Sandor Ferenczi
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Selecciones Ferenczianas Analíticas

 

SUEÑOS DE LOS NO INICIADOS (1917c)

 

Sandor Ferenczi.

 

Sabemos que es a menudo difícil interpretar los sueños de un enfermo en análisis. De alguna forma está “advertido” y evita cuidadosamente producir sueños fáciles de traducir y que hasta podría interpretar él mismo. La situación es totalmente diferente para la gran mayoría de las gentes que carecen de nociones sobre el psicoanálisis. Se cuentan sus sueños elementales, desprovistos de cualquier experiencia psicoanalítica, en la mesa o en una simple conversación, ignorando que de esta forma manifiestan al oyente iniciado los deseos más íntimos y más secretos que se ocultan a sí mismos. Durante mi estancia de varias semanas en un lugar de veraneo he podido reunir durante las comidas una hermosa colección de estos sueños fácilmente interpretables.

“Imaginaos lo que soñado esta noche”, dice a su vecina una dama que vivía en la pensión con su hija: “He soñado esta última noche que me robaban a mi hija; durante nuestro paseo por el bosque han llegado unos hombres junto a nosotras y se han llevado a mi hija por la fuerza. ¡Era horrible!” por mi parte no considero a este sueño horrible y pienso que esta dama hubiera deseado desembarazarse de su hija, que había pasado ya la edad de casarse. La confirmación no tardó. Al día siguiente oí a la señora lamentarse de que la estación anterior había sido más agradable porque había un grupo de jóvenes, mientras que ahora su hija carecía de compañía, y no había más que señores mayores… Un día después anunció su intención de partir en fecha próxima, lo que en efecto realizaron.

Un colega que descansaba en el mismo lugar me dijo una mañana: “Esta noche he soñado contigo, luchabas con un granuja en un canal y pretendía hundirte la cabeza en el agua. Yo corría a buscar a la policía.” No pude impedir el preguntarle: “¿Qué te he hecho para que me quieras tan poco?” “¡Nada en absoluto! Me hallaba ciertamente molesto esta noche cuando soñé esto, porque tenía violentos cólicos.” “Puede que este hecho haya intervenido en la formación del sueño, respondí; el canal en el que debía ahogarme hace alusión a tu tubo digestivo que, en el sueño, me hacia sufrir a mí y no a ti. Te repito que quieres perjudicarme por alguna razón.” “¿Eres capaz de pensar que quería ahogarte porque ayer me rehusaste un pequeño favor? ¡No lo puedo creer!” -Pero yo me veía obligado a creer que tal sueño era fruto de una fantasía de venganza.

“¿Qué querrá significar el que uno pase la noche soñando que se pone y se quita los zapatos?”, me preguntó en el almuerzo una joven y hermosa viuda de guerra. “¡Por el amor de dios, nada!”, fue mi única respuesta, e intenté cambiar de conversación. Pero no resultó fácil distraer a esta dama de su sueño. Al día siguiente volvió a preguntarme la interpretación del sueño que cito: “Ayer soñé que me había casado, obligada por mi madre, con un señor mayor. A continuación, tenía un montón de zapatos que me ponía y me quitaba, zapatos negros, marrones y amarillos.” La posesión de esta multitud de zapatos le alegraba visiblemente porque reía interminablemente. ¿”En qué le hace pensar el marido viejo del sueño?” “Curiosamente en el marido de una joven amiga que se casó con un hombre maduro. Creo que tales matrimonios son inmorales; son una verdadera incitación al adulterio.” No tuve necesidad de seguir buscando la explicación de los zapatos multicolores y me dije que los solteros de cierta edad harían bien en desconfiar de esta dama.

Se corrió por la casa la noticia de que yo me interesaba por los sueños, porque un buen día recibí la visita de la enfermera de un paciente que descansaba allí y que me contó este horrible sueño: “En una habitación veía un saco en el que estaba el cadáver de mi hermana muerta. El saco se hallaba en una caja de madera llena de agua sucia que provenía probablemente de la descomposición del cadáver, pero que no desprendía mal olor. De forma curiosa olvidaba constantemente que mi hermana había muerto; luego comenzaba a cantar, y para castigarme me golpeaba la boca. Cuando abrí el saco, vi que mi hermana no estaba muerta, sino sólo muy pálida. Junto a ella se hallaba el cadáver de un bebé. Mi hermana tenía sobre el rostro un mezquino pezón.” Para comprender el sueño hay que adelantar que la señora era una fornida mujer de unos treinta y nueve años, quien, a pesar de una evidente aptitud para la maternidad, se había quedado soltera y había elegido la vocación de enfermera. Interpreté la curiosa fantasía de parto en el ataúd, la duda sobre el estado de su hermana, muerta o viva, como la identificación de la hermana muerta con una persona viva. Su extraño comportamiento con la hermana muerta parecía indicar que esta persona viva era la propia soñadora que se alegraba de la muerte de su hermana y después se autocastigaba por su alegría. Posiblemente había estado celosa de su hermana (que se casó, según supe) y hubiera deseado ocupar su lugar para tener hijos. Le hice la siguiente pregunta: “¿Tras la muerte de su hermana no ha pasado usted nunca en que su cuñado, como ocurre tan a menudo, podría casarse con usted?” “Yo no, pero mi cuñado me lo ha pedido en efecto; sin embargo, he rehusado porque no quería cargar con los cuatro hijos de mi hermana”.

No quise entrar en los detalles del análisis de este sueño, pero el relato me permitió comprender que la dama había lamentado luego su precipitación en rechazar la oferta de su cuñado. Ignoro si en la formación del sueño intervinieron sucesos –pienso, por ejemplo, en un aborto-, pero descarté el problema porque era impensable proseguir la investigación en tal sentido. Aunque fue imposible aclarar si se trataba de una fantasía o de una realidad -que se justifica de forma inconsciente-, conseguimos, sin embargo, a partir del simple relato del sueño, conocer unos elementos importantes de la vida psíquica de la soñadora.

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(Sandor Ferenczi. Obras Completas, Psicoanálisis Tomo II, Ed. Espasa-Calpe, S.A. Madrid, 1984).

 

 

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