El término contratransferencia
fue usado por primera vez en la famosa declaración:
Nos hemos dado cuenta
de la contratransferencia, que aparece [en
el analista] como resultado de la influencia del paciente
sobre sus sentimientos inconscientes, y estamos inclinados
a insistir en que esta contratransferencia debe ser reconocida
en uno mismo y vencerla ... ningún psicoanalista
puede ir más allá de lo que sus propios
complejos y resistencias internas le permiten. [Freud,
1910a, pp. 141-142]
Poco después de
la introducción del concepto de «reacción
contratransferencial», Freud en un artículo
posterior, elaboró la importancia de este nuevo
fenómeno, considerando la contratransferencia,
inicialmente, como un impedimento, y advirtiendo a los
analistas que no se expusiesen ellos mismos en este proceso.
El doctor debería ser neutro en relación
a sus pacientes, y tal como un espejo, no debería
reflejar nada más de lo que le era mostrado a él...»
(Freud, 1912b, pp. 118). En su formulación original,
Freud, veía la contratransferencia como una obstrucción
para la libertad de comprensión del analista, y
entendía la mente de éste como un instrumento,
que era afectado negativamente en la situación
analítica por la contratransferencia (Freud, 1913b).
Después, reiteradamente señaló la
existencia de puntos psicológicos ciegos en el
analista, reflejados en sus reacciones contratransferenciales
(Freud, 1912b, 1915, 1931, 1937), abogando primero por
el análisis didáctico (Freud, 1912b) y luego
por un análisis cada cinco años (Freud,
1937) para reducir la influencia de las reacciones contratransferenciales
en el tratamiento.
EL ENFASIS DE FERENCZI
EN LA CONTRATRANSFERENCIA
Tal como en muchos otros
descubrimientos de Freud, Ferenczi entusiastamente tomó
la delantera y comenzó a desarrollar sus propias
consideraciones intelectuales, técnicas, y personales
en el estudio y la aplicación de la contratransferencia,
siendo el primer analista que empleó las reacciones
contratransferenciales como una herramienta significativa
para comprender el proceso analítico y contribuir
al proceso de la cura; aspecto que Freud finalmente encontraría
en sus últimos años (Freud, 1937).
Freud reconoce explícitamente a Ferenczi su significativa
contribución a la comprensión de que lo
que constituye un análisis exitoso y su término
natural. En apariencia, tanto las reflexiones de Ferenczi,
como su análisis con Freud influyeron fuertemente
en el texto Análisis Terminable e Interminable
(Gedo, 1986a), cuya temática es de vital importancia
para la comprensión de la contratransferencia.
En dicho artículo Freud se refiere a los textos
de Ferenczi (Ferenczi, 1927a) donde éste concluye
que el análisis no es de ninguna manera un
proceso interminable (pp. 86). Para Freud esta consideración
de Ferenczi, basada en sus años experimentación
con un encuadre de tiempo limitado para el análisis,
debía ser considerada: El artículo
en términos generales, sin embargo, me parece que
tiene la intención de una advertencia, no para
lograr el acortamiento del análisis, sino para
profundizarlo (Freud, 1937, pp. 247). La profundización
en el análisis, hacia la cual Ferenczi volvió
su atención en la fase final de su trabajo clínico,
se sustenta en la idea de la participación del
analista en el avance del proceso.
Freud, hacia 1937, escribió algunas notables declaraciones
relacionadas con su afinidad con las visiones humanistas
que Ferenczi desarrolló poco antes de su muerte,
y que contribuyeron al fatal conflicto entre ambos. Evidentemente,
Freud tuvo tiempo para analizar su rabia y su deseo de
censurar a Ferenczi y comenzó a apreciar la focalización
de la contribución del analista en el proceso de
tratamiento que una vez su pupilo favorito había
iniciado, afirmando su credibilidad en este nuevo enfoque
para el psicoanálisis.
Ferenczi señala
el punto más relevante, al argumentar que el éxito
depende en gran medida de que el analista haya aprendido
suficientemente de sus propios errores y equivocaciones
y haya logrado superar los puntos débiles
de su propia personalidad. Esto proporciona un importante
complemento a nuestro tema. Entre los factores que influyen
en el progreso del tratamiento analítico y que
se añaden a las dificultades, del mismo modo que
las resistencias, debe tenerse en cuenta no sólo
la naturaleza del yo del paciente, sino también
la individualidad del analista. [Freud, 1937, pp. 249]
En el texto freudiano
es dificil distinguir sus conclusiones de las ideas propuestas
por Ferenczi, ellas parecen fusionadas. Resulta un adecuado
tributo a los 25 años de relación, el hecho
de que a pesar de todas sus dificultades, en los años
posteriores a su muerte, Freud siguiera las ideas de Ferenczi
en relación al rol central de la contribución
del analista en el proceso de tratamiento. Nótese
el espíritu ferencziano, en la discusión
de las características personales del analista,
que hace Freud.
... mientras que las condiciones
especiales del trabajo psicoanalítico hace que
los propios defectos del analista interfieran en su correcta
comprensión del estado de situación de su
paciente, y le impiden reaccionar de un modo eficaz. Es
por lo tanto razonable esperar que un analista, como parte
de sus calificaciones, posea un considerable grado de
normalidad y salud mental. Además, ha de poseer
alguna clase de superioridad, de modo que en ciertas situaciones
analíticas pueda actuar como un modelo para sus
pacientes, y en otras como un maestro. Y finalmente no
debe olvidarse que la relación analítica
está basada en un amor a la verdad -esto es, en
un reconocimiento de la realidad- y que esto excluye cualquier
clase de impostura o engaño. [Freud, 1937, pp.
