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 Principios Bioanalíticos:

Bases para un modelo en Psicología Bioanalítica

 

Ps. Juan V. Gallardo Cuneo

Director Indepsi

I.- Introducción.

Iniciar un texto como el que se desplegará a través de las presentes páginas con el propósito de ofrecer una perspectiva de la psicología, aspirando a desarrollar un modelo teórico novedoso y original, y que se ocupe de cúmulos de información reunidos a través de los tiempos, resulta no solo una empresa titánica, sino también pretenciosa y de alto riesgo. El intento de integrar dicha información bajo una perspectiva cuya pretensión sea generar una nueva mirada sobre el acontecer de lo psíquico, utilizando conceptos nuevos, construyendo hipótesis  de trabajo y resignificando los discursos establecidos, ya resulta francamente en extremo ambicioso y aventurero.

Si además, consideramos junto a lo anterior, los múltiples riesgos que tras el uso del lenguaje subyacen, esto es la dificultad de comunicar ciertas ideas a través de signos, cuya “nebulosa cadena de asociaciones” sugieren una mayor o menor comprensión del “hecho a significar”; las series de “transformaciones” a las que se ve expuesto tanto quien comunica como quien recepciona; y finalmente la imposibilidad de aprehender “el hecho en si”, debiendo satisfacernos solo con una aproximación asintótica a la naturaleza del mismo, la pretensión aquí desplegada resulta, definitivamente irracional y absurda.

Sin embargo, y dado que un pulso sempiterno e ignoto puja desde lo más recóndito de lo psíquico, ya como principio rector, ya como quimera, y que bajo la forma de "esfuerzos" por construir lenguaje y pensamiento en relación a "hechos y sus conjunciones con otros hechos" atraviesa transversal y longitudinalmente ciertas existencias plasmando su particular naturaleza sin que aún entendamos del todo cual es su propósito, la pura pretensión de intentar el reto antes denostado adquiere por su pura identificación con este pulso, su fundamento.

Por otro lado, la más elemental comprensión histórica del acto de pensar, nos señala que la construcción de cualquier "saber", sea este popular, docto o científico, ha estado permanentemente cruzado por este razonamiento, (¿Porqué y para qué piensa un ser humano?), y también nos refleja como cada saber a través de la historia, puede ser entendido como un punto de un continuo entre dos extremos –que a su vez son puntos entre otros dos extremos-; y que cada uno de ellos necesariamente sucede a otro anterior, y consecuentemente antecederá a otro por venir. En consecuencia, los discursos culturales –y ¿que discurso no es cultural?- suelen estar plagados de desaciertos, conjeturas, prejuicios, y cierto saber -los muchos transitorios, los menos que alcanzaran el estatus de definitivo,  que solo con posterioridad develaran cada una de sus condiciones; y sin embargo, no obstante esas características nada puede venir a desmentir el hecho específico de que a través de ellos se empieza a trasuntar un saber particular, que gradual y progresivamente, ira articulándose como “conocimiento genuino”. En este punto, paradojas mas paradojas menos, podemos aventurar, al menos hipotéticamente, que el “plexo de conocimientos actual” indiscutiblemente progresa hacia una mejor comprensión de la “realidad”.

Si para complicar más aún el escenario en el cual nos encontramos, consideramos, adicionalmente, que en el dominio de lo psicológico el “discurso” es el medio de comunicación, y que dicho discurso debe su existencia al ser que comunica, y que es, precisamente, éste ser quien pretende clarificar tanto la naturaleza de su discursividad, como su naturaleza en tanto ser del discurso, pareciera que estuviéramos frente a una situación, que cual “cinta de Moebius” nos enfrenta a una series de problemas aparentemente irresolubles y perplejizantes.

Frente a este complejo panorama vale la pena, entonces, intentar en los inicios del presente texto destacar al menos dos consideraciones básicas, para avanzar en el discurso que proponemos, y de paso empezar a fundamentar el sentido de la pretensión del presente libro: una, que hace referencia a un modelo básico de trabajo y al uso del lenguaje que se utilizará a lo largo de estas paginas, y otra que refiere a ciertas consideraciones con respecto al problema del pensamiento y del lenguaje humano, su origen, su evolución y el surgimiento del lenguaje psicológico.

