Sandor Ferenczi.
Un paciente me cita el caso de su tío, afectado por el delirio de persecución , que, aunque había superado ya la treintena, jugaba aún con pequeños niños, les mostraba a menudo su pene y fabricaba con habilidad y especial predilección gigantescas cometas de papel provistas de largas colas. Las hacía volar tan alto que escapaban a la vista, ataba la cuerda a una silla, ponía allí a uno de los niños y se divertía mucho cuando la tracción de la cometa arrojaba al suelo a la silla y al niño. (He aquí un ejemplo que ilustra muy bien la relación entre paranoia y homosexualidad.) Esta historia me recuerda a M. Dick, el loco de David Copperfield de Dickens. También a él le gustaba jugar con niños y lanzaba cometas sobre las cuales dibujaba sus fantasías relativas a la muerte del rey Carlos I . Si esto le ocurriera a uno de nuestros pacientes, deberíamos calificarlo de parricida (o de regicida) inconsciente - aunque fuera tan simpático como M. Dick-, que respeta, sin embargo, los emblemas de la dignidad paternal (1).
Notas:
1.- A propósito del simbolismo de la cometa, puede recordarse el cuento de la región de Francfort, publicado en el volumen VII de Anthropophyteia (nº. 26); el niño pregunta a su padre por qué los niños no lanzan cometas más que en otoño. El padre se lo explica: “Sólo pueden lanzarse cometas tras la cosecha porque sólo entonces hay grandes espacios para correr. Pero yo lanzo mi cometa todo el año (steigen lassen (a)).”
(a) En alemán en el texto: hacer subir (N. del T.).
(Sandor Ferenczi. Obras Completas, Psicoanálisis Tomo II, Ed. Espasa-Calpe, S.A. Madrid, 1984).
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