248]
La teoría de Ferenczi
sobre psicopatología, sustentada en la teoría
del trauma y de la seducción sexual infantil (De
Forest, 1942; Ferenczi, 1933), y su técnica de
análisis, centrada en el método empático
(Ferenczi, 1928b, 1930b, 1932c, 1933; Rachman, 1988a),
se focalizan en el análisis de la contratransferencia
como forma de mantener el proceso analítico. Su
trabajo con casos difíciles (narcisistas, borderline,
y trastornos psicóticos) fue la base del desarrollo
de estas ideas, siendo el primero en inaugurar una psicología
de dos-personas, que Kohut actualizaría cincuenta
años después. (Rachman, 1989a). Como estos
casos difíciles estimulaban sentimientos intensos,
era natural que el analista fuese consciente de sus reacciones
personales; lo inédito fue no conceptualizar estas
reacciones como patológicas o impedimentos del
proceso analítico, sino como una oportunidad del
analista para promover mayor comprensión, calidez,
y empatía con el analizando. Rompiendo con la tradición,
al no interpretar las expresiones criticas u hostiles
del analizando como resistencia en la transferencia, Ferenczi
se abrió a ver en estas crisis una muestra de una
verdad esencial en relación al análisis,
se examinó a sí mismo en relación
a la contribución que había hecho para estos
sentimientos en el analizando: Talvés el
tema que Ud. está planteando sea un problema mío...
(Ferenczi, 1928b, pp. 24).
El concepto ferencziano de mantener una constante buena
voluntad hacia el paciente, en respuesta al intenso comportamiento
negativo del analizando, es otro factor en el análisis
de la contratransferencia, pues según él
los analizandos tenían la capacidad de estimular
las reacciones negativas en el analista.
Uno puede de hecho hablar
de los consistentes intentos inconscientes del paciente...
por poner a prueba la paciencia del analista, y de probarlo
no solo una vez, sino que repetidamente. Los pacientes
observan las reacciones del médico, en la forma
de discurso, de su silencio, de sus gestos, e incluso
a menudo los analizan con gran perspicacia. Ellos detectan,
en su analista, los signos más mínimos de
impulsos inconscientes, quién tiene que someterse
a estos intentos de análisis con inextinguible
paciencia. [Ferenczi, 1928b, pp. 93]
BALINT CONTINUA LAS IDEAS
DE FERENCZI SOBRE LA CONTRATRANSFERENCIA
El desarrollo contemporáneo
de la noción de contratransferencia ha recibido
el legado de Ferenczi a través de algunos de sus
estudiantes, en particular a través del matrimonio
Balint, quienes influyeron en el desarrollo del enfoque
Británico de las Relaciones Objetales, al desarrollar
el enfoque humanista de Ferenczi en relación a
la contratransferencia. En sus escritos, cuestionan la
clásica noción freudiana de la contratransferencia
(Balint y Balint, 1939), que a partir de los años
30, sustentaba las originales ideas de Freud, en un contexto
rigido de ortodoxia analítica, que planteaba que:
1. Es un grave error contaminar
la situación transferencial con cualquier otra
forma que no sean las interpretaciones.
2. La tarea del analista es no transferir ninguno de sus
sentimientos hacia el paciente.
3. El analista tiene que actuar sobre la base de la afirmación
freudiana: El analista debe comportarse como si
fuera la superficie de un espejo bien pulido.
4. El análisis es comparable a una cirugía,
y el comportamiento del analista debe tener la precisión
y esterilidad de un cirujano.
5. La transferencia es un proceso unilateral, que se desarrolla
sin la participación de la otra persona.
6. Una cierta pasividad por parte del analista también
es requerida, para mantener el rol de un objeto no intrusivo
y mantener la esterilidad de la situación transferencial.
Michael Balint, en colaboración
con su primera mujer, Alice, continuaron las desviaciones
iniciadas por Ferenczi del sistema freudiano, intentando
desarrollar sus planteamientos en un estilo que pudiera,
al mismo tiempo, no ser crítico con Freud y crear
un clima de aceptación para las ideas de Ferenczi.
Retornando a la metáfora
freudiana, vemos que el analista debe realmente comportarse
como un espejo parejo, reflejando sin distorsión
la totalidad de su paciente, lo que no quiere decir que
deba comportarse pasivamente ... Mientras más claro
el paciente pueda verse a sí mismo en el reflejo,
mejor es nuestra técnica; y si esto ha sido logrado,
no importa cuanto de la personalidad del analista haya
sido revelada por su actividad o pasividad, su severidad
o su indulgencia, sus métodos de interpretación,
etc. [1939, pp. 229]
Considerando que la comunidad analítica, después
de la muerte de Ferenczi, estaba sufriendo los efectos
traumáticos del conflicto Freud/Ferenczi, los Balint
fueron muy cuidadosos en no agregar más elementos
a este trauma, sin renunciar a reflejar la visión
alternativa ferencziana del psicoanálisis y la
contratransferencia:
1. Pasividad y esterilidad
no son ingredientes deseables en el proceso analítico.
2. Existen muchos elementos personales que son inevitables.
3. Aspectos personales y la personalidad del analista
son ventilados privadamente, e incluso con interés,
pero ello no se hace público.