En relación al primer punto, quisiéramos presentar algunas consideraciones previas sobre las cuales se sustenta la propuesta del presente texto, y que conlleva una doble orientación: la primera: temática, cuyo tema fundamental, surge de los pioneros postulados de Sandor Ferenczi sobre psicoanálisis, psicoterapia y bioanálisis, y las variadas derivaciones que de esta línea de pensamiento se han generado (reconocidas o no en su paternidad originaria), tales como la teoría de las relaciones objetales, la psicología del yo, psicosomática, bioenergética, y otras.  La segunda: estructural, esto es la búsqueda de una base epistemológica, conceptual y teórica que nos permitan presentar estas ideas, aspirando a sustentarnos en una línea discursiva fenomenológica, psicoanalítica y matemática, que se sustenta en la base del estilo de pensamiento ferencziano, que a nuestro juicio ha sido posteriormente encarnada por diversos pensadores, analistas y teóricos, reconociendo en nuestro caso una particular sintonía con conceptos y desarrollos teóricos y epistemológicos del estilo de pensamiento de Wilfred R. Bion, Matte Blanco,  entre otros. Demás está señalar que el fundamento de este tipo de discurso, se apoya en que creemos que el intercambio dinámico que se efectúa entre el lenguaje fenoménico (consensual, de sentido común, habitual, lo dado a la consciencia), el lenguaje psicoanalítico (dinámico, estructural, sistema deductivo científico) y el lenguaje matemático (abstracto, calculo), permite una mayor precisión al esfuerzo comunicacional, a la vez que confirma fácticamente los supuestos utraquísticos de Sandor Ferenczi.

Nuestro punto de partida, es considerar pues en primer término que cada discurso (y por supuesto, este texto, como pretensión de discurso) puede ser entendido como un elemento dentro de un Conjunto de Discursos, compuesto por elementos de valor d1, d2, d3, ...hasta dn, que poseen una figuración dentro de una colección de objetos que se ajustan a una formula, regla o proposición que los describe e identifica, -en este caso "serie de palabras y frases empleadas para manifestar lo que se siente o piensa" (R.A.E.)- y susceptible de ser agrupados en orden a ciertas propiedades. Luego, es posible pensar sobre los componentes que organizan estos elementos, destacando en esta primera aproximación la unidad básica de estos elementos: la palabra (signos), las series de relaciones que ligan una palabra, una proposición o una oración con otra en ajuste a reglas, tanto para lo llamamos el lenguaje (sintaxis), como para los significados de dichos signos lingüísticos (semántica), y las relaciones de sentido utilizados en la articulación de dichos signos (lógica). No obstante no debiera perderse de vista que dado que todos estos discursos refieren a cosas, cualidad de cosas o relaciones entre cosas, más allá de los aspectos formales y de significación implícitos en ellos, el vehículo a través del cual se presentizan refiere a la existencia de un mundo de ideas o representaciones.

Lo anterior nos invita pues a postular otro dominio de existencia, que llamamos el dominio de las Representaciones, -Conjunto R-, y a preguntarnos sobre la naturaleza de los elementos que lo configuran y su relación con las Ideas o Conceptos, ya sea desde una perspectiva “ontológica” en relación a cierta materialidad o realidad, o “psicológica”, en tanto equiparación con cierta identidad o representación mental. Nuestro punto de partida es la comprensión de la representación como el objeto de un órgano sensorial (el Yo), cuya función es la percepción de aspectos de la realidad materiales e inmateriales (la cosa, estados de la cosa, acciones y operaciones de la cosa, funciones de la cosa, relaciones entre las cosas, relaciones de la cosa con Existenciarios básicos), organizados en función de la participación de los órganos de los sentidos exteroceptivos e interoceptivos, cuyos productos se combinan en orden a la predominancia  y/o combinatoria de un órgano sobre otro, y a los aspectos percibidos. De tal suerte la representación en relación a los aspectos sensoriales configura: la imagen a la visión, el sonido a la audición, la sensación a la cenasteis, etc...; en tanto que la representación en relación a los aspectos no sensoriales configura, otros productos llamados “cálculos” en relación a aspectos temporales, espaciales o a la particulares combinaciones de ambos, y “conceptos” y “recuerdos” en relación a la sumatoria de las percepciones de productos espacio-temporales pretéritos (mnésicos). En este sentido, le atribuimos a la “representación” una serie de propiedades, a saber:

