Sandor Ferenczi.
Traté durante bastante tiempo a un joven comerciante que presentaba obsesiones y angustias; sin embargo no pude terminar el tratamiento porque la mejora conseguida, como ocurre a menudo, fue utilizada por la resistencia del enfermo como pretexto para interrumpir la cura.
El análisis evidenció rápidamente que la causa actual de la enfermedad se debía a la relación del paciente con su mujer. Tuve que explicar al enfermo, basándome en indicios evidentes, que el escollo con el que había tropezado era el conflicto entre su amor por el dinero (erotismo anal) y el resto de su sexualidad. Se había casado con una mujer bastante rica a la que no amaba, mientras que su inconsciente soñaba con un amor desinteresado; a menudo pensaba en una mujer sin ninguna fortuna pero dotada de un gran encanto junto a la cual podría haber hallado la dicha a que aspiraba. Sin embargo, tuve que indicar al paciente que esta dicha hubiera tenido sus problemas, pues su segunda pasión, no menos intensa, el amor al dinero, hubiera quedado insatisfecha.
Con ocasión de una de nuestras entrevistas, el paciente confirmó -a mi parecer de forma decisiva- las interpretaciones precedentes. Recordó que poco después de la petición de mano, en un momento de intimidad con su novia, resultó alarmado por el aliento desagradable de ésta. La abandonó precipitadamente y corrió donde un amigo de confianza con la intención de romper enseguida su compromiso. Sin embargo, le calmaron, y como el olor desagradable no volvió a manifestarse, renunció a su proyecto y se realizó el matrimonio.
He aquí cómo explico este recuerdo: el mal aliento de la novia, claramente insignificante de por sí, se había asociado al erotismo anal primitivo del paciente, del que derivaba su amor por el dinero; no quería reconocer que se casaba por dinero y huía de este pensamiento con idéntica angustia a la que anteriormente había tenido al rechazar sus impulsos eróticos anales insuficientemente reprimidos. Se trata, pues, aquí de un caso de regresión caracterial, es decir, de la regresión de un rasgo de carácter (el amor por el dinero) a su estadio erótico anterior(1).
Por un instante, la fantasía inconsciente pudo convertir la boca de la novia en el orificio anal.
Quien no tenga una sólida experiencia en psicoanálisis, hallará esta interpretación extraordinariamente forzada y sin duda desagradable. Dirá lo que oímos decir tan a menudo: “¿Por qué el erotismo “anal” desempeña también aquí un papel?; ¿no puede explicarse este caso más simplemente por la aversión muy comprensible de cualquier hombre civilizado hacia el olor desagradable del que aquí se trata, sin tener que invocar por tanto la noción de “regresión caracterial”?.
En lugar de discutir esta cuestión, voy a presentar rápidamente otro caso.
****
Hice notar a una señora que creía amar apasionadamente a su marido que muchos de sus síntomas sugerían que en realidad ella se había casado por interés, y como tal cosa le parecía incompatible con su carácter, exageraba su pasión por su marido. Tras una larga resistencia, tuvo que reconocer que en la época de su noviazgo prefería a otro hombre; luego, que ella y su familia sufrían entonces graves dificultades económicas y, por último, que su marido esperaba en esa época una rica herencia.
Como en el caso precedente, atraje su atención sobre el erotismo anal y la paciente reaccionó rápidamente con el siguiente recuerdo: “Cuando tras mi compromiso volví a ver por primera vez al joven que había amado, ocurrió el siguiente incidente: él me saludó y me besó la mano; en el mismo momento me vino la idea de que acababa de ir al aseo y no había podido lavarme las manos. Es posible que hubiera sentido el olor de las materias fecales en mis dedos. Fue tan grande mi angustia que tuve que acercar rápidamente los dedos a la nariz para olerlos, y al mismo tiempo me pareció que una amiga que se hallaba presente me miraba con una sonrisa irónica.”
Interpreté naturalmente este recuerdo como una confirmación de mi hipótesis precedente y añadí que en realidad ella temía que el joven “oliera” en ella que se casaba por interés. En esta escena sospeché además la repetición de juegos infantiles con las materias fecales. La paciente tenía vagas nociones de haber practicado anteriormente tales juegos con su hermano en el aseo.
Al lector corresponde decidir si el acusado parecido entre estos dos casos es un puro azar o debe atribuírsele un cierto sentido, posiblemente el que le atribuye el psicoanálisis. Debo indicar en esta ocasión que el psicoanálisis nunca funda sus tesis en especulaciones, sino en la acumulación de tales concordancias, es decir, en hechos. Responder a la cuestión relativa al origen de tales concordancias, es otro problema; el análisis no lo dejará sin solución. Pero rehusa dar explicaciones mientras no dispone de hechos. Sea lo que fuere, resulta injustificable rehusar verificar los hechos bajo pretexto de lógica.
El proverbio latino que he elegido como título de esta comunicación, dándole una redacción un tanto diferente, aparecerá bajo una nueva luz tras lo que acaba de decirse. La proposición “el dinero no tiene olor” es un eufemismo invertido. En el inconsciente, esto se enuncia sin duda de la forma siguiente: pecunia olet, es decir: dinero = materias fecales.
Nota:
1.- Ver: “Síntoma transitorios durante un psicoanálisis”, en O. C., I., y “Formaciones compuestas de rasgos de carácter y de rasgos eróticos”, en este mismo volumen.
.
(Sandor Ferenczi. Obras Completas, Psicoanálisis Tomo II, Ed. Espasa-Calpe, S.A. Madrid, 1984).
Inicio
Indice