4. Existen diferencias en la atmósfera analítica
que son creadas por el analista.
5. Existen diferencias significativas en los estilos y
modos en que distintos analistas conducen la terapia (por
ejemplo, la decoración de la oficina, como terminan
las horas, como se maneja la interpretación).
6. Existen diferencias en la forma en que los analistas
tratan a sus distintos pacientes (por ejemplo, niños,
psicóticos).
7. Los distintos climas analíticos creados por
la personalidad del analista en la situación transferencial
actual gravitan en los resultados terapéuticos.
EL DESARROLLO DE FERENCZI
EN EL ANALISIS DE LA CONTRATRANSFERENCIA
Existen significativas
razones que explican por qué fue Ferenczi, de entre
todos los discípulos originales de Freud, el único
que se sintió impresionado por la noción
de la reacción contratransferencial y la desarrolló
como una nueva herramienta:
1. Freud centró sus esfuerzos en el tema de la
transferencia, no sólo por un interés teórico,
sino porque ello mantenía el foco en el paciente
y no en el analista.
2. Freud se sentía más cómodo en
el rol teórico que clínico; la contratransferencia
como tema central en el proceso analítico podría
significar un mayor acento a su propia contribución
emocional durante el tratamiento.
3. La mayoría de los primeros analistas veían
en Freud el modelo para sus propios comportamientos; si
se concentraba en la transferencia como el tema central
del análisis, ellos también lo harían.
Solo dos seguidores del círculo original de los
siete (Freud, Abraham, Eitingon, Ferenczi, Jones, Rank,
Sachs) -Rank y Ferenczi- desarrollaron sus propias ideas
y métodos.
4. El interés de Ferenczi por la empatía,
su trabajo con casos difíciles, su apertura emocional,
y su dedicación combinada de cura y salud, lo llevaron
en la dirección de creer que el análisis
de la contratransferencia era el aspecto central de la
cura analítica. La preocupación por la empatía
significaba que el foco estaba puesto en una psicología
de dos-personas, donde las intervenciones del analista
eran examinadas en orden de comprender las reacciones
transferenciales negativas del analizando. El cambio de
la elaboración de la resistencia hacia la comprensión
empática marcaba un cambio significativo en el
núcleo del análisis.
Ferenczi fue el primer
analista en trabajar con casos difíciles por largo
tiempo, y este trabajo contínuo e intenso, hizo
que las propias reacciones emocionales del analista fuesen
estimuladas y se volvieran parte constante del proceso
interactivo del análisis. El tema, entonces, era
qué hacer con las reacciones emocionales del analista
fueran estas negativas, eróticas, dependientes,
o de cualquier otro tipo. Es claro que la personalidad
de Ferenczi poseía un alto grado de amabilidad,
intimidad y dinamísmo, que al ponerse en juego
en el trabajo analítico, lo llevaron naturalmente
a focalizarse en la participación emocional del
analista en el proceso, aceptando el reto de poner a prueba
sus emociones. La consagración de Ferenczi hacia
la cura, es bien conocida. Pensando que no existía
ninguna razón para abandonar a un paciente que
deseara continuar asistiendo a análisis, planteaba
que se debía trabajar en las posturas y reacciones
emocionales del analista con el objeto de efectuar la
cura analítica. Las ideas fueron proféticas,
en tanto en nuestro tiempo se ha establecido que el trabajo
efectivo con los individuos no neuróticos depende
de la capacidad del analista de confrontar su experiencia
subjetiva en el proceso analítico (Balint y Balint,
1939; Kohut, 198a; Little, 1957; Racker, 1968; Searles,
1979a; Winnicott, 1949).
Con estas consideraciones en mente, es necesario señalar
además que Ferenczi tomó la idea de las
reacciones contratransferenciales y comenzó a desarrollar
la noción de análisis de la contratransferencia.
El análisis de la contratransferencia no solamente
reconoce una reacción emocional en el analista
como parte del proceso analítico, sino que alienta
al analista a explorar su reacción como parte de
su contribución al proceso de tratamiento. Esta
idea ha sido aún más desarrollada en los
tiempos modernos por estudiantes de la teoría Kleiniana,
como Heinrich Racker. (Debe notarse que el primer analista
de Melanie Klein fue Ferenczi [Grosskurth, 1986].), cuyas
formulaciones se centran en la contribución esencial
de la contratransferencia al proceso analítico
y en la necesidad del analista de examinar su propio sentido
del yo en este proceso (Racker, 1953). No es coincidencia
que un estudiante de Klein hubiese extendido la contribución
original de Ferenczi del análisis de contratransferencia.
Ferenczi contribuyó a hacer del análisis
de la contratransferencia, una herramienta útil
al desarrollo del tratamiento en cuatro grandes dimensiones:
1. una visión positiva
de las reacciones contratransferenciales,
2. el alentar la expresión de los efectos negativos
del paciente,
3. la autoapertura del analista, y
4. el análisis mutual.
1.- Visión Positiva
de las Reacciones Contratransferenciales
Existe una visión
negativa de la contratransferencia desde los inicios del
sistema freudiano (Epstein y Feiner, 1979; Gorkin, 1987;
Slaker, 1987; Wolstein, 1959), siendo Ferenczi el primer
psicoanalista en cuestionar dicha opinión, ofreciendo
una visión disidente que le asignaba una función
relevante y significativa para el análisis. De
Forest (1954) ha descrito lúcidamente sobre esta
teoría de la contratransferencia.