 

1. siempre es una representación de un objeto, de sus cualidades, estados, o relaciones con otros objetos;.

2. su carácter es el de una nueva presentación recalculante (reckoning), en tanto producto sensorial se puede hablar de aspectos sensibles o ideacionales según el predominio de órganos sensoriales o ideacionales (conceptuales, mnésicos);

3. su valor en tanto significante radica en la naturaleza sensorial de su presentación, en tanto que su valor simbólico radica en la posibilidad de identificar elementos de la realidad; tiene un valor constructivo en tanto función especular;

4. cumple una función adaptativa en relación a representar y proteger al organismo de aquellos componentes de la realidad que lo amenazan;

5. y finalmente llamaremos “elementos psi” a los objetos idiosincrásicos del dominio de lo representacional, y entenderemos al “lenguaje” (un clivaje de sonoridad, imagen y cenestesia), como el sistema en torno al cual se presentizan.

 

Por esta vía es posible, suponer que en el dominio de las “representaciones” se pueden distinguir una serie de categorías de análisis en relación a: su naturaleza (su estructura, su función, su sentido), su génesis, su desarrollo, y sus perturbaciones con sus eventuales derivas.

Adicionalmente, agregaremos que entendemos cada representación, como la combinatoria de dos componentes: elementos a, y elementos b, (ab). entendiendo originalmente ambos símbolos como vacíos de significado, pero implicando una función, cual sería en el caso de los elementos a, el constituirse como representantes del pensamiento secundario, y los elementos b, como representantes de pensamiento primario (3). De este modo, se sigue la posibilidad de comprender toda representación, y por extensión todo discurso como una particular combinación de elementos(ab), y explorar la naturaleza y funciones tanto de las representaciones como de los discursos en un contexto particular, atendiendo a los distintos grados participativos, ya sea de elementos a, como b.

Una nueva consideración, que nos surge en esta introducción preliminar, surge de la adscripción al uso del Método Utraquístico, cuya comprensión etimológica nos refiere “a lo uno, lo otro, y/o lo uno y lo otro”, y que en una primera aproximación nos remite a una cierta teoría sobre el “uso de las analogías”, que postula la posibilidad de “realizar un productivo paralelo entre áreas de investigación aparentemente distanciadas, tales como la poesía y la física, o el drama y la biología”. Desde esta posición, se condice naturalmente el entroncamiento teórico con el pensamiento de Sandor Ferenczi, y la pretensión de continuar su línea de pensamiento, al igual que la proximidad al pensamiento de Wilfred Bion, y al uso que hacemos de muchos de sus conceptos, como por ejemplo la “Tabla”, entendida como un método de registros de series de categorías -elementos de psicoanálisis-, con atención a dos ejes: uno que señala grados crecientes de complejidad del desarrollo del pensamiento y, otra, que distingue entre los variados usos que pueden prestar los pensamientos.

A lo largo del presente texto,  “la Tabla”, así como muchos otros conceptos de Bion, el uso de modelos matemáticos, el folclore popular, la literatura y las artes en general, permanentemente nutrirán el intento de justificar la existencia de una psicología bioanalítica, y en especial la Teoría de Conjuntos, en tanto este modelo matemático permite estudiar la agrupación de elementos, sus propiedades, ordenamientos, estructuras, y leyes que los regulan.

 

II.-  Pasos hacia un Modelo básico.

