Sandor Ferenczi
· Quienes somos · Contacto · Libro de Visitas · Sucripción Newsleter ·
-
Indepsi
Su Vida
Biografia
Línea de Vida
Galería Fotografías
Su relación con....
Epistolario
Literatura
Bibliografia
Artículos
Revisiones
Publicaciones
Fichas Ferenczianas
Psicología Bioanalítica
Tópicas Ferenczianas
Glosario Ferencziano
Escritos Bioanalíticos
Notas sobre Bioanálisis
Investigación Bibliográfica
Material de Investigación
Citas Ferenczianas
Citando a Ferenczi
Material Gráfico
Denostaciones
Vinculaciones Ferenczianas
Ferenczi/Freud
Pares y Discípulos
Psicoanalistas Afines
Vinculos
Estudiosos de Ferenczi
Ferenczi en la Red
Noticias
Busqueda

Estadisticas

Miembros de la
Sándor Ferenczi Society
Budapest, Hungria

Sándor Ferenczi Institute Nueva York, U.S.A.

 

Selecciones Ferenczianas Analíticas

 

POLUCIÓN SIN SUEÑO ORGÁSMICO Y ORGASMO EN EL SUEÑO SIN POLUCIÓN (1917b)

 

Sandor Ferenczi.

 

A menudo cuentan los pacientes que han tenido una polución durante su sueño sin que el contenido onírico que lo acompañaba tuviera un carácter sensual, o manifestara cualquier tipo de relación con el ámbito sexual. El análisis puede a veces volver a hallar el hilo que lleva del contenido onírico consciente inofensivo a la fantasía sexual consciente que explica la polución. En cualquier caso, cuando el desplazamiento de la cuestión propiamente dicha puede mantenerse hasta el último momento del proceso de satisfacción orgánica, ello prueba una gran aptitud para el rechazo. Es naturalmente mucho más frecuente que el sueño -como de costumbre- comience disimulando y deformado la fantasía para no desvelar abiertamente el proceso sexual o genital ante la conciencia del que sueña más que en el momento del orgasmo.

Existe sin embargo una forma típica de los sueños de polución sin orgasmo que pude estudiar casi diariamente en un joven durante bastante tiempo. Cada noche tenía una polución pero nunca estaba ligada a un contenido onírico sensual. Se trataba de sueños de ocupación que terminaban en una polución; éstos confirman la tesis de Tausk, quien afirma que la compulsión patológica a estar ocupado representa una actividad sexual disimulada.

Este joven soñaba por ejemplo en un descubrimiento mecánico complicado (quería ser mecánico); se trataba de un automóvil volador que reuniría todas las ventajas del avión y del automóvil. El trabajo se iniciaba con dificultades, existían muchos obstáculos, y cuando por último ponía en marcha la máquina terminada, se despertaba con una polución. Otras veces, soñaba en un problema difícil de matemáticas cuya solución coincidía con una polución, etc…

Como sabía por Freud que las poluciones corresponden en general a las actividades masturbatorias nocturnas, o al menos a fantasías de masturbación, rebusqué cuidadosamente todas las informaciones relativas al onanismo en la historia del paciente y supe que tuvo que luchar durante para combatirlo. Su madre pertenecía a esa categoría de personas aparentemente indiferentes (pero muy sensuales en su inconsciente) que rehúsan ver los signos de madurez en su hijo para preservar durante más tiempo su intimidad física con él. Para combatir las fantasías que en su caso eran claramente incestuosas, el joven sólo tenía que transponer toda su sexualidad a otro lenguaje, lo más anodino posible. Es lo que hizo conscientemente en la época en que volvió a masturbarse. “Se masturbaba sin fantasías.” Una vez que había conseguido reprimir el onanismo en estado de vigilia, éste reaparecía por la noche en forma de polución de ocupación.