1. Remarca el hecho de
que es la herramienta más esencial para el terapeuta:
algo que surge del temperamento innato, y que está
directamente vinculado a la recuperación de la
salud emocional del paciente.
2. El carácter esencial de la contratransferencia
se relaciona con la ternura. Es la responsabilidad del
analista ofrecer... un ambiente de seguridad y calidez,
en la cual el paciente, a través de sus diferentes
expresiones de transferencia, despliega los problemas
no resueltos de su infancia.
3. El contexto de la contratransferencia cambia con el
mejoramiento de la salud del paciente:
a.- desde una etapa de
observación y estudio, cuidadosa y complaciente
en los inicios del tratamiento
b.- hacia una examen más empático y meticuloso
de las fantasías y conductas del paciente en un
período posterior,
c.- progresando hasta una etapa final de dar y recibir»
con el paciente, como una persona emocionalmente igualitaria.
[pp. 122-123]
Esta nueva visión
de Ferenczi de la contratransferencia desarrollada durante
más de quince años, comienza en el período
del método activo (Ferenczi, 1919a,b, 1920, 1924b,
1925a,b), cuando éste propone cambiar el rol del
analista de observador neutral al de un respondente activo,
ya que mientras más activo iba siendo el analista
mayor era la posibilidad de la reacción contratransferencial.
Si bien la postura analítica tradicional había
protegido al analista de las reacciones emocionales intensas,
debido a que su postura clínica alentaba más
bien una interacción autoritaria, distante y unilateral;
Ferenczi alentó una postura en la situación
analítica más interactiva, abierta, de dos
personas, y la consolidó en su última década
de analista dedicándose exclusivamente a los casos
difíciles (Ferenczi, 1928b, 1930b, 1931, 1932c,
1933), a la elaboración de la contratransferencia
como tema central de la mantención de su método
empático (Rachman, 1989a) y al análisis
de la psicopatología de la seducción y el
trauma emocional en la infancia. (Rachman, 1989b).
Es en la extensión y ampliación de esta
teoría y método de la contratransferencia
donde se sustenta la visión moderna de este tema:
Ferenczi en Europa, continuado posteriormente por Balint,
ligado a la Escuela Británica de las Relaciones
Objetales; y Harry Stack Sullivan en Estados Unidos, quien
le sugiere a Clara Thompson hacerse su segundo análisis
con el húngaro, siendo ella quien luego continuara
la expansión del tema en América.
2.- Crítica y afecto
negativo hacia el Analista
Esta nueva visión
alentaba al paciente a expresar libremente todos sus sentimientos
hacia el analista, incluyendo los sentimientos negativos,
que eran los que con más dificultad podían
manifestarse en la interacción analítica.
Ningún analista antes de Ferenczi, y muy pocos
después de él han estimulado tan abiertamente
a los analizandos a ser libres en sus críticas
en relación al analista. Como Ferenczi no reaccionaba
con distancia, silencio, retaliación, o defensividad,
los pacientes más severos encontraron un continente
a su rabia infantil hacia las figuras parentales, y el
vínculo empático alcanzó su punto
de mayor tensión en tanto el analista tenía
que aceptar, comprender, y responder terapéuticamente
a la hostilidad, crítica, ridículo, o rabia;
por esta vía se inauguraba el capítulo de
la expresión de los afectos y las relaciones de
objeto en relación a la contratransferencia. (Heimann,
1950, 1960, Little 1951, 1957, 1960, Racker 1953, 1957,
1968, Winnicott 1949, 1960a).
Ferenczi propuso considerar los ataques verbales como
argumentos serios sobre el estado emocional de la relación
terapéutica y, más importante aun, no como
resistencia inherente a la relación transferencial.
En su forma empática típica, escribió
para los futuros analistas que quisieran desarrollar su
manejo de dichas reacciones negativas:
Empecé a escuchar
a mis pacientes cuando... me llamaban insensible, frío,
incluso cruel, cuando me gritaban: ¡Ayúdeme,
Por favor! ¡No me deje indefenso! Entonces
comencé a revisar mi conciencia con el objeto de
descubrir si ...había de hecho algo de real o de
cierto en esta acusación. [Ferenczi 1933, pp. 157]
La idea de que en estas
acusaciones en contra del analista hubiera algo de cierto
fue un cambio significativo en el modo de pensar el tema,
y generó un nuevo encuadre en la consideración
de la contratransferencia, el enfrentar a analizandos
críticos, hostiles, o completamente insultantes,
permitió investigar tanto la naturaleza de la interacción
como la del propio funcionamiento clínico y personal,
con la finalidad de entender la experiencia subjetiva
del paciente dañado o enojado. Para el análisis
freudiano tales crisis de sentimientos negativos eran
una indicación de que el analizando se estaba defendiendo
en contra de los impulsos agresivos o sexuales, y que
estaba resistiendo la exploración de la transferencia;
pero en este paradigma el analista no buscaba cuanto de
la interacción podía estar contribuyendo
a las crisis de rabia, sino que interpretaba dichas reacciones
solo a partir de la psicodinamia del analizando como perteneciente
a la transferencia. Era una psicología de una persona
más que una psicología de dos personas.
Sugerir que el paciente podría estar expresando
una rabia hacia el analista por un comportamiento poco
terapéutico, que éste no podía discernir
por sí mismo, era considerado un punto de vista
disidente.