Aclaradas estas dos consideraciones previas, pareciera necesario al inicio de este texto exponer un modelo para describir como entender la conformación del Aparato Psíquico, desde una aproximación bioanalítica, y utilizamos para ello el símil de un “estudio de Televisión”, pues creemos que esta imagen se presta plásticamente para graficar en primera instancia la configuración de un modelo de estructura, organización y funcionamiento de dicho aparato. En este símil, lo primero que delineamos es la existencia hipotética de un algo, que esta fuera de este estudio televisivo, que llamamos la realidad, y que en una primera aproximación definimos como el conjunto de lo Etológico, -Conjunto E- compuestos de elementos e, y situando en este dominio algunas mínimas, verdaderamente mínimas, afirmaciones, que han alcanzado el orden de lo hipotético definitorio, es decir representaciones que se encuentran saturadas de elementos a (el máximo posible de presencia de a), dentro de la discursividad humana.

Este Conjunto de lo Etológico, del que revisaremos más adelante sus implicancias epistemológicas, correspondería a lo que generalmente se llama el orden de la  “Realidad o Existencialidad”; solo que al usar este nuevo concepto para denotar dicho orden, le adjudicamos una categoría del orden de lo matemático, y nos permitimos una primera aproximación en la cual poder: 1) afirmar la existencia de una serie de elementos como pertenecientes a un dominio particular, 2) sustentar una serie de proposiciones aplicables a los elementos de este dominio que aluden a aspectos muy básicos y elementales, y que pertenecen a la categoría de las hipótesis definitorias de los discursos humanos, y 3) sustentar la pretensión de determinar las relaciones de los elementos de este conjunto con elementos de otros conjuntos, con miras a clarificar las particulares conexiones existentes entre sus distintos elementos, y en segunda instancia, vincular los elementos a con los elementos e, y con las propiedades de existencia (Existenciarios Básicos) que regulan dicho orden.

Inicialmente, al Conjunto de lo Etológico, lo entendemos compuesto por elementos e, con las propiedad del en-sí del elemento y del para-sí del elemento, y con valores que van desde e1,e2, e3, hasta en, y fundamentamos dicha distinción en el intento de identificar: la naturaleza, propiedades, relaciones y funciones de los distintos elementos e.  Simultáneamente, nos interesa comprender la participación de los elementos a, como entidades que representan específicas relaciones con el en-sí y el para-sí de dichos elementos e, llamando a esas relaciones “la propiedad a de refracción”, para señalar a partir de este término tomado de la óptica, la propiedad de un determinado elemento para duplicar las imágenes de los objetos.

Por esta vía, nos permitimos construir un primer mito etológico, entendiendo por “Mito”, una construcción narrativa que porta un significativo elemento a, y cuya narrativa se presta más allá de la forma del discurso para vehiculizar dicho elemento. Este primer Mito, que refiere a aspectos básicos de nuestra humanidad considera la presencia de un homínido en algún lugar físico, una compañera, su prole, una caverna, fuego y agua, un entorno del cual obtener nutrientes, movimientos y actos, otros homínidos con quien interactuar, ruidos del entorno y la emisión de ruidos personales y el uso de sonidos como modo de comunicación, e inaugura un orden de existencia, él que a pesar de lo rudimentarios de los conceptos, podríamos situar en el orden de lo natural, instintivo, biológico, etc... Este primer mito etológico, nos permite en los inicios de nuestra presentación, inaugurar una primera aproximación a la comprensión del Conjunto E, y a la naturaleza de los elementos e, facilitando, por otro lado, en tanto nuestro propósito sea solo configurar dicho dominio, sustraernos de la necesidad de explorar, al menos por ahora, otras propiedades de dichos elementos.

