjetividad y objetividad,
entre lo simbolizado y lo potencialmente simbolizable
se halla el espacio transicional en el que despliega
la actividad de jugar.
Cuando Winnicott plantea el
análisis como un juego, está incluyendo
mucho más que una dinámica relacional.
Nos está hablando de la comunicación
de inconsciente a inconsciente, de la empatía,
del conocimiento recíproco, del encuentro con
el otro, del intercambio de proyecciones e identificaciones.
En él paciente y analista se muestran vulnerables,
pero evitando las complicaciones transferenciales y
contratransferenciales.
En Winnicott, la palabra, como
los elementos que utiliza un niño en su juego,
es antes que nada un vehículo para mostrar,
comunicar, lo que uno es. La palabra como objeto transicional
mantiene abierta la comunicación, pero no es
la comunicación misma. Mientras hablo, me aseguro
de mantener despierto al otro para poder transferirle
mi vivencia que no es transformable en palabras.
Eso nos lleva al tema de la
intimidad, la confianza y la verdad en el análisis.
Sabemos que la palabra no es garantía de verdad.
Sabemos también que el ocultamiento de secretos
vacía el campo de la relación. No hay
comunicación ni encuentro original.
Sin embargo, la falta de derecho
a la intimidad de cualquiera de ellos, paciente o analista,
inunda la relación en un primer momento pero
finalmente la vacía por agotamiento de la subjetividad,
y también reactivamente por las defensas activadas
por la aparición de ansiedades paranoides ante
el riesgo de confusión yo – no yo.
Las confidencias profundizan
la intimidad del vínculo pero la confesión
compulsiva, la necesidad de contarlo todo, se relaciona
con la falta de confianza en ser comprendido.
En el juego, más allá del
significado, aparece el sentido. Analista y paciente
sabemos quienes somos, cómo somos, sin necesidad
de confesiones. Quizá lo más sorprendente
de esto es que si bien Winnicott demuestra que un analista
puede darse a conocer jugando mano a mano con su paciente
sin necesidad de confesarle sus más íntimos
secretos, también el paciente, si bien es invitado
a confesar, nos mostrará algo de su esencia
más por su modo de jugar al análisis
que por los contenidos que nos cuenta.
Por eso quizá Winnicott
se permite afirmar con cierto desparpajo. “Siempre
creo en lo que me dicen mis pacientes, o al menos creo
en las razones por las que me mienten”.
Dirá que la función
del terapeuta es ofrecer un encuadre en el cual el
paciente esté en libertad de explorar sus posibilidades
de comunicación. El psicoanálisis sería
así un juego especializado cuya función
es facilitar la comunicación consigo mismo y
con los demás.
En el adulto el contrapunto
asociación libre-atención flotante ocupa
el lugar del juego como zona de superposición
de dos áreas de juego, la del paciente y el
analista. Allí la interpretación es como
un objeto creado y encontrado a la vez.
En síntesis: ante los
problemas del campo analítico relacionado con
la transferencia, la contratransfencia la resistencia
y el impasse del proceso analítico, la respuesta
de Ferenczi es el análisis mutuo. La de Winnicott,
el juego.
Bibliografía:
-
Abadi Sonia:
-
(1996), Transiciones, el
modelo terapéutico
de Winnicott. Ed. Lumen, Bs. As., 1996.
-
(1997), Desarrollos Posfreudianos:
Escuelas y Autores. Ed. Universidad de Belgrano,
Bs. As, 1997.
-
“Explotaciones: Perderse y reencontrarse
en el espacio potencial”, presentando en el Congreso
Internazionale de D. W. Winnicott, abril de 1997.
-
Davis y Wallbridge:
-
Límite y espacio; Introducción
a la obra de Winnicott. Ed. Amorrortu, Bs. As.,
1988.
-
Duvignaud, Jean:
-
“El juego del juego”. Ed. Fondo
de Cultura Económica.