Ferenczi tuvo el valor de distanciarse de la visión
imperante de la interpretación en la transferencia,
cada vez que un paciente se enojaba o insultaba, y tuvo
el coraje de examinar su propio funcionamiento para discernir
su contribución a la interacción, iniciando
un doble proceso: aceptar la visión de los defectos
de la interacción terapéutica del analizando,
e instituir una metodología empática. El
analista enfrentado a argumentos negativos sobre el tratamiento,
debería buscar el modo y la realidad de esas acusaciones,
a través de empatizar con los sentimientos latentes
de rabia o disgusto del paciente. Secundariamente, debería
hacer un análisis contratransferencial, buscando
en sus propios sentimientos información sobre el
paciente y la naturaleza de la interacción, una
vez reconocido esos sentimientos debería explorarlos,
tanto en el aquí y el ahora, como en su pasado
histórico, para finalmente operar con ellos en
orden de aliviar la experiencia del analizando. El método
empático y el análisis contratransferencial
son aspectos esenciales en el análisis ferencziano
pues refieren al trauma sexual-emocional de la infancia
como origen de los estados emocionales límites
y facilitan la creación de la experiencia emocional
correctiva en la situación analítica.
3.- La Autoapertura del
Analista
Otra innovación
como parte del trabajo con las reacciones contratransferenciales
en el método analítico, es la redefinición
del rol del analista en la contratransferencia (Ferenczi
1928b, Rachman 1988a). Hacia 1928, se había instaurado
definitivamente la noción freudiana del analista
neutro y especular, cuando Ferenczi introduce la noción
de que la situación analítica podía
poseer una cierta elasticidad, una flexibilidad en el
funcionamiento que permitiera un comportamiento no tradicional.
Viendo como la actitud autoritaria e infalible del enfoque
tradicional impedía la posibilidad del análisis
de la contratransferencia, Ferenczi llamó a sus
colegas a ser más abierto en relación a
las reacciones contratransferenciales, e incluir la autoapertura
como parte de la práctica clínica; considerando
para ello la posibilidad de que el analista revelara sus
sentimientos en orden a mantener la relación empática
y a corregir el lazo terapéutico que la relación
contratransferencial había iniciado.
Uno no debe sentirse avergonzado de confesar los propios
errores. No debemos olvidar que el análisis no
es un proceso de sugestión, dependiente primariamente
de la reputación del médico y de su infalibilidad.
Todo lo que se necesita es la confianza en el médico,
en su franqueza y honestidad, aspectos que no deberían
resentirse por la sincera confesión de los errores.
[Ferenczi 1928b, pp. 95]
El mérito de reconocer
un error terapéutico no es sólo aumentar
la confianza del analizando, sino también contribuir
significativamente a la cura del trauma original de la
infancia. Ferenczi comparaba la actitud de hipocresía
o de desagrado con los pacientes, con aquellas actitudes
que en los vínculos infantiles habían llevado
a la enfermedad al paciente; y urgía a los analistas
a confesar aquellas actitudes al paciente para ayudar
a crear una relación nueva y sincera (De Forest
1954).
El eje del éxito terapéutico era una relación
empática continua, a través del trabajo
con las reacciones contratransferenciales, y la clave
para elaborarlas era el valor de admitir que el analista
tenía reacciones emocionales hacia el paciente,
y que ellas podían ser positivas y, más
importante aun, intensamente negativas; que dichas reacciones
podían ser identificadas por el paciente, incluso
cuando a veces el analista no era consciente de ellas;
y que, en consecuencia el análisis podía
beneficiarse si el analista admitía aquellas reacciones
negativas al paciente, especialmente cuando el paciente
lo confrontaba con ellas. La racionalidad teórica
del reconoimiento de los propios errores descansa una
vez más en la teoría del trauma,
La apertura libre [del
paciente] hacia sus sentimientos críticos, la voluntad
por nuestra parte de admitir nuestros errores y el ambiente
honesto para evitarlos en el futuro, todo ello crea en
el paciente una confianza en el analista. Es esta confianza
la que establece el contraste entre el presente y el pasado
traumatógeno, contraste que es absolutamente necesario
para que el paciente se permita reexperienciar el pasado
ya no más como una reproducción alucinatoria,
sino como una memoria objetiva. [Ferenczi, 1933 pp. 160]
La capacidad para asumir
los propios errores frente al analizando, no fue un tema
simple para Ferenczi, pues involucraba importantes aspectos:
necesitaba superar su entrenamiento freudiano, que le
condicionaba a que el analista fuera un objeto que no
se revelara en la situación analítica; también
era necesario trascender el rol de la autoridad del médico
prevalente en la sociedad Europea en los inicios del siglo
diecinueve y además, debía lidiar con sus
propios aspectos personales y profesionales, arriesgándose
a ser visto como un analista salvaje, o como un loco que
le decía a los pacientes que estaba enojado aburrido
o frustrado con ellos.