Volviendo a nuestra imagen de un estudio de Televisión, entendemos la existencia de un cuarto hexagonal, esto es de seis paredes, en cinco de ellas una cantidad determinada de monitores (que en nuestra metáfora son seis por pared), una sala central en la que se encuentra una gran maquina central –que llamamos “la moviola”- que regula los flujos de entrada y salida de información, y en la sexta pared, una gran pantalla central donde se observan imágenes producto de la actividad de esta sistema. Suponemos un agente operador de la citada moviola con un intercomunicador colgado en su cabeza, y un agente externo a esta sala, sentado con un control remoto observando las imágenes por la contracara del gran monitor.

De los monitores adosados a los muros, distinguimos en una pared “P”, seis de ellos que contienen imágenes de eventos que están sucediendo en el mundo de lo Etológico, en el “aquí y ahora”, y que ofrecen distintas perspectivas de esos aconteceres (que llamaremos “realizaciones”) –lo mas cercano a esto en el lenguaje psicológico serían las percepciones-. Los monitores de la segunda pared “M”, contienen información proveniente de otra sala donde determinados agentes almacenan y clasifican conjuntos de registros, que a través de los tiempos seleccionan, jerarquizan y organizan bajo parámetros específicos, y corresponden a eventos que ocurrieron en “el allá y entonces” – y que en el lenguaje psicológico, equivalen a las memorias-. Los monitores de la tercera pared “F”, contienen información, resultante de la combinación de materiales tanto de “P”, como “M”, que ligados a ciertas particulares operaciones terminan en productos originales, inéditos e idiosincrásicos -lo que llamamos el mundo de la Fantasía-, los monitores de la cuarta pared “Mf” contienen información proveniente también de otra sala donde otro grupo de agentes almacenan y clasifican conjuntos de registros, y que han través de los tiempos seleccionan, jerarquizan y organizan bajo parámetros específicos, correspondientes a los productos de “F”, estos eventos que nunca ocurrieron en el mundo real, pero que surgieron como gestiones del dominio de “F”, esto en “el Adentro/Adentro” – y que en el lenguaje psicológico, equivalen a las memorias de las fantasías- y, finalmente, en la quinta pared C, se observan monitores, proyectando series de códigos alfanumericos de información que corresponderían a funciones de equivalencia entre los datos recogidos desde el mundo externo e interno y a series de códigos que los representa en el psiquismo –cercano a lo que podríamos llamar cogniciones o pensamientos.

Aplicando el término ferencziano de “Recalculamiento”, consideramos en este modelo que cada conjunto de monitores de cada pared están en interconexión, y que a su vez cada uno de estas series, se recalcula con las otras.

Los datos recogidos por el sistema a partir de estas cinco paredes P,M,F, Mf y C y las interacciones entre ellas, serían procesadas antes de aparecer en nuestra pantalla central (la que en términos psicológicos correspondería a la consciencia), por un agente y un aparato –en nuestra analogía “la moviola”- que sometido a ciertas funciones que le son propias determinan la serie de “transformaciones”, el curso y las cualidades del producto final. Puesto en nuestro ejemplo postulamos que este Agente interno se regula por un conjunto de consideraciones en relación a planes, a la naturaleza de la información, a la audiencia, y cumplirá sus funciones en orden a “operar” con las imágenes de tal modo de proyectar, censurar, sustituir, aumentar, magnificar, oscurecer, etc. las imágenes que recibe en la moviola de forma tal, que al ser proyectadas logren el objetivo regulador de la gestión de dicho agente interno.

A este Agente Interno, en consecuencia con nuestra metáfora televisiva, y dado que lo caracterizamos en un continuo de funcionamiento entre el pensamiento primario y secundario, lo llamamos “el  Director” cuando el sistema no puede reconocer su presencia, ni puede identificar el sentido o motivación de las “operaciones” que realiza, y “el  Pensador”, en la medida que el sistema es capaz de reconocer una instancia reguladora y operativa dentro de si, que subyace al funcionamiento representacional.

De igual modo, en relación al Agente Externo, y en relación al mismo continuo de funcionamiento, acuñamos la expresión de “el Tonto del Circo” para señalar el tratamiento de las imágenes representadas como “cosas en si mismas”, y el nombre de “Yo lucido”, para aquella función de tratar las representaciones como representantes de series de “transformaciones” del dominio de lo etológico o del dominio del acontecer intrapsíquico.