Parece, pues, que el problema de la polución sin orgasmo se halle en relación particularmente estrecha con el onanismo sin fantasía sexual, del que se nos habla tan a menudo. Sin embargo, debemos acoger con la mayor reserva lo que los adultos nos declaran a este respecto; sólo en el niño muy pequeño, que está en la edad del “onanismo” primario, puede admitirse la posibilidad de una excitación genital puramente local sin participación del resto del psiquismo. En los adultos se sabrá siempre tarde o temprano que tenían determinados pensamientos durante la masturbación, aunque no se tratara de fantasías sensuales. Tales pensamientos son a menudo muy especiales: problemas de matemáticas o de mecánica (como en nuestro joven), enumeración de números e incluso –en un caso- el recitado del alfabeto hebreo.

La analogía con las ideas obsesivas y los actos compulsivos no puede escapar aquí a la atención del psicoanalista. El onanismo es también una especie de acto compulsivo cuyo verdadero significado quedará oculto por pensamientos absurdos o insensatos en una situación determinada.

Un análisis más profundo del paciente que recitaba el alfabeto hebreo al masturbarse (y que, durante cierto tiempo, acompañó su onanismo con oraciones hebraicas) mostró que se trataba de una fantasía masturbatoria incestuosa inconsciente cuyo contenido prohibido se hallaba en realidad exorcizado por la recitación de las oraciones santas o de su equivalente: el alfabeto hebreo.

Otro muchacho de once años se representaba durante la masturbación escenas religiosas desprovistas de todo contenido sensual. Con mucha frecuencia evocaba la imagen de la Virgen María , lo que se comprende mejor si sabemos que también su madre se llamaba María.

El puente asociativo que facilita el desplazamiento de la fantasía de un modo de actividad genital sobre la actividad de orar, tan distinta en apariencia, podría ser el automatismo que es común a ambos.

El recitado automático de las oraciones que puede incluso ir acompañado de movimientos automáticos rítmicos del cuerpo (balanceo corporal en algunas sectas judías, movimientos rítmicos complejos de los “derviches giradores”, golpes rítmicos en el pecho, etc.) concuerda perfectamente, debido a este automatismo, con la representación disimulada de otro automatismo rítmico, de orden genital. Lo mismo ocurre con el recitado automático del alfabeto o de las series numéricas, cuyo carácter totalmente abstracto y desprovisto de todo contenido sensual favorece también la huida ante la sexualidad consciente. (Ver el ensayo de Freud: “Zwangshandlungen und Religionsübung” (1).

Las poluciones o el onanismo en estado de vigilia, donde sobreviene la eyaculación, como en el caso citado, en el momento de la resolución de un problema difícil, son los síntomas en miniatura de una neurosis de angustia. Freud ha demostrado que la mayoría de los sentimientos de angustia, por ejemplo, los sueños angustiosos, son de origen neuróticos: la libido incapaz de acceder a la conciencia (rechazada) reaparece en los síntomas físicos y psíquicos de angustia en los sujetos que se hallan predispuestos. Se trata, pues, aquí de poluciones de angustia, lo que ocurre muy a menudo en los muchachos incluso en estado de vigilia. Pues la producción de angustia por la libido es un proceso reversible. Una gran angustia puede también desencadenar una excitación de carácter libidinoso. (Freud señala en muchas ocasiones esta fuente de libido en sus obras siguientes: “Tres ensayos sobre la teoría de la sexualidad” y la “Interpretación de los sueños”.).

Un tercer grupo de los sueños no orgásmicos sólo puede explicarse, según parece, mediante la noción de sinestesia. Se nos habla de poluciones nocturnas con orgasmo en las que los fenómenos psíquicos concomitantes se limitan a la representación de paisajes maravillosos vistos, por ejemplo, desde la ventana de un vagón de ferrocarril, o a la visión de colores vivos, llamas, etc. Una señora me refirió un ejemplo característico de los sueños de este tipo: tras una larga serie de apariciones coloreadas de armoniosa belleza, vio de repente un paisaje japonés en el momento en que iba a ocurrir una erupción volcánica con gran despliegue de luz y color, y en aquel mismo momento se produjo una erupción real en su propia esfera genital, es decir, un orgasmo. En tales casos parece como si la gama completa de las sensaciones genitales hubiera sido transpuesta al terreno visual estético. Las combinaciones análogas entre estimulaciones simultáneas con motivos sensoriales heterogéneos son conocidas bajo el nombre de “sinestesias” (audición coloreada, olfativa, etc.).