Al ofrecer una interpretación científica
y encontrarse con ciertos rechazos, Ferenczi tenía
que apreciar sus propias reacciones. Necesito confesarle
que mi primera reacción a tales eventos fueron
un sentimiento de atropello a mi autoridad. Por un momento
me sentí lesionado por la sugerencia de que mi
paciente o pupilo podría saber más que yo
(Ferenczi 1931, pp. 130). Su profunda comprensión
del funcionamiento de la empatía en la intervención
terapéutica le llevó a reconocer sus reacciones
contratransferenciales y desarrollar una respuesta innovadora:
Sin embargo, afortunadamente, se me ocurrió
el pensamiento de que él, realmente podría
saber más de sí mismo de lo que yo alcanzaba
a saber con mis conjeturas (op. cit. pp 130 ). La
sintonización de Ferenczi con el marco de referencia
interno del otro, le permitía responder con su
autoapertura: Por lo tanto admití la posibilidad
de haber cometido un error, y el resultado fue no una
pérdida de mi autoridad, sino que su confianza
en mí se incrementó (op. cit. pp.
130).
Asi, pues, no es de extrañar que la comunidad analítica
no estuviera preparada para sus recomendaciones, Ferenczi,
aspiraba a hacer de la situación analítica
un espacio democrático y emocional correctivo,
y la honestidad era la propuesta básica. El psicoanálisis
contemporáneo está recién comenzando
a revisar los beneficios de la autoapertura del analista
como una parte significativa del proceso analítico
(Gorkin 1987, Rachman 1990a)
4.- Análisis Mutual
Los desarrollos clínicos
de Ferenczi sobre análisis mutual son su más
controversial e incomprendida innovación técnica;
pues como él mantenía esta innovación
en secreto, sin consultar a Freud ni a ningún otro
colega, muchos de sus descubrimientos están rodeados
de misterio. A pesar de que sus artículos clínicos
no se refieren a la técnica del análisis
mutual, existen dos fuentes de información en relación
al tema: el análisis de Severn (1920, 1934), y
el Diario Clínico de Ferenczi (Ferenczi 1932c).
Aparentemente, Severn influyó profundamente en
Ferenczi, y habría sido quien le alentara a usar
el análisis mutual (Masson 1984). Es evidente,
tanto a partir de la introducción de Dupont al
Diario Clinico como en la lectura del mismo, que durante
los últimos años de su práctica clínica,
1932-1933, Ferenczi experimentó con el uso del
análisis mutual.
La técnica del análisis mutual se basa en
la idea de que el analista pueda ofrecer al analizando
algo de valor cuando está impedido de proveer una
interpretación correcta o una repuesta empática.
Asumiendo que todos los analistas tienen puntos ciegos,
debilidades contratransferenciales que no pueden controlar,
Ferenczi plantea que es sano contar con analizandos que
reflejen esas debilidades, en tanto no se posea una total
autoconciencia o aun no se esté bajo control, esperando
en tales circunstancias que el analista pueda ser autentico
sobre su limitación.
Básicamente el análisis mutual es el recurso
de que el analista intercambie su lugar con el analizando,
permitiendo que éste analice su comportamiento.
En otras palabras, a través de la creación
de un ambiente empático, el analista alienta al
analizando a decir lo que piensa o siente acerca de los
problemas del analista en la relación o en su habilidad
de responder. El análisis mutual se convierte en
un proceso de crecimiento personal o profesional para
el analista, puesto que le provee un espejo a través
del cual puede mirar su propio comportamiento: el espejo
es el analizando y sus reacciones frente al comportamiento
del analista. Pero para que este tipo de respuesta especular
produzca un crecimiento personal, ciertos factores deben
estar presentes: el analista debe estar dispuesto a mantener
una actitud humilde y curiosa, receptivo al cuestionamiento
de sus argumentos teóricos, sus métodos,
e intervenciones técnicas; así como al enjuiciamiento
de sus aspectos personales. Además, se necesita
para esta difícil tarea del análisis mutual,
el deseo y la capacidad de autoexploración. El
analista debe estar dispuesto y ser capaz de examinar
su propio funcionamiento tal como es reflejado en las
reacciones del analizando. A menudo, es natural que una
vez terminado el análisis didáctico la actitud
de autoexploración disminuya, como si la mente
deseara curarse de las áreas emocionales estimuladas
por la apertura del conflicto y el trauma. Para trabajar
en estos casos difíciles, es fundamental estar
dispuesto a autoexplorar las inedecuaciones, los conflictos,
y las incertezas del funcionamiento personal.
Ferenczi era incomparable en su deseo de mantenerse vulnerable
y explorar los más profundos recovecos de su funcionamiento
personal con el objeto de discernir su contribución
al proceso del tratamiento, e incluso se ha planteado
que arriesgó su propio bienestar emocional al practicar
el método humanista (Gedo 1986a). Para comprender
el sentido del análisis mutual, uno debe referirse
a las experiencias con casos limítrofes (condiciones
narcisistas, bordeline, y psicóticas), y a un recurso
extremo (Dupont 1988b), las personas que han sido severamente
traumatizadas desarrollan un sexto sentido emocional y/o
una capacidad de sintonizarse con el inconsciente emocional
de los otros sorprendente. Searles, a partir de esta idea,
ha desarrollado el concepto de que el paciente puede ayudar
al analista a tratar al paciente (Searles 1979a).
La idea del análisis mutual surge del análisis
de un caso particular, R.N. descrito por Ferenczi en su
Diario Clínico (Ferenczi 1932c), pero es correcto
decir que el análisis mutual fue de hecho una invención
de un analizando, y que implicó la noción
de empatía al límite. Surge como el intento
del analista por responder a las necesidades expresadas
por un analizando que sugiere que la única vía
para ser responsivo en el tratamiento es la reversión
de los roles; e irrumpe como una profunda prueba al método
empático como satisfactor de esa necesidad, que
el genio clínico de Ferenczi recogió y conceptualizó
en la idea del tipo de análisis para responder
a dicha demanda.