Ahora bien, “la Moviola” por su parte la concebimos como un aparato compuesto de una serie de mecanismos capaces de operar con los distintos elementos provenientes de los diferentes registros de este sistema (P, M, F, Mf y C), representarlos, combinarlos y modificarlos, estos es procesar y transformar el material según reglas de combinación, (de valor 0 a valor n) y en atención a una ley fundamental: la “instauración del principio de realidad”, que equivale a decir la maximización de elementos a, en el predominio del funcionamiento psíquico. De esta suerte si conjeturamos que una de las propiedades de los elementos e es la de interactuar con los elementos a (a través de una función especular), podemos dado su carácter de ajeno al sistema, adjudicarle al par ordenado (e1,a1) un orden de existencia cuya cualidad de Realidad puede constituir, facilitar, consolidar o destruir los procesos de funcionamiento del sistema (siempre con valores de 0 a n). En una primera descripción de este modelo, distinguimos en dicha moviola, dos sectores: uno compuesto por series de interruptores (on-off), y otro con perillas reguladoras que operan con rangos de valores, y le asignamos a dicha moviola, series de funciones de “Transformación” del material, y distinguimos mecanismo de funcionamiento primario, y otros de funcionamiento secundario.

Finalmente, la pantalla central de nuestro sistema, la llamamos MS (en relación a MegaSensorial), entendiéndola como un telón de representaciones de lo que llamamos el Conjunto de elementos Psi (y), compuesto por los pares ordenados (a,b), con valores de 0 a n.

Como se colige naturalmente, el modelo anteriormente descrito puede a simple vista parecer una sobresimplificación del discurso psicoanalítico, en donde rápidamente se aprecian la presencia de los elementos de la tópica freudiana: Consciente e Inconsciente;  Yo, Superyo y Ello; Mecanismos de Defensa, Represión, etc... Sin duda, que esto así, pues el mérito al que este modelo básico aspira, es junto con ofrecer una imagen plástica y sintética del saber psicoanalítico, permitir llevar dicho discurso a un punto que inaugure nuevos espacio reflexivos en el dominio de lo bioanalítico. Sin embargo, baste al momento presente dejar para más adelante la continuación de la exposición de este modelo, y con estos mínimos elementos intentar ejemplificar un uso práctico de este lenguaje.

Avanzando un poco más en el uso de este modelo, inauguramos una serie de Mitos, entendiéndolos como pequeñas narrativas portadoras de elementos a, útiles a la comprensión de nuestra exposición. Comenzando con nuestro primer Mito Etológico, que nos refiere a la existencia de un homínido, su hembra, crías, una caverna y su nicho ecológico, y suministros de subsistencia: fuego, agua, alimento, y otros homínidos.

La primera proposición, de la que partimos es que al interactuar el homínido con su entorno, surgen nuestros dos primeros elementos e, (e1 =homínido; e2 =naturaleza) y con ello los dos primeros elementos a, (a1, humano;a2, nicho ecológico), abriendo el tema de determinar las propiedades, cualidades y características de ambos elementos e.  Nuestra segunda proposición surge de identificar la naturaleza de las interacciones existentes entre estos dos elementos, distinguiendo, por un lado series de Relaciones, y por otro series de Acciones,  distinguiendo en la afirmación: “en un principio fue el Acto”, un punto constitutivo de este discurso. En consecuencia, sin tener que profundizar aún en exceso, podemos identificar un nuevo elemento e3 con su respectivo a3,  que llamamos “espacio”, y señalamos un conjunto de elementos a Û (e1 R e2), llamándolo “Realización”.

Nuestra tercera proposición, considera que dado que todo lenguaje surge necesariamente de una realización, este necesariamente ha de sustentarse en un cierto acto de distinción y designación de elementos e, y por lo tanto corresponderá a cierto tipo particular de Realizaciones, cual sería otorgar a la relación de estos dos elementos una otra cualidad, encontrando en el Sonido, dicho sustento: “en un principio fue el Verbo”, y definimos un nuevo elemento e4 con su respectivo a4 que llamamos “tiempo”, (dado que el lenguaje es sonido, esto es “son-ido”), y un nuevo conjunto de elementos a Û  (e1 R e2), llamándolo “Lenguaje”.(X).