Pero sabemos por el psicoanálisis que las sensaciones ópticas por sí mismas no carecen de resonancias eróticas y que la escoptofilia puede jugar un papel importante -incluso exclusivo en algunos casos patológicos- en la excitación sexual. Si encima se añade que los “paisajes” en el sueño representan casi siempre una geografía sexual (Freud), pueden interpretarse este tipo de sueños simplemente como deformaciones de voyerismo, donde las imágenes sexuales son reemplazadas por símbolos visuales. Así, pues, en lugar de introducir la noción de “sinestesia”para explicar estos fenómenos, deberemos por el contrario utilizar estas observaciones para explicar el fenómeno particular de la sinestesia.

***

Como lo muestra esta serie de ejemplos, no son raros los sueños de polución sin contenido claramente sexual. Rank ha aventurado la hipótesis de que todos los sueños, incluso aquellos que en apariencia no son sensuales, acercan a un determinado nivel de elaboración la satisfacción del deseo orgásmico. Mucho más raro son aún los sueños de coito manifiesto con orgasmo completo, sin el fenómeno fisiológico correspondiente, la polución.

Sólo una vez tuve ocasión de estudiar de cerca un sueño de este tipo, de forma que voy a contarlo como el enfermo me lo refirió. Primer cuadro: “ Un niño se ha ensuciado en su cama; un hombre grande, de amplias espaldas, mira por la ventana, desviando deliberadamente su mirada de la cama y del niño que hay en ella, como si tuviera vergüenza.” Segundo cuadro: “ Estoy en la cama con una amiga mía, y tengo con ella una relación totalmente satisfactoria; creo que he tenido con ella dos relaciones, una normal, y la otra per anum.” Como un oscuro acompañamiento a este fragmento del sueño, me acuerdo aún confusamente de las siguientes cosas: es como si “ un amigo, al que estimo mucho y al que me hallo asociado en un negocio, estuviera en la habitación contigua y enviara a su hijo con un recado a la habitación donde tiene lugar la escena del coito. Naturalmente tengo vergüenza en aparecer así, pero el niño no parece asustarse. El padre del niño no parece saber nada de estas relaciones sexuales.” Me despierto sin ninguna huella de polución.

He aquí los antecedentes de este sueño: el paciente sufre entre otras cosas de una constipación tenaz y tiene la costumbre de favorecer la evacuación natural con irrigaciones. La tarde anterior al sueño el efecto fue tan rápido que no tuvo tiempo de llegar al aseo y la evacuación tuvo que hacerla en su habitación. A consecuencia de ello le resultó muy desagradable llamar a la sirvienta y, tras haberle explicado lo que había ocurrido, le pidió que le trajera un orinal.

Sabiendo esto, no resulta difícil explicar la primera parte del sueño. El niño que se ha conducido de forma tan inconveniente no puede ser, teniendo en cuenta los sucesos de la víspera, más que el propio soñador. La vergüenza representada por la actitud del hombre es el sentimiento experimentado por el propio soñador, que se prolonga en su sueño. Se trata, pues, de una “disociación” de la persona sin duda al servicio de tendencias que tratan del cumplimiento de los deseos. No es él (el adulto), sino el niño quien ha obrado de forma tan inconveniente, dice el sueño, mientras que el pensamiento latente del sueño sería: tengo vergüenza de haberme comportado como un niño.

Sólo la segunda parte del sueño se relaciona con nuestro tema; nos encontramos en ella con un sueño de coito sin polución. Si la consideramos de cerca, llegamos a la conclusión de que esta parte del sueño expresa -como ocurre a menudo- el mismo pensamiento onírico que la primera parte, pero con la ayuda de otro material; podríamos decir como hace Rank: con un material que proviene de un nivel superior de la vida psíquica. La evacuación anal prohibida de la víspera se convierte aquí en eyaculación genital -sin duda una deformación que satisface un deseo-, porque no se trata de tener vergüenza de tal evacuación, al contrario, esto es signo de que ya no se es “un niño”, sobre todo si se es capaz de efectuar el acto dos veces consecutivas. Sin embargo, en esta parte del sueño se ha introducido algún elemento anal a partir de los pensamientos oníricos latentes y es sin duda por esta razón por lo que el acto se realiza una vez per anum. Añadido posteriormente con un material enteramente diferente, el sentimiento de vergüenza y el niño mencionados en la primera parte del sueño reaparecen ahora. La vergüenza de no haber realizado aún el proyecto elaborado en común con su asociado; otro sentimiento negativo, también actual, debido a sus relaciones con una mujer que ya no es joven (cuando podría haberse casado con la hija de este amigo tan estimado); todos estos pensamientos, en sí mismos desagradables, parecen corresponder a deformaciones destinadas a la realización de los deseos que surgen del impulso más prohibido: el erotismo anal. Este fragmento del sueño promueve la desdicha anal a nivel de la genitalidad y el amor objetal al apoyarse sobre la identidad simbólica de todas las excreciones orgánicas (heces, líquido seminal).

¿Qué ayuda ofrece el análisis de este sueño para comprensión de los sueños de coito sin polución? A mí parecer la siguiente: no se trata en este sueño de apaciguar el deseo por la amada, sino más bien de disimular el pensamiento desagradable, perturbador incluso del descanso, de que el accidente vergonzoso de la víspera llegue a conocerse. Aunque el material de esta deformación se hubiera tomado de la esfera genital, no dispondría de la fuerza impulsiva que puede desencadenar el mecanismo genital orgánico cuando el deseo por la mujer es muy ardiente.

La interpretación del segundo fragmento del sueño posee un modelo bien conocido. Se recordará el sueño interpretado por Freud, en el que una dama que acaba de perder a un joven primo sueña con la muerte del otro, el que queda, al que amaba tiernamente. La soñadora había rehusado admitir que tal sueño expresara una realización de deseo y sólo durante el análisis recordó que en el entierro del primer primo había visto por última vez al hombre que amaba; la muerte del otro primo no significa, pues, una satisfacción en sí, sino la esperanza de una ocasión de obtener otra satisfacción (volver a ver a este hombre).

En nuestro sueño no es precisamente la relación sexual la que significa el cumplimiento de un deseo, sino la situación que permite considerar el accidente de la víspera como nulo. La relación sexual no era, pues, el objetivo, sino sólo el instrumento para alcanzar otro diferente.

En conclusión, podemos decir que en el caso de polución sin sueño sensual el deseo inconsciente es suficientemente intenso para desencadenar el proceso genital, pero demasiado débil para quebrar la censura rigurosa que separa al inconsciente del preconsciente. Por el contrario, en el caso del sueño orgásmico sin polución, el deseo sexual inconsciente es demasiado débil para provocar una polución y su único objetivo es el de reemplazar un pensamiento intolerante para el preconsciente. En estos casos las puertas de la censura están abiertas de par en par al deseo sexual que -a pesar de su debilidad- se convierte por esta misma razón en plenamente consciente. En efecto, sólo un deseo inconsciente poderoso puede acceder a los procesos corporales, mientras que los deseos preconsciente desencadenan únicamente procesos psíquicos.

No habría excepción a la regla si estos sueños de orgasmo sin polución se produjeran en los casos de debilidad real del impulso sexual. Aquí también debiéramos considerar que la parte inconsciente de la libido era débil y el sueño sería más bien la realización del deseo de experimentar una apetencia sexual.

 

Nota:

1.- “Actos compulsivos y prácticas religiosas”, Coll. Pap., V. II, Cap. II (N. de T.).

 

(Sandor Ferenczi. Obras Completas, Psicoanálisis Tomo II, Ed. Espasa-Calpe, S.A. Madrid, 1984).

 

 

Inicio          Indice                  

          

          

          

 
Buscar en toda la red

(c)Sandor Ferenczi Homepage es propiedad del Instituto de Desarrollo Psicológico Indepsi 1998-2010