Ferenczi había visto a R.N. durante dos años;
en el primer período de análisis, se había
dado cuenta de que guardaba sentimientos negativos hacia
ella, y que en lugar de enfrentarlos directamente los
sobrecompensaba y practicaba su concepto de indulgencia
y terapia de relajación (Dupont 1988b). El desarrollo
de una transferencia erotizada, llevó al analizando
a creer que había encontrado al amante ideal, Ferenczi
retira su terapia de relajación y regresa a su
terapia activa confrontando a la paciente con los sentimientos
negativos no expresados hacia él. Como consecuencia
R.N. representó su sentimiento de que era Ferenczi
quien tenía sentimientos rabiosos hacia ella, ofreciéndole
la primera interpretación mutual. Ferenczi practicó
su autoapertura analítica, y reconoció que
la interpretación de R.N. era válida. Este
fue otro gran momento en la historia de la psicoterapia
fundada por Ferenczi. El había alentado a R.N.
a expresar libremente todos sus sentimientos hacia él,
y cuando ella le sugirió que era él quien
estaba causando un impasse terapéutico, él
en vez de refugiarse en la interpretación de la
resistencia y/o de la transferencia, aceptó esta
interpretación de su comportamiento; Ferenczi reconoció
al analizando, y R.N. fue, por un momento, el analista.
Posteriormente, reportaría que el análisis
había hecho significativos progresos después
de un estancamiento de dos años, y que el se sentía
menos ansioso y más liberado (Dupont 1988b). Así
se inauguraba formalmente el análisis mutual entre
analista y analizando.
Ferenczi llevó a cabo esta propuesta terapéutica
consciente de las contingencias y dificultades que involucraba,
sabiendo que al ponerse en las manos del paciente corría
ciertos riesgos: Esto podría no haber sido
suficiente, sin embargo, he aceptado el inusual sacrificio
de arriesgarme en un experimento en el cual, yo el doctor,
me pongo en las manos de un paciente no menos peligroso
(Ferenczi 1932c, pp. 99-100). Frente a la voluntad de
Ferenczi de arriesgar su propia salud emocional con el
objeto de mantener una conexión empática,
algunos verían en ello un signo de inestabilidad;
sin embargo, también puede ser visto de un modo
positivo: como un reflejo de su disposición por
ofrecer sus dotes y esfuerzos personales al acto curativo,
incluso frente a opciones complejas que otros no podrían
haber hecho; explorando espacios internos, lo oscuro,
lo confuso, y lo vulnerable, donde dos personas intentan
encontrarse en el nivel de la falta básica con
el objeto de descubrir sus verdaderas naturalezas.
Ferenczi estaba consciente de las dificultades y complicaciones
que el análisis mutual presentaba. En tres secciones
separadas en su Diario Clínico en 1932, el discute
las complejidades y limitaciones del análisis mutual:
1. El riesgo de que el paciente cambie el eje de atención
originalmente sobre su sí mismo, y se dedique en
forma paranoide a buscar los complejos en el analista,
2. La imposibilidad de dejarse analizar por cada paciente,
3. La necesidad imperativa de respetar las sensibilidades
del paciente, y
4. El problema en relación a la discreción
que se le merece a otros pacientes cuyo secreto el analista
podría en principio verse obligado a revelar al
paciente-analista.
Ferenczi se dio cuenta de que el análisis mutual
guiado solamente por las necesidades de una parte (del
analista o del analizando) es limitado; ello estaba distorsionando
seriamente la interacción. De hecho, lo que pasó
es que la técnica del análisis mutual en
sí misma se volvió una resistencia y un
impasse, R.N., desarrolló ideas delirantes de que
su colaboración estaba permitiendo a Ferenczi mantener
su experiencia terapéutica. (Lo que desde cierto
punto de vista era cierto, el análisis mutual sí
le permitió a R.N. al menos temporalmente, llegar
a ser terapeuta de su analista y ayudarlo a resolver las
dificultades neuróticas que él estaba teniendo
con ella [Searles 1975, 1979b]). Pero para que el análisis
mutual sea realmente efectivo se necesita que se encuentren
las necesidades tanto del analista, como del analizando.
Ferenczi decidió terminar el experimento del análisis
mutual después de que se convenció que ella
había llegado a un punto cercano al delirio acerca
de su colaboración, reportando que luego de un
periodo de hostilidad y desorden, R.N. decidió
seguir con el análisis de la manera usual e hizo
un progreso sustancial (Ferenczi 1932c). Sobre la base
de sus experimentos clínicos y la técnica
del análisis mutual, llegó a las siguientes
conclusiones, que están anotadas en su diario clínico
del día 3 de junio de 1932:
¡Ningún análisis
de entrenamiento especial!
1. El analista debería
estar mejor analizado, no peor, que los pacientes [¿Esta
Ferenczi refiriéndose a su limitado análisis
con Freud, donde el maestro fracasó al elaborar
los temas transferenciales/contratransferenciales?]
2. En el presente, ellos están analizados peor.
a. - Tiempo límite
b.- No hay relajación (expresión del paciente)
[Ferenczi estaba señalando las dificultades de
los analistas inadecuada(mente) analizados para analizar
a los pacientes difíciles. En el análisis
formal, los analistas no se estaban beneficiando de la
terapia de relajación que Ferenczi ofrecía
a sus analizandos. El análisis de Ferenczi con
Freud fue un análisis formal, autoritario, en la
forma en que los análisis de entrenamiento eran
conducidos en esos tiempos (Wolstein 1990)].