Nuestro mito etológico, nos permite entonces empezar a operar con los elementos a, postulando que el humano se mueve en un determinado nicho ecológico, dando origen a una serie de “realizaciones”, y que ciertos mecanismos facilitaran estas acciones. Así, si éste necesita agua para sobrevivir, su aparato sensorial se orientará a buscar un elemento e, (objeto) que sacie su necesidad, de tal suerte que si lo encuentra, se configura un par ordenado (e, a), y en la medida que dicha unidad impacta sus monitores P, se facilita la instauración de un par ordenado (a,b) en tanto unidad básica del sistema. Sin embargo esta experiencia, de suyo resulta aun inidentificable e innombrable, y solo la recurrencia de “realizaciones equivalentes”, con la implicancia de inaugurar registros en los monitores M, permitirá que dicho par (a,b), se configure en torno a alguna “constancia” que establezca a dicho par ordenado, como precursor del pensamiento secundario y el “principio de realidad”.

Por estas vía, serie de pares (e,a) de la Realidad, se irán organizando, en series de pares (a,b), a través de continuas “realizaciones”, presentizando a través de la función especular a, una representación de distintas propiedades de e, a saber: espaciales, temporales, energéticas, relacionales, procesales, etc..., con miras al establecimiento de otros pares (a,b) propendientes a relaciones de  unicidad e identidad. Dejemos para mas adelante explorar las vicisitudes de la relación realidad-representación simbolizadas en el par ordenado (e,a), y permitámonos continuar con la fenomenología mas inmediata de nuestro mito etológico. Nuestro homínido se encuentra con el agua,  la bebe y se sacia (experimentando una realización), en esta ocasión la naturaleza de su encuentro con el (e,a)=agua, impactará la pantalla P, donde F(a), esto es la función a  registrará algunas propiedades de ella (forma, color, olor, etc.); organizando dicha información con otras pantallas (M memorias, y C pensamientos), y generando distintos flujos de información que, finalmente entraran a la moviola, dando origen a series de transformaciones y procesos de calculamientos.. El Agente Interno (director-pensador), recalculará dichos flujos de acuerdo a determinadas reglas y proyectara en el gran telón MS, imágenes (que llamamos representaciones) las que configurarán un nuevo orden, que determinaran el mundo representacional de nuestro Agente externo (yo lúcido-tonto del circo).

De este modo surgen en la pantalla MS, ciertos elementos –los elementos Psi (y), en tanto productos resultante de determinados pares ordenados (a,b)- que se relacionarán con los pares (e,a), según grados de equivalencia entre unos y otros, y según la naturaleza de las “transformaciones” a que se ha sometido el material, organizándose “series” de elementos, en virtud de los grados relativos de participación de elementos a y elementos b, en tanto el material ha estado sometido a distintos tipos de “transformaciones” que han variado sus propiedades (e,a) originales.

Algunas reflexiones preliminares nos permiten suponer, a modo de ejemplo, que si los datos registrados son procesados a través de las reglas del proceso primario, es posible que la representación final en la pantalla MS, poco tenga que ver con el elemento existente en la realidad: en este caso decimos que el producto de la moviola es un elemento saturado de b, con un a tendiente a 0, y que el elemento (y), proyectado en la pantalla final también lo será Si por el contrario la información es sometida al procesamiento secundario, decimos que el producto final es un elemento saturado de a, con b, tendiente a 0.

Sin duda alguna, nuestro modelo básico hasta aquí desarrollado, requiere aún muchas otras reflexiones, no obstante al momento de nuestro texto pareciera ser suficiente con las consideraciones previas para iniciar nuestros primeros pasos hacia una psicología bioanalítica.

 

 

 

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