México, 1982.
-
Fages:
-
“Historia del Psicoanálisis
después
de Freud”. Ediciones Martínez Roca, 1979.
-
Ferenczi, Sandor:
-
“Problemas y métodos
del psicoanálisis”,
Ed. Hormé, Bs. As., 1966
-
“Diario Clínico”,
Ed. Conjetural, Buenos Aires, 1988.
-
1909 Transferencia e introyección.
Tomo 1. Obras completas. Monografías de
psicología
normal y patológica, Espasa Calpe, Madrid,
1981.
-
1912 El concepto de introyección.
Tomo 1.Obras completas. Monografías de psicología
normal y patológica, Espasa Calpe, Madrid,
1981.
-
1919 La técnica psicoanalítica.
Tomo 2. Obras completas. Monografías de
psicología
normal y patológica, Espasa Calpe, Madrid,
1981.
-
1924 Los fantasmas provocados
Tomo 3. Obras completas. Monografías de
psicología normal y patológica,
Espasa Calpe, Madrid, 1981.
-
1927 La adaptación de
la familia al niño
Tomo 4. Obras completas. Monografías de
psicología
normal y patológica, Espasa Calpe, Madrid,
1981.
-
1928 Elasticidad de la técnica
psicoanalítica
Tomo 4. Obras completas. Monografías de
psicología
normal y patológica, Espasa Calpe, Madrid,
1981.
-
1929 El niño mal acogido
y su pulsión
de muerte Tomo 4. Obras completas. Monografías
de psicología normal y patológica,
Espasa Calpe, Madrid, 1981.
-
1930 Principio de relajación
y neocatarsis Tomo 4. Obras completas. Monografías
de psicología
normal y patológica, Espasa Calpe, Madrid,
1981.
-
1931 Análisis de niños
con los adultos. Tomo 4. Obras completas. Monografías
de psicología
normal y patológica, Espasa Calpe, Madrid,
1981.
-
1933 Confusión de lengua
entre los adultos y el niño. Tomo 4.Obras
completas. Monografías
de psicología normal y patológica,
Espasa Calpe, Madrid, 1981.
-
1933 Reflexiones sobre el
traumatismo. Tomo 4. Obras completas. Monografías
de psicología
normal y patológica, Espasa Calpe, Madrid,
1981.
-
Freud Sigmund:
-
(1914) “ Introducción
del narcisismo”.
A.E., XIV.
-
(1927) “Fetichismo”. A.E.,
XIX.
-
(1938) “Escisión del
yo” – A.E.,
XXIII.
-
Kaes, Anzieu y otros:
-
(1979) “Crisis, Ruptura y superación” – Ediciones
Cinco, Bs. As.
-
Mello De, Julio y Melgaco
Leal Silva, Anna Lucia:
-
“Winnicott 24 anos depois”.
Ed. Revinter. R.J. Brasil, 1995.
-
Roudinesco, Elisabeth:
-
“Dictionnaire de la psychanalyse”.
Editions Fayard, 1997.
-
Weissmann, Juan Carlos:
-
“Contratransferencia: su origen”.
Revista de A.P.A. N° 3. 1994.
-
“Freud y Ferenczi como pioneros
técnicos”.
Se publicará próximamente.
-
Winnicott, Donald:
-
(1965) “El proceso de maduración
en el niño” –Ed.
Laia, Barcelona. 1975.
-
(1969) “Libertad”. Rev. de psicoanálisis,
1985, XLII, 6.
-
“Donald W. Winnicott” –Ed.
Trieb, Bs. As.-1978.
-
(1989) “Explotaciones psicoanalíticas
I y II”.-
Ed. Piados, Bs. As.- 1991.
-
Realidad y juego de pediatría
y psicoanálisis,
Ed. Laia, Barcelona, 1979.
http://www.
soniaabadi .com.ar/bazar.htm
Inicio
Indice