3. Si se requieren seis a ocho años, es imposible
en la práctica. Sin embargo deberían realizarse
análisis complementarios. Pero aún en ese
caso, no eran satisfactorios [Ferenczi se había
dado cuenta que la lentitud del análisis puede
relacionarse con la dificultad de la contratransferencia.
El análisis didáctico, de esa época,
no incluía el análisis de la contratransferencia
como parte integral del análisis].
4. Un grupo especial de personas verdaderamente analizadas,
que aspiran a saber más de sí que los pacientes
analizados. [Ferenczi estaba apelando a un análisis
didáctico que llegara a lo que llamaba los fundamentos
últimos73 , esto es la elaboración de las
vicisitudes de la transferencia y de la contratransferencia,
en la línea de sus esfuerzos presentes en el análisis
mutual con R.N. ¿Pero que análisis de esos
días podía permitir el florecimiento de
una relación democrática, vulnerable, y
mutual?]
5. Análisis Mutual: solo como !un último
recurso! El análisis apropiado realizado por un
extraño sin ninguna obligación, sería
lo mejor. [El experimento con R.N. tuvo un éxito
limitado, pero no puede ser considerado un fracaso, pues
cuando Ferenczi retorno al análisis convencional,
hizo progresos significativos presumiblemente a través
de la nueva técnica. Además el experimento
lideraba un cambio en el modo de operar del psicoanálisis:
considerando los puntos ciegos del analista, la falla
empática, la interpretación de la contratransferencia,
y la autoapertura del analista.
6. El mejor analista es un paciente que ha sido curado.
Otros discípulos pueden haber estado primero enfermos,
y luego curados. [Una vez más, Ferenczi dirige
su crítica al inadecuado trabajo de los análisis
didácticos, que eran desarrollados a modo de entrenamiento
y no ofrecían una suficiente experiencia emocional
de vulnerabilidad. Los analistas necesitaban comportarse
como pacientes mientras eran analizados, del modo en que
lo habrían sido si Freud fuera su analista.]
7. Dudas acerca de los análisis de supervisión:
últimos recursos: reconocimiento y admisión
de las propias dificultades y debilidades. ¡Estrictamente
supervisado por los pacientes! Un intento de defenderse.
[La experiencia con el análisis mutual mostró
a Ferenczi que el paciente tenía una capacidad
especial para descubrir las fallas empáticas del
analista. En cierto modo, uno puede sugerir que el paciente
está en una excelente posición para experimentar
la falla empática del analista en tanto se encuentra
con dos condiciones: (1) el paciente tiene que tener una
transferencia que no sea psicótica; (2) el analista
debe estar dispuesto a estar emocionalmente abierto para
recibir información.] [Ferenczi 1932c, pp. 10-13]
Es importante, no perder
de vista el especial significado que la audacia de Ferenczi
revela en sus experimentos con el análisis mutual,
especialmente a la luz de su propia critica en relación
a ellos y al increíble furor que desató
(Ferenczi 1932c). Dupont (1988b), en su excelente introducción
al Diario Clínico, nos alerta:
De hecho, quizás
la experimentación con el análisis mutual
fue esencialmente la consecuencia del análisis
didáctico, tal como era practicado en ese tiempo,...
rápidos, intermitentes, a menudo emprendidos en
el extranjero, en un lenguaje extraño, durante
caminatas, o viajes en conjunto, o visitas a la casa del
analista o paciente...los temas planteados por el análisis
mutual siguen pendientes... ¿Cómo podemos
los analistas manejarnos exitosamente con todas nuestras
cegueras y debilidades? {p. XXII]
El notable descubrimiento
de Ferenczi acerca del análisis mutual no debería
perderse o ser considerado como una curiosidad histórica;
tras la inclusión del tema de la falla empática
en el ambiente terapéutico, surgió el uso
clínico de la contratransferencia como una psicología
de dos personas que necesariamente se orientó hacia
el análisis mutual en tanto búsqueda de
una sintonización empática esencial al progreso
del análisis. Intentar encontrar una forma de responder
en un momento de crisis terapéutica, que no avergonzara
al analizando por el ambiente creado y que alentara un
sentido de comprensión y comunión emocional,
era lo que Ferenczi estaba tratando de recrear en el análisis.
El análisis mutual fue el intento de usar la conciencia
del paciente sobre la falla empática del analista,
para ayudarlo a conducir un análisis de la mejor
forma posible (Searles 1979b, Winnicott 1949).
Recordemos que renunciar al control en la situación
analítica desarrolla la práctica del análisis
mutual, Ferenczi nos sugiere una actitud cálida
y amorosa, y fortalece la terapia individual de dos personas,
no temiendo la existencia de efectos negativos durante
el análisis y otorgando similar poder tanto al
analista como al analizando. Estos argumentos que le otorgan
al concepto del análisis mutual, un sustrato indudablemente
humanista, fundan la esencia del pensamiento ferencziano,
esto es, la creencia en la capacidad del individuo para
usar su poder de crecimiento, para confiar en la percepción,
los pensamientos y sentimientos del analizando como continente
de una verdad básica, y de un aspecto de cura de
la vulnerabilidad emocional y la relación mutua
entre dos seres humanos.