Sandor Ferenczi.
Cuando el niño es pequeño es presa del miedo, su madre lo coloca sobre el orinal y le insta a orinar. Entonces el niño se calma visiblemente y deja de llorar. Es indudable que de este modo se ofrece al niño una prima de libido, semejante a la que se concede muchas veces en forma de dulces u otros comestibles. El hecho de que la micción, precisamente, descargue de modo tan eficaz el afecto de miedo se debe sin duda a que procura al niño un brusco bienestar en relación con lo repentino de su miedo.
(Sandor Ferenczi. Obras Completas, Psicoanálisis Tomo II, Ed. Espasa-Calpe, S.A. Madrid, 